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Editorial Iturralde | Penadés | ética

Arrastré por este mundo la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser

El presidente del honorable directorio, Pablo Iturralde, ya fue

¿Qué es lo que hace que Pablo Iturralde, que fue presidente del Directorio del PN, se haya convertido en esto?

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Ayer me levanté y leí las páginas de Búsqueda y los chats entre Iturralde y Penadés y no puedo creer lo que leo.

En verdad, creí que lo había visto todo y que a mis 78 años no iba a tener más sorpresas de estas.

¿Qué es lo que hace que Pablo Iturralde se haya convertido en esto? ¿Qué resortes del poder hacen que se pierdan las ideas, principios, valores y lealtades que el entorno familiar y las cercanías sociales de la juventud parecían haber impreso en sus conductas para siempre?

¿Será el Poder?

No necesariamente, al fin de cuentas Pablo Iturralde nunca fue más que un segundón en la pirámide del poder.

¿Será por dinero? No lo creería, aunque no lo descarto. ¿Será la ambición, quizás los cargos?

Tal vez sí, tal vez semejante desvergüenza es contagiosa.

Iturralde hace esas cochinadas porque percibe que es una manera de escalar en el edificio, de mantenerse cerca de los que deciden, de hacer lo que los demás hacen y que a otros les ha dado resultado, de ser respetado entre pares, de que sus palabras sean escuchadas y sus opiniones valoradas.

Qué justificación moral puede tener el Presidente del Partido Nacional para pagar el abogado defensor de una joven víctima de una violación y calificar a la fiscal que archiva la causa sin acusar al violador, de ser casi fantástica (más explícitamente “una monstrua”).

¿Cómo se puede explicar semejante orfandad ética?

Qué hace que el Iturralde que hoy desconozco elija los fiscales, presione a la justicia, manipule a la prensa y asesore a un pedófilo en la manera de conducirse ante los medios y ante la Fiscalía de manera de escapar a la Justicia.

Es obvio que los recuerdos que tengo de Pablo Iturralde me engañan.

Este no es el que yo conocí.

Este ha sido formado o deformado por el ejercicio de una práctica política, asqueante, deplorable, que entroniza el acomodo, el clientelismo y la corrupción y convierte todo en una lucha de tronos.

Es claro que tengo el cuero duro y nada debiera sorprenderme, pero me da mucha pena por los jóvenes blancos que creen en líderes así, me da pena por lo que aún creen en el Partido Nacional, por la memoria de Wilson y Susana, por la política con mayúscula y ni que hablar por la democracia, la justicia, la patria y las instituciones.

En todos los rincones se cuecen habas, en todos lados hay buena y mala gente, en todos los partidos hay honestos y deshonestos, pero los episodios como los del pasaporte a Marset, las corruptelas de la Torre Ejecutiva, la corrupción en las compras del Ministerio de Defensa, las regalías a los canales privados, la valijas diplomática con pescado y dátiles, la corrupción en la cúpula policial, los chanchullos en las Intendencias del Partido Nacional, tendrían que ruborizar a todos los ciudadanos honestos que aún les creen. Hace treinta años gobernó el padre de Luis Lacalle Pou y nunca más ganó una elección. La corrupción fue de tal magnitud que ensució por un cuarto de siglo a uno de los dos partidos que merecen llamárseles fundacionales.

Tal vez este gobierno ha sido aún peor y cada destape es aún mayor que el anterior. Lo que se está viendo no tiene parangón en la historia del país y la impunidad con la que parecen actuar resulta hasta jactanciosa.

Yo no quisiera creer que la tercera parte de los uruguayos quieren vivir en un país en donde una Fiscal es buena porque es blanca y archivó la las causas que investigaban a dos Intendentes de ese Partido y al Fiscal de Corte hay que “empujarlo para que se cague, porque es cagón “.

Dicho por el presidente del Honorable Directorio del Partido Nacional

¡Dios nos ampare!

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