Habría que decirle que ya está, que pruebe otra cosa, que es un camino muerto seguir intentando hacer campañas apelando al oso ruso, a la Siberia, a la guerrilla urbana y a Pascasio Báez. Lo que esos brulotes hayan podido dar, ya lo dieron, ahora ya no le importa a nadie esas comparaciones, no las cree nadie, ni siquiera los más radicales entre los votantes de la coalición, los mismos que podrían a votar a Manini en octubre y al candidato del Frente Amplio en un balotaje. Nadie cree que Orsi o Cosse vayan a implantar ninguna clase de comunismo, ni siquiera el marxista más entusiasta cándido y entusiasta espera de un gobierno del Frente Amplio otra cosa que avances socialdemócratas en un contexto de economía de mercado y democracia liberal.
Es posible que el diseño de campaña de Álvaro Delgado esté a cargo de Roberto Lafluf ( todo el mundo dice eso), así como estuvo bajo su tutela la campaña de Lacalle Pou. Como Lafluf no debería terminar este año sin serios problemas judiciales, luego de haber destruido un expediente público para esquivar un fallo imperativo de la Justicia y ocultar los chats sobre el caso Marset a la oposición, quizá en poco tiempo tengan que relevar al gurú en las sombras y buscar otro, en cuyo caso se abre la posibilidad de que cambie el registro de la campaña y mejore, por el bien de todos los ciudadanos.
Uruguay no necesita discutir la vinculación de Orsi con la Toma de Pando ni la relación de Cosse con el cañonazo del Aurora, lo que tiene que debatir en esta elección son otras cosas: en primer lugar, el problema dramático de la seguridad pública, que se ha agravado a niveles nunca antes vistos. No se puede obviar que Uruguay multiplicó el número de asesinatos por cada 100 mil habitantes, y que la presencia de organizaciones narco con altísimo poder es a esta altura innegable. No puede ignorarse que hay una situación explosiva en las cárceles y que hay barrios enteros donde la gente vive verdaderamente aterrorizada y, además, ha perdido completamente la confianza en la policía. En segundo término, Uruguay debe debatir los problemas acuciantes de la pobreza infantil, que también se ha agravado en este período y que si no se revierte, no sólo se consolida una brutal violación a los derechos humanos de nuestros niños, sino que va a terminar incidiendo en un deterioro majestuoso de la convivencia. Porque qué esperamos de esas miles y miles de criaturas que están creciendo al margen de todo derecho y de cualquier posibilidad de construir un proyecto de vida decoroso y feliz. En tercer lugar, Uruguay debe retomar el camino del crecimiento con inclusión, porque la caída de salario real que se registró en buena parte de este período, apenas se ha revertido a niveles de 2019, pero ello cuando la economía luego de la pandemia registró un crecimiento por encima de esos valores. Eso significa que el grueso del crecimiento económico del país se está concentrando en pocas manos, y el salario de los trabajadores no acompaña ese crecimiento: Uruguay es hoy más desigual que hace cinco años.
La campaña ofrece tanto a la izquierda como a la coalición, la posibilidad de discutir hacia adelante, de mostrar caminos, de cimentar esperanzas, de proponer sueños, obras, planes que entusiasmen a la gente, que comprometan a la gente, que provoquen en la gente ganas de militar, ganas de votar, ganas de participar en las disputas democráticas. No se puede desaprovechar todo este año en una discusión inconducente sobre el comunismo y la guerrilla urbana, porque no sirve para nada, porque no deja nada y porque no tiene nada que ver con lo que va a marcar la agenda del tiempo por venir.