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Editorial mentira |

una tras otra

Medios, mentiras y sandeces

La columna vertebral del gobierno es la mentira, es negar la realidad sin escrúpulos, a la luz del día, sin ninguna clase de vergüenza.

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La primera reacción política del gobierno al triunfo de Gustavo Petro en Colombia fue un tuit demencial de la senadora Graciela Bianchi, tercera en la línea de sucesión, utilizando una foto conocidamente falsa, donde el hoy presidente electo de Colombia aparecía sentado junto al capo del cartel de Medellín, Pablo Escobar Gaviria. Cuando le saltaron en Twitter señalándole que estaba incurriendo en una bruta mentira, replicó suelta de cuerpo con una máxima de posverdad: lo importante, dijo, no es que haya sido, sino que pudo ser. A los días, mintió en Twitter adjudicándole un cargo que no tiene a la esposa del exfiscal de Corte, Jorge Díaz, y enlodó con patrañas a la Unidad de atención a las víctimas de violencia. Todo lo hizo impunemente, protegida por sus fueros y por el silencio cómplice del gobierno de su partido.

Esta semana, además, el senador Guido Manini, luego de que la auditoría del Instituto Nacional de Colonización afirmara que tanto él, como su esposa, la ministra Irene Moreira, como su suegro, son colonos en falta hace medio siglo, se defendió diciendo que él no se sentía colono. A una auditoría responde con un sentimiento, con autopercepción, como podríamos llamarlo a tono con términos de esta época. La auditoría, plagada de evidencia, parece ser para Manini y para el gobierno una mera opinión, acaso una fábula, libérrima poesía administrativa.

Cuando se conoce que más de 7.000 alumnos de secundaria pasan hambre, la prensa lo informa y al ratito borra la noticia, la suprime o la edulcora, para silenciar una realidad constada y medida por la propia ANEP. Cuando se conoce que la portabilidad ha llevado a pérdida neta de clientes de Antel, los jerarcas del gobierno se rebelan contra la evidencia y tratan de desmentir con discurso hechos objetivos probados por las propias dependencias del Estado.

Mienten, mienten, todo el tiempo mienten impunemente. La columna vertebral del gobierno es la mentira, es negar la realidad sin escrúpulos, a la luz del día, sin ninguna clase de vergüenza. Nunca se había visto algo igual y tan explícito, obsceno, descarnado. No nos gobierna una agencia de publicidad, sino una productora de ficción, un Dreamworks de chantas, sin efectos especiales, apenas sostenidos en un guion goebbeliano, insostenible e insultante para la inteligencia de la gente.

Este gobierno, caracterizado por su insensibilidad manifiesta y una completa abulia programática, se desmorona en su popularidad mientras el tiempo pasa sin respuestas para los problemas de la gente, y a semejante panorama responde con desenfreno en redes y declaraciones públicas, hostigamiento a las organizaciones sindicales y desprecio por los opositores. Encomendados al blindaje mediático, le retribuyeron a los canales con un obsequio millonario en dólares, que incluye el negocio de la transmisión de datos, haciéndole un daño irreparable a Antel y comprándole sus contenidos para incluirlos en la plataforma Vera para telefonía celular, uno de los acuerdos más insólitos de la historia de los medios audiovisuales del país. Semejante negocio ruinoso y desfachatado solo puede obedecer al interés explícito de mantener la connivencia entre la televisión abierta y el proyecto político de la derecha. Es un escándalo que tendrá que ser abordado en el Parlamento y, algún día, en la Justicia penal. Es un horror de impunidad y uso discrecional del dinero del Estado cuya finalidad política es palmaria, insoslayable, inocultable por más morisquetas altisonantes que hagan.

Si les faltaba algo para deschavar la reptante catadura moral de la que hacen gala, esta semana nos llenaron de pruebas. Son lo peor de lo peor, una mega alianza que atraviesa todos los planos de la derecha y no hesita en recurrir a los métodos más aviesos para confundir a la gente y manipular la opinión ciudadana.

Pero ni las mentiras, ni las fake news, ni el odio distribuido por redes sociales ni esta compra abierta de los grandes medios va a impedir que la gente los eche en las urnas, porque el pueblo uruguayo no es imbécil, no es una caterva de anencefálicos a la que se puede manejar con operaciones ordinarias y campañas de desinformación masiva. La gente ya hace rato que tomó nota del fracaso estruendoso en los temas centrales que dijeron que iban a resolver y cada día se acumula una piedra más en la montaña de promesas incumplidas, mientras los malla oro se la llevan con pala y la gente la pasa mal, no llega a fin de mes, come en ollas populares y espera una tregua de bienestar que no llega nunca.

Han superado todo los límites del asombro. Cuando no dan náuseas, dan vergüenza y siempre dan miedo por su capacidad de dañar lo que tocan y odiar lo que se les cruce. Por suerte ya no les queda tanto tiempo.

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