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decisión unánime

El Banco Central mantiene la tasa de interés en 5,75%

La resolución responde a una evaluación favorable de la inflación y de las expectativas de los agentes económicos, alineadas con objetivos del BCU.

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El Banco Central del Uruguay (BCU) resolvió mantener la Tasa de Política Monetaria (TPM) en 5,75% anual, decisión adoptada por unanimidad por el Comité de Política Monetaria (Copom). Se trata de la tercera reunión consecutiva en la que la autoridad monetaria mantiene inalterada la tasa, luego de las decisiones de abril y mayo, consolidando una señal de estabilidad en la conducción de la política monetaria.

La resolución responde a una evaluación favorable de la evolución de la inflación y de las expectativas de los agentes económicos, que continúan alineadas con el objetivo oficial del Banco Central. Si bien la inflación registró un leve aumento en mayo, la autoridad monetaria entiende que dicho comportamiento responde principalmente a factores transitorios y que, en ausencia de presiones permanentes, no resulta necesario modificar el actual sesgo de la política monetaria.

La Tasa de Política Monetaria (TPM) es el principal instrumento que utiliza el Banco Central para conducir la política monetaria y mantener la estabilidad de precios. Se trata de la tasa de interés de referencia de muy corto plazo que el Banco Central fija para orientar el costo del dinero en la economía. A partir de ella se transmiten señales al resto del sistema financiero, influyendo sobre las tasas que pagan empresas y familias por los créditos, los rendimientos de los depósitos, las decisiones de ahorro, consumo e inversión y, en definitiva, sobre el comportamiento de la demanda agregada. Cuando el Banco Central aumenta la TPM, el crédito tiende a encarecerse, disminuye el consumo financiado y se moderan las presiones inflacionarias. Por el contrario, cuando reduce la tasa, busca estimular el crédito, la inversión y el consumo para impulsar la actividad económica. En otras palabras, la TPM funciona como el principal "acelerador o freno" de la economía desde la política monetaria.

El objetivo principal de la TPM no es promover directamente el crecimiento económico sino controlar la inflación y preservar el poder adquisitivo de la moneda. La estabilidad de precios constituye uno de los principales activos de una economía, ya que reduce la incertidumbre, favorece la inversión, mejora la planificación de hogares y empresas y fortalece la credibilidad de las políticas económicas. En el caso uruguayo, el Banco Central trabaja bajo un régimen de metas de inflación. Actualmente, la meta se ubica en 4,5% anual, y todas las decisiones de política monetaria buscan que la inflación converja hacia ese objetivo en el denominado Horizonte de Política Monetaria (HPM), que comprende aproximadamente los siguientes 24 meses.

La decisión refleja que el Banco Central considera que la política monetaria vigente continúa siendo consistente con el objetivo inflacionario. Entre los principales argumentos se destacan el control sobre los niveles de Inflación . La inflación anual alcanzó 3,77% en mayo, aumentando respecto a meses anteriores, aunque permanece dentro de niveles históricamente bajos para Uruguay. El incremento respondió principalmente al aumento de algunos precios administrados, especialmente los vinculados a la energía, afectados por el shock internacional derivado de las tensiones geopolíticas. Sin embargo, la denominada inflación subyacente, que excluye los componentes más volátiles y refleja mejor las tendencias permanentes, se ubicó en 3,6%, mostrando un comportamiento relativamente estable.

Además, no aparecen efectos de segunda vuelta. Uno de los elementos más observados por los bancos centrales es la aparición de los llamados efectos de segunda vuelta. Estos ocurren cuando un aumento puntual de determinados precios termina trasladándose al resto de la economía mediante aumentos salariales, mayores costos empresariales o incrementos generalizados de precios. El Banco Central entiende que ese fenómeno aún no se observa, lo que permite interpretar el aumento reciente como un shock transitorio y no como un proceso inflacionario persistente.

Otro aspecto a destacar es que las expectativas bien ancladas. Uno de los activos más importantes de cualquier banco central es la credibilidad. Actualmente, los distintos agentes económicos continúan esperando una inflación cercana al objetivo oficial: los analistas mantienen sus proyecciones en 4,5%; los mercados financieros estiman 4,67%; y las empresas proyectan aproximadamente 5%. En promedio, las expectativas permanecen alineadas con la meta del Banco Central. Este aspecto resulta especialmente relevante porque las expectativas condicionan muchas decisiones económicas, desde la fijación de salarios hasta los contratos de largo plazo.

El contexto internacional también importa ya que la política monetaria no depende únicamente de variables internas. Durante las últimas semanas se observó una moderación de las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, reduciendo parcialmente la volatilidad de los mercados internacionales y las presiones sobre los precios de la energía.

No obstante, el Banco Central continúa monitoreando diversos riesgos externos. Entre los riesgos que podrían aumentar la inflación se encuentran: una eventual intensificación de los conflictos internacionales; nuevos incrementos en los precios internacionales de la energía; e impactos climáticos asociados al fenómeno de El Niño. Por el contrario, entre los factores que podrían reducir la inflación aparecen un debilitamiento del dólar a nivel internacional y una desaceleración adicional de los precios de los commodities.

Una economía que sigue creciendo, aunque moderadamente. En materia de actividad económica, el panorama continúa siendo positivo, aunque con un crecimiento moderado. Durante el primer trimestre del año el Producto Interno Bruto creció 0,8%, impulsado principalmente por el consumo privado. El mercado laboral mantiene cierto dinamismo y los ingresos continúan evolucionando favorablemente, aunque el Banco Central reconoce que el crecimiento seguirá condicionado por los efectos que la sequía ha generado sobre el sector agropecuario.

La decisión de mantener la TPM implica que el Banco Central considera que, por el momento, no existen razones suficientes para endurecer ni flexibilizar la política monetaria. En otras palabras, entiende que la actual tasa de interés mantiene un equilibrio adecuado entre dos objetivos que muchas veces compiten entre sí controlar la inflación vs evitar una desaceleración innecesaria de la actividad económica.

Modificar la tasa en este contexto podría generar costos mayores que beneficios. Una suba adicional podría afectar el crédito, la inversión y el consumo sin aportar mejoras significativas sobre una inflación que ya se encuentra relativamente controlada. Por el contrario, una reducción prematura podría debilitar el proceso de convergencia hacia la meta y poner en riesgo la credibilidad de la política monetaria.

Una señal de continuidad ya que la decisión del Banco Central constituye, sobre todo, una señal de continuidad. La autoridad monetaria entiende que la inflación continúa convergiendo hacia la meta del 4,5%, que las expectativas permanecen adecuadamente ancladas y que los recientes aumentos de precios responden principalmente a factores temporales. No obstante, dejó en claro que las próximas decisiones dependerán de la evolución de la inflación, de las expectativas y del balance de riesgos tanto internos como internacionales.

La TPM sigue siendo la principal herramienta de la política monetaria uruguaya y uno de los indicadores más relevantes para comprender el rumbo de la economía. Su evolución influye sobre el costo del crédito, las decisiones de inversión, el consumo, el ahorro, el tipo de cambio y, especialmente, sobre la capacidad del Banco Central para preservar la estabilidad de precios, condición indispensable para un crecimiento económico sostenido y previsible.