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El BCE advierte por el impacto de la guerra en Oriente Medio y prepara una revisión al alza de la inflación

El principal cambio en el escenario económico es que los precios de la energía podrían mantenerse elevados durante más tiempo del esperado.

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Caras y Caretas Diario

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La guerra en Oriente Medio comienza a trasladarse con fuerza a las principales variables económicas internacionales. El Banco Central Europeo (BCE) anticipó que revisará al alza sus previsiones de inflación en la próxima reunión de junio, en un contexto marcado por el encarecimiento persistente del petróleo y el deterioro de las perspectivas de crecimiento para Europa.

La advertencia fue realizada por el economista jefe del BCE, Philip Lane, en una entrevista publicada por el diario japonés Nikkei, donde señaló que el conflicto vinculado a Irán está generando presiones inflacionarias superiores a las previstas originalmente por el organismo en marzo.

Según Lane, el principal cambio en el escenario económico es que los precios de la energía podrían mantenerse elevados durante más tiempo del esperado. Aunque el aumento de la oferta de gas natural desde Estados Unidos podría amortiguar parcialmente el impacto sobre los mercados energéticos europeos, el BCE entiende que el shock energético asociado al conflicto ya está afectando las perspectivas macroeconómicas de la región.

“Es probable que en junio revisemos al alza la previsión de inflación”, afirmó Lane, dejando entrever que el organismo deberá recalibrar su estrategia monetaria frente a un contexto internacional mucho más complejo.

El anuncio refleja una preocupación creciente en Europa: la posibilidad de que una nueva crisis energética vuelva a presionar los precios cuando todavía no termina de consolidarse el proceso de desaceleración inflacionaria iniciado tras los máximos alcanzados en 2022 y 2023.

Durante los últimos meses, el BCE había comenzado a evaluar una gradual flexibilización monetaria, apoyado en una moderación de la inflación y un crecimiento económico débil. Sin embargo, la escalada geopolítica en Oriente Medio volvió a alterar el escenario.

El petróleo es uno de los principales canales de transmisión de estas tensiones internacionales hacia la economía real. Un barril más caro impacta directamente sobre combustibles, transporte, producción industrial y costos logísticos, trasladándose luego a los precios al consumidor. Además, en Europa el componente energético tiene un peso particularmente sensible debido a la dependencia de importaciones y a la vulnerabilidad que la región ya había mostrado tras la guerra en Ucrania.

La preocupación del BCE no se limita únicamente a la inflación. El conflicto también amenaza con deteriorar aún más el crecimiento económico europeo, que ya mostraba señales de desaceleración. De esta manera, la región enfrenta nuevamente el riesgo de un escenario complejo: inflación persistente combinada con bajo crecimiento.

Este tipo de contexto obliga a los bancos centrales a equilibrar objetivos difíciles. Si endurecen demasiado la política monetaria para controlar la inflación, pueden profundizar la desaceleración económica. Pero si flexibilizan prematuramente las tasas de interés, corren el riesgo de que las expectativas inflacionarias vuelvan a desanclarse.

Por eso los mercados financieros siguen con atención las señales del BCE de cara a la reunión del Consejo de Gobierno prevista para junio. La actualización de las proyecciones macroeconómicas será clave para entender si el organismo mantendrá la cautela actual o si considera necesario endurecer nuevamente su postura monetaria.

Las consecuencias potenciales también alcanzan a los hogares europeos. Un escenario de inflación más persistente podría traducirse en menores reducciones de tasas de interés y, por tanto, en costos de financiamiento e hipotecas más elevados durante más tiempo.

Más allá de Europa, el episodio vuelve a mostrar cómo los conflictos geopolíticos se han convertido nuevamente en una variable central de la economía mundial. La combinación entre tensiones militares, volatilidad energética, inflación y desaceleración económica comienza a redefinir las decisiones de bancos centrales, gobiernos y mercados en distintas regiones del mundo.

El desafío para el BCE será ahora gestionar una economía que vuelve a enfrentar incertidumbre energética en un momento donde el margen de maniobra monetaria sigue siendo limitado y las perspectivas globales permanecen altamente frágiles.