Por si no nos dimos cuenta aún, estamos ante un gran problema. Desde el 13 de marzo, jornada en la que, mientras Lacalle saludaba a sus fans en la Fiesta del Arroz, recibía una llamada de Sanguinetti diciéndole que se dejara de dar besos y se viniera a Montevideo porque había llegado el coronavirus de la mano de una turista que regresaba de Europa, no había habido un número de casos que disparara la alarma de las autoridades.
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En estos días la cantidad de casos de covid-19 en Rivera y Montevideo aumenta, bate récords y asusta a las autoridades y preocupa a la población.
También hay casos en casi todos los departamentos y parecería que estamos muy cerca de tener circulación comunitaria en buena parte del país
Las cosas parecen estar aún bajo control, los recursos sanitarios son por ahora suficientes y buena parte de la población, particularmente los adultos mayores, tiene conciencia del riesgo y cumple responsablemente con las recomendaciones.
La economía, un parámetro que obsesiona al gobierno, no termina de dar signos claros de recuperación y tiende más bien a la meseta.
Se terminó el tiempo en que Lacalle Pou se pavoneaba en los programas argentinos pontificando sobre la libertad responsable y convocando a los millonarios argentinos a venir a evadir sus impuestos gestionando la residencia fiscal en Uruguay.
Llegó el tiempo de bajar el copete, ponerse las pilas, atender las recomendaciones de la Academia y dejar de escuchar las estupideces de su consejero estrella, Isaac Alfie, que, según se ha publicitado, es el encargado de interpretar lo que aconsejan los científicos y transmitirlo verbalmente al presidente de la República. Búsqueda informó, para nuestro asombro, que nada queda por escrito, por lo que la historia no podrá conocerse por un pedido de acceso a la información pública. Tendremos que creerle a Álvaro Delgado, porque ya se ha dicho que los científicos ni siquiera aconsejan, no resuelven y solamente informan lo que piensan y eso pasa por el tamiz de Isaac Alfie, que resulta una especie de Rasputín de cartón.
Lo cierto es que con este virus no se juega y todos los que se creyeron vivos en el mundo pincharon
Es verdad que por ahora esto de la pandemia, en nuestro país, se ha manejado con relativo éxito por muchas razones, algunas que se conocen y otras que no se conocen aún. Se especula con toda clase de fantasía. Los habitantes de Durazno dicen que los protegen los plátanos que rodean su ciudad, una periodista sugirió que podrá ser el mate amargo y otros afirman que es la BCG. No la murga, sino la vacuna.
Tal vez el factor más importante es que Uruguay es un país geográficamente bastante aislado, con fronteras controlables y ubicado muy cerca del culo del mundo, donde, cuando hay mucho movimiento aéreo, llegan 50 vuelos por semana.
Otra razón muy importante de que hasta ahora naveguemos sin socorro en aguas procelosas, es que la gente es humilde y responsable y la oposición al gobierno es inteligente y patriótica.
También es cierto que el Frente Amplio dejó un país envidiable, con una economía bastante sólida con una seguridad social muy avanzada, con una red de políticas sociales eficiente, salarios y jubilaciones que habían crecido en los últimos 15 años, un sistema de salud universal, empresas públicas fuertes, empresas privadas sólidas , bancos saneados, una educación pública poderosa, una red de internet muy extendida y un Plan Ceibal que permitió mantener una educación a distancia razonablemente eficaz.
Por todo esto la pandemia no se politizó como en otros países y todos pusieron su granito de arena para que esto no se desmadre.
Eso es mucho, pero no es todo, porque el Virus, que no es blanco, colorado, ni cabildante ni frenteamplista también juega. El gobierno goza, al aparecer, de buenos resultados en las encuestas de opinión pública y confía en que, al final, todo va a salir bien.
Nosotros también lo esperamos, pero percibimos que el gobierno ha sido muy mezquino. Ha sido mezquino al no socorrer a los sectores más vulnerables de la población, lo ha sido en menospreciar la necesidad de apoyar a amplios sectores del sector privado y lo ha sido fundamentalmente en aprovechar las circunstancias para imponer a través de la LUC y el Presupuesto una agenda política que tiene el propósito de rebajar los salarios y las jubilaciones, aumentar la rentabilidad empresarial, recortar derechos, incrementar la represión, recortar las políticas sociales y debilitar las empresas y a la educación públicas.
Las autoridades cometieron errores, algunos de ellos imperdonables. El peor de todos es la vanidad, la idea tonta de que las cosas estaban bien porque teníamos un presidente único en el mundo.
También se equivocó feo en hacerle caso a Isaac Alfie. Alguien que sabe mucho y que lo conoce muy bien me dijo hace unos días que Alfie no tiene sueños. No tuvo nunca el sueño de que Peñarol saliera campeón y solo lo desvelaba la idea de pagar las deudas. Vendió jugadores por cuarenta millones de euros y sigue con el mismo pasivo, tal vez mayor que antes.
Ahora, en el gobierno, no tiene el sueño de un país próspero, tolerante y feliz, sino una economía sin déficit fiscal, pobre, descolorida y sin anhelos.
Un país, solamente con Alfie en el gobierno, es un país triste y con pandemia y Alfie es triste y peligroso.
Por suerte hay gente responsable que se rompe por mantener la defensa ordenada. Las autoridades sanitarias se han puesto las pilas, la comunidad científica lo ha hecho muy bien, los gremios de la salud también, las instituciones de asistencia médica han cumplido con su deber y los trabajadores de la salud más que nadie.
Quisiera destacar al ministro de Salud Pública, el doctor Daniel Salinas. Yo no lo conozco y lejos estoy de adularlo. Tal vez esté muy lejos de sus ideas políticas y tal vez no tanto. No destaco esto para hacerle un homenaje, sino para dar el mensaje a la gente de que no se desalienten y cumplan con las recomendaciones, crean que hay esperanza de ganar, convenzan a todos que hay que ser disciplinados y sepan que en este momento de pandemia, cuando las infecciones de covid-19 ascienden con velocidad incremental, hay aún, en este gobierno, gente en quien confiar que mantiene una actuación solvente, discreta, humilde y respetuosa, que dialoga con la comunidad científica y los trabajadores de la salud y que nos recuerda que primero están la gente y la patria.
Con el tapaboca, el lavado de las manos, el alcohol en gel y el distanciamiento social, no ofendo ni temo.