Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.

ASOCIARME
Noticia destacada |

Análisis de redes

En busca de un escenario polarizado

La proximidad de la campaña electoral genera estrategias de todo tipo para lograr la victoria; pero hay un enemigo silencioso, una tendencia polarizante insuflada artificialmente que busca construir un enemigo contra el cual votar y que crece en las redes. Es el mismo método utilizado en EEUU, Inglaterra, Argentina o Brasil. Una empresa argentina de big data analizó 85.000 conversaciones en redes sociales y los resultados son llamativos.

Suscribite

Caras y Caretas Diario

En tu email todos los días

Por Mateo Grille.

Cuando el resplandor del último fuego artificial se extinga, podremos decir que se terminó el año 2018 y a partir de allí comenzarán once meses frenéticos en clave electoral que culminarán con la renovación del gobierno y el Poder Legislativo.

Existe cierto consenso en que la disputa electoral será reñida por diversos motivos. Unos apelan al argumento del desgaste, otros señalan que el gobierno ha cometido errores, y otros creen que toda la probabilidad mayor es que el oficialismo repita y alcance el cuarto gobierno consecutivo ante la carencia absoluta de propuestas de la oposición, salvo apelaciones bienintencionadas, a arreglar lo que está mal y cuidar lo que está bien, algo que se asemeja graciosamente a las propuestas preelectorales en tono zen del actual presidente argentino Mauricio Macri, que hizo todo lo contrario con resultados evidentes para quien quiera verlos.

El candidato favorito de la oposición, el nacionalista Luis Lacalle Pou, desterró la positiva y hoy habla de evolucionar. Los colorados se debaten entre el liberalismo desenfrenado del exgurú económico Ernesto Talvi y la vuelta al medioevo de Julio María Sanguinetti.

El Partido Independiente de Juan Clasemedia sumó al exdiputado colorado Fernando Amado, que no consiguió que alguien del oficialismo le hablara un par de veces para que no se inmolara atado al ancla de la estrella mediática del diario de la dictadura y los canales privados, don Esteban Valenti.

Edgardo Novick cosecha un interesante botín electoral para tratarse de un opositor casi despreciado por sus hermanos tradicionales y es quien ha llevado adelante la campaña más ramplona hasta ahora.

Precisamente, de campañas ramplonas al nivel de Argentina y Brasil, viene la cruzada electoral.

 

Yo contra vos        

El domingo 27 de octubre estará en juego qué país quieren los uruguayos, qué políticas se aplicarán para avanzar en la solución a sus problemas, qué políticas de vivienda, de salud, de educación, qué inclinaciones en política exterior, qué políticas laborales, quiénes se quedarán con el excedente del trabajo generado por los propios uruguayos.

Pero hay una campaña en ciernes que buscará que eso no sea lo que esté en juego, sino qué es lo que no querrían los uruguayos. Y esta diferencia no es menor.

En un escenario propositivo, donde esté en juego el futuro en clave de políticas concretas para atender los problemas de la mayoría de la población, la ciudadanía deberá optar por los caminos que considere convenientes.

Desde un punto de vista racional que evalúe la actualidad económica del país, no hay comparativa ni datos valorados que ubiquen al Uruguay en un escenario de crisis, lo que es muy auspicioso teniendo en cuenta que los países vecinos, Argentina y Brasil, de los que siempre dependimos para casi cualquier cosa, están en procesos de regresión importantes luego de pocos años de gobiernos de la derecha, tan festejados por la oposición oriental en su momento. Es incontrastable que económicamente Uruguay tiene mayor protección que tres lustros atrás y eso ha sido el resultado de tres gestiones del Frente Amplio y el trabajo cotidiano de un pueblo.

Los uruguayos, en general, viven mucho mejor que hace quince años, aunque hay uruguayos que siguen sufriendo la pobreza. Pero incluso los que continúan padeciendo la pobreza, están mejor que hace quince años.

Hay un escenario complejo en materia de violencia, pero hasta los aparentes expertos internacionales en la materia elogian los pasos que da el país.

Existe una gran preocupación social respecto a la educación, lo que es bien sano, pero en este país estudian diariamente más niños, jóvenes y adultos que nunca antes en cualquiera de los niveles que se tomen.

Se anotan más estudiantes, se reciben más profesionales, se crean más carreras, se hacen más edificios, se jubilan más maestros y profesores, se perciben mejores sueldos.

Y sin que suene a excusa, los niveles de corrupción demostrados hasta ahora son ínfimos, también tomando comparativas nacionales e internacionales.

Aun así, a pesar de todos los avances que el país ha tenido, la elección nacional será reñida porque hay un creciente malestar, una sensación de que falta algo, que no se está haciendo todo lo necesario, que se precisa más, que hay que consumir más, que hay que estar mejor y que lo que hace el gobierno no da.

Ese enojo, esa insatisfacción, se refleja en encuestas que, si bien erran más de lo que aciertan, son tomadas como la foto del momento y gozan, aún, de cierta credibilidad.

Como la campaña propositiva de la oposición es casi nula, salvo que es posible solucionar todos los problemas de inseguridad con más militares pero con menos funcionarios públicos, que llegaremos a un estadio educativo superior gestionando mejor los dineros públicos, o que hay que ir hacia un ajuste fiscal sin dolor, entonces la campaña se centrará en otros aspectos, en los reactivos, en los que buscarán que los votos no vayan a lo que se podría hacer, sino que vayan en contra de una idea, de un candidato, de un partido.

Esa ha sido la tónica de las campañas electorales que más rédito le han dado a la derecha en los últimos tiempos, la lógica del conflicto, de la polarización, de la grieta, de generar una frontera entre unos y otros, de crear un enemigo contra quién votar.

A veces serán corruptos contra honestos, serán emprendedores contra vagos, lo mismo da. La idea es encontrar un enemigo y armar todo el tinglado contra él. Y mientras más cruda sea la campaña, mejor.

Así fue la campaña de Donald Trump contra Hillary Clinton, así fue la de Mauricio Macri contra Cristina Fernández, la de Bolsonaro contra Lula y el PT. Y así será la uruguaya probablemente, aunque aún existen posibilidades de que esta se desarrolle sin heridas irreparables.

A la antológica disputa entre partes se le agrega una dosis de, según sea el caso, violencia discursiva importante o mentira lisa y llana respecto a lo que se dice y lo que después se hace.

Todo eso, además, se multiplica exponencialmente por las redes sociales con la viralización de cualquier cosa, sea verdadera o no, pero con el único objeto de destruir a un enemigo.

El Uruguay no estaba acostumbrado a esa lógica, no hasta ahora por lo menos, pero una serie de hechos, en apariencia inconexos, todos ellos sucedidos durante 2018, podrían tener como objetivo enrarecer el clima. Todos tienen el mismo perfil, y coincidentemente tienen como resultado generar esa grieta buscada, esa ruptura conceptual en la sociedad uruguaya que tensa ánimos y prepara un escenario de polarización justo cuando la campaña electoral despunta.

 

Hechos, no palabras

A comienzos del año y en el marco de una convocatoria a una movilización de algunos sectores patronales del campo, que después contó con el apoyo de todos los sectores patronales del país y que se llamó Autoconvocados, comenzaron a escucharse cadenas de mensajes ultraagresivos de gente que amenazaba con un golpe de Estado, o convocando a hacer piquetes por las rutas uruguayas para demostrar su descontento porque “este país así no da para más”.

La protesta se realizó, como debe ser, con el símbolo unificador de la bandera uruguaya, que es la seña de los movimientos de derecha en el continente, y el gobierno concretó medidas para ayudar a los productores que estuvieran en problemas, lo que desinfló el reclamo inicial salvo del núcleo duro de empresarios patronales vinculados a la producción agropecuaria, o a los negocios laterales que esta produce, que continuó pidiendo bajar el costo del Estado e incluso avanzó y se animó a pedir que se redujera la tarifa eléctrica, que se eliminara la publicidad estatal, que se recortara la flota de vehículos oficiales, que se modificaran las políticas sociales, que se subiera el dólar y hasta pidieron a “los políticos” que hagan y no solo hablen. Todo un programa electoral.

Pero la cosa no quedó ahí. De repente, y sin que ningún elemento de la realidad lo pronosticara, se cometieron atentados contra varias placas y sitios de la memoria que recuerdan la resistencia del pueblo uruguayo frente a la dictadura cívico militar. Eso sumado al atentado contra el Memorial de los Desaparecidos en el Cerro montevideano y contra el Memorial del Penal de Libertad, además de los más de veinte atentados, todos ellos denunciados, contra locales sindicales, de grupos políticos integrantes del Frente Amplio e incluso alguno del Partido Nacional.

Un buen día a la banda de la Escuela Militar se le ocurre tocar la marcha Tres Árboles, himno del Partido Nacional, en el cierre de la Expo Prado y, en el medio de una discusión parlamentaria sobre una reforma de la Caja Militar, a algunos anónimos les da por enviar mensajes por WhatsApp dando cuenta de un acuartelamiento.

Para terminar el año, y casi sin darnos cuenta, tres episodios rarísimos para este país se suceden en treinta días y tienen como centro a tres ministros del gobierno. Una provocación vestida de protesta enfrenta al ministro Eduardo Bonomi con un grupo de manifestantes en Artigas, unos ciudadanos bastante violentos agreden al ministro Víctor Rossi en Carmelo y un par de energúmenos insultan al ministro de Economía Danilo Astori, a la diputada Claudia Hugo y a su familia.

Por último, el exlegislador del Partido Nacional, Juan Raúl Ferreira, hijo de Wilson Ferreira, fue agredido en la vía pública sin mediar palabra y sin que hasta ahora aparezcan responsables.

Todos los hechos pueden ser aislados, claro, pero todos tienen la misma lógica: crear un enemigo. Y en todos, la participación de las redes es notoria.

 

Análisis de redes

La empresa de big data argentina Social Now se dedica a la inteligencia analítica. Es una compañía que es pionera a nivel regional y trabaja en la interpretación estratégica de datos provenientes de redes sociales como Twitter, Facebook, Instagram, YouTube, Blogger o Google+, además de estudiar otras fuentes de información como padrones, guías telefónicas e IVR o respuesta de voz interactiva, que es un sistema automatizado de respuesta interactiva orientado a entregar o capturar información a través del teléfono, permitiendo el acceso a servicios de información u otras operaciones.
Uno de los servicios que tiene es el de Social listening, que consiste básicamente en una solución orientada al conocimiento de aquello que acontece en las redes sociales mediante monitoreo con indicadores y mediciones en tiempo real, acceso a dashboard de síntesis y a pantallas para la exploración profunda de los datos, acumulación y procesamiento de contenidos y autores en redes sociales, indicadores para análisis comparativo y evolutivo de redes, medición de viralidad, exposición, reproducciones, impresiones, reacciones, interacciones y comentarios.

Además, para tener una idea profunda del universo de las redes, esta empresa tiene acceso a un conjunto de modelos analíticos avanzados como el que estudia la polaridad de los contenidos (positivo-negativo) o el análisis de sentimientos y autores por género.

Esta empresa realizó un análisis del escenario preelectoral uruguayo con base en muestreo de 80.000 conversaciones en redes sociales desde el 1º de noviembre hasta el 15 de diciembre.

El fundamento, básicamente, está centrado en la respuesta a dos interrogantes: 1) ¿En qué medida se trasladan al escenario de Uruguay las tendencias presentes en la región y en otras latitudes del mundo? Estas tendencias son las que determinaron en buena medida la dinámica de los procesos electorales y sus resultados, por ejemplo, Argentina en 2015, el brexit, Donald Trump y más recientemente Brasil.

2) ¿En qué medida existen indicios de una potencial instalación del tipo de polarización que llevó a la mayoría del electorado a definir su voto influidos por una atmósfera teñida por la negatividad? Se asume que con el término negatividad se hace referencia al proceso que determina que una porción relevante del electorado define su voto a favor del candidato A no como consecuencia de una identificación positiva con el mismo, sino por efecto del rechazo que le produce el candidato B y lo que simbólicamente este representa.

Con los resultados elaboró un informe al que tuvo acceso Caras y Caretas y estos resultados son muy interesantes, sobre todo teniendo en cuenta lo que se avecina: la campaña más reñida de los últimos 30 años.

Entre las principales conclusiones, se puede observar que la respuesta al primer interrogante es que en Uruguay “no se registra un atmósfera teñida por una polarización que alcance o se aproxime a los niveles de intensidad que se registran en otros países de la región”.

Dicha conclusión se basa en que, sobre un muestreo de 28.000 conversaciones que mencionan al gobierno nacional, “la positividad casi duplica a la negatividad en términos de impacto sobre la imagen y la gestión del gobierno”. Esa positividad, además, se incrementa si se analizan las conversaciones que hacen referencia a las acciones concretas de gobierno. Aquí 78% de las conversaciones tiene impacto positivo.

Muchos han criticado la estrategia del gobierno respecto a cómo enfrenta las agresiones o si el mismo gobierno o el Frente Amplio debiera salir más fuertemente de manera tal de polarizar el escenario asumiendo que, finalmente, la elección se resolverá entre el candidato del oficialismo y el candidato de la derecha. Pero también en esto el análisis de las redes da respuestas.

Según el estudio de la empresa Social Now, el gobierno y el Frente Amplio parecen seguir una “estrategia que limita la generación de fracturas y antagonismos, en el sentido de evitar quedar ‘etiquetado’ en función del juego de las antinomias instaladas a nivel regional”; dos hechos del último mes se inscriben en esta línea: el rechazo al pedido de asilo por parte de Alan García, que fue el tema que mayor repercusión tuvo en las redes sociales, y la no presencia del expresidente José Mujica en el primer Foro de Pensamiento Crítico realizado en Buenos Aires, que fue presentado por los medios masivos de comunicación como la “contracumbre” realizada antes de la reunión del G20.

Recordemos que la renuncia a participar del Foro de Clacso fue tomada por José Mujica después de haber confirmado su presencia y no sólo fue sorpresiva para los participantes, sino que también le valió alguna crítica disimulada al expresidente.

Otra de las conclusiones del informe es que parecería registrarse en la ciudadanía “una ligazón con las instituciones, llámese Estado o partidos políticos, menos deteriorada en relación a lo que sucede en la región”, donde los ejemplos extremos son Argentina y Brasil. Es decir, los uruguayos seguimos confiando, en niveles decrecientes pero bastante despegados del resto, en las instituciones.

En un segundo orden, el estudio señala la constatación de que en “Uruguay no se registra un clima similar al de otros países de la región, aunque ello no implica la ausencia en el escenario de la potencial instalación, o del intento de instalación, mejor dicho, de una polarización basada en las mismas tendencias y resortes que activaron las conductas electorales en los casos antes descritos.”

Esos factores, conforme al análisis realizado, aunque no alcanzan una relevancia decididamente gravitante, están presentes en el escenario actual y, potencialmente, pueden adquirir una dinámica creciente y hay dos emergentes de estas tendencias: Juan Sartori y el movimiento Un Solo Uruguay.

Los ejes discursivos, capitalizando los influjos de las corrientes de opinión instaladas en el plano regional e internacional, están centrados en la “asociación de la política y de los políticos con la corrupción y su implicancia sobre la deslegitimación de los partidos y del sistema de representación y en la creciente centralidad de la problemática de la inseguridad, con sus efectos secundarios: demanda de ‘orden’ y acentuación de las reacciones individuales autodefensivas derivadas de las emociones primarias, fundamentalmente, del miedo”.

A nivel de redes, entonces, se está generando “una atmósfera que se nutre de la exacerbación de los conflictos y los enfrentamientos, nutriéndose de cualquier tema o eje de discusión que implique una radicalización de las posiciones enfrentadas”.

También se ve que existe la “instalación, en ese contexto, de un “vector de cambio” alimentado por la oposición del ciudadano medio a “la política y los políticos” explotando reacciones primarias de corte netamente emocional”.

Y en el caso particular de Uruguay, se ve la “utilización del prolongado ciclo del Frente Amplio en el poder, y su supuesto agotamiento en cuanto a su capacidad para ofrecer una propuesta capaz de regenerar las expectativas, para alimentar el vector de cambio”.

Como vemos, existe un ambiente general de mayor estabilidad y menos encono con el oponente, un nivel de confianza en las instituciones mucho mayor que en cualquier país de la región, pero hay un creciente sentimiento polarizante, muchas veces insuflado artificialmente. Antes se le llamaba manija. Y la manija sólo tiene un objetivo: sacar al Frente Amplio del gobierno sea como sea.