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Entrevistas violencia de género |

Con Mag. Alicia Tommasino

"No se ha implementado una política educativa seria de lucha contra la violencia de género"

Tommasino ha sido considerada voz referencial para comprender los aspectos menos visibles de la violencia de género.

Es su doble condición de docente universitaria y perito judicial, Tommasino ha sido considerada voz referencial de consulta para comprender los aspectos menos visibles de la violencia de género. En clave reflexiva, habló de las inequidades para acceder a la justicia, de la violencia institucional y las presiones y amenazas -más o menos veladas- que sufren especialmente las integrantes de los equipos técnicos que trabajan en los juzgados de familia especializados. Habló de seguimientos, aprietes y distintos tipos de violencia ejercida por algunos denunciados para intimidar a psicólogas, psiquiatras, trabajadoras sociales y también actuarias y juezas.

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Es misionera de alma. Inquieta, lectora voraz, autora, docente, estudiosa, amiga de sus amigas, defensora de causas que entiende justas, dedicó buena parte de su vida a las víctimas de violencia de género y a los violentos. Enamorada del ballet desde niña y de Julio Bocca de grande, lo acompañó desde la misma butaca de la primera fila de la platea alta en todos los estrenos del BNS. Lo vio bailar primero y dirigir después. Es tanta su fascinación por el maestro argentino que una tarde se fue del juzgado con una compañera del equipo técnico y juntas ingresaron a una conferencia de prensa por el estreno de r y se hicieron pasar por «periodistas especializadas». Jura que lo volvería a hacer. Es madre de Gabriela y Nicolás y abuela de Tomás. Unos cuantos años atrás, ingresó al Poder Judicial como funcionaria administrativa. Es licenciada en Trabajo Social, cursó la maestría en Derechos de Infancia y Políticas Públicas y ocupó distintos cargos técnicos en el PJ: primero como perito social en el área de Familia en general, luego en la Justicia especializada en violencia de género y derechos de infancia y culminó su carrera funcional como directora del Departamento Coordinador de Unidades Técnicas del interior del país. Durante la pandemia se jubiló de su trabajo en el PJ y en febrero de este año de su cargo docente en la Facultad de Ciencias Sociales. Ahora ocupa sus días en un taller literario, juega al ajedrez y practica natación.

¿Por qué le dedicaste buena parte de tu vida al trabajo social?

El trabajo social significó la forma de insertarme socialmente en la vida productiva y por otra parte, poder cumplir con mi voluntad de contribuir en la mejora de la calidad de vida de las personas con las que me vinculo profesionalmente, que para las y los trabajadores sociales siempre son poblaciones subalternas con derechos vulnerados.

¿Cuál era tu imaginario del Poder Judicial y de la Justicia antes de ingresar al PJ y cómo fue evolucionando con el paso de los años?

Mis expectativas fueron muy grandes, muy superiores a lo que posteriormente viví desde el punto de vista institucional, ya que la pobreza de recursos y las corrientes de pensamiento conservadoras son superiores a las corrientes de cambio que compartí con muchos compañeros y compañeras a lo largo de mi carrera funcional.

¿La realidad del Poder Judicial es más compleja de lo que nos imaginamos?

Sí, absolutamente. Son muchas las dimensiones que se entrecruzan y es muy complejo.

¿Y qué aspectos sentís que te «superaron» del trabajo en el PJ, particularmente en los juzgados de familia especializados?

Creo que la resistencia institucional, sumada a los bajísimos recursos destinados para el área pericial en general y en especial en los juzgados especializados. Eso fue lo que impidió poder mantener las prácticas integrales con las que iniciamos en esos juzgados. Las situaciones familiares que se judicializaban las veíamos inicialmente en forma integral, dialogando fluidamente con compañeras y compañeros administrativos, con integrantes de defensoría, las juezas y jueces y al interior de los equipos entre las distintas disciplinas que los integrábamos. Esa metodología fue insostenible como consecuencia de la enorme cantidad de situaciones que llegaban y los recursos humanos que no fueron suficientes para dar respuesta a la urgencia de los plazos legales.

¿Existe una justicia para ricos y para pobres o solamente es un problema de acceso?

Es que el acceso es absolutamente primordial. Ya lo expresan las “100 Reglas de Brasilia sobre acceso a la Justicia de las Personas en Condición de Vulnerabilidad”, el documento de la XIV Cumbre Judicial Iberoamericana que señala que dimensiones como la pobreza, la edad, el género, la discapacidad, la migración y la privación de libertad, conspiran contra el efectivo acceso a la Justicia. En las situaciones de denuncia de violencia de género, por ejemplo, una mujer pobre está en inferioridad de condiciones que una mujer sin problemas económicos o laborales. Seguramente una mujer en situación de vulnerabilidad y que es víctima de violencia, pensará varias veces que tendrá que pasarse muchas horas en el juzgado, ver cómo hacer para trasladarse desde lejos con sus hijos hasta allá, y con riesgo a ser despedida de su trabajo que generalmente es informal o precario. Hay tremendas desigualdades de acceso a la justicia.

¿Es verdad que han hecho colectas para pagar los boletos a mujeres víctimas de violencia para que no se fueran caminando?

Muchísimas veces.

Moviliza eso

Tremendo.

¿Y viviste algo similar de tener que comprar meriendas para hijos o hijas de mujeres en situación de vulnerabilidad que estaban ahí esperando durante horas?

Por supuesto, las colectas de meriendas, pero también de alimentos, ropa y juguetes era una cuestión permanente. Creo que prácticamente todas y todos los trabajadores nos comprometimos. El espíritu de solidaridad se vivía a diario y seguro sigue siendo así.

¿Con el paso de los años se ha visto mayor crueldad en los casos de violencia?

No. Recuerdo situaciones gravísimas con las que tuve que trabajar en los inicios de mi desempeño.

¿Entonces no crees que estemos peor?

Sinceramente no creo. Según José Pedro Barrán y leyendo historia de diversas sociedades vemos muestras atroces de violencia. Quizás sea al revés, nos estamos sensibilizando cada vez más, por suerte y ya no toleramos situaciones que estaban totalmente naturalizadas. Por algo los movimientos por los derechos de las personas en situaciones de vulneración de sus derechos -en todos los niveles, con violencia económica, laboral, de género, sexual o psicológica- promueven un movimiento de desnaturalización de esas violencias. La meta es que cada vez sean menos aceptables, para volverse absolutamente inaceptables.

Un senador del gobierno dijo en tono terminante que se había acabado el recreo, pero la violencia no cesa, han aparecido cuerpos desmembrados y hasta nos enteramos de crímenes a la luz del día en la puerta de una escuela.

Es algo terrible, una verdadera involución. Y lo peor es que ese senador no está solo, representa a una parte muy importante de nuestra sociedad, eso es lo terrible. Yo creo que en los gobiernos progresistas se fue por buen camino en cuanto a la garantía de derechos de poblaciones subalternas. Y esto es una reacción. Las fuerzas conservadoras reaccionan -por algo les decimos reaccionarios-, “se terminó el recreo”, es decir se terminó que los pobres adquieran derechos, que hijos e hijas de pobres accedan a la Universidad, que la adolescencia en privación de libertad mejore sus condiciones, y tantas cosas más.

¿Hay una naturalización de la violencia?

Hay, viene de lejos, pero cada vez menos por lo que te comentaba antes, estamos en proceso de desnaturalización. Observemos las gurisas de los movimientos feministas, la claridad de sus mensajes. Claro que recibieron una buena herencia de los movimientos feministas históricos, pero a mí me conmueven, me emociona ver y comprobar que hay recambio generacional.

¿La Ley 19.580 quita la presunción de inocencia del hombre?

En realidad, puede decirse que otorga credibilidad a los discursos de las presuntas víctimas, que casualmente son estadísticamente quienes pierden la vida a manos de hombres. Y la carga de la prueba recae en los hombres, presumiblemente violentadores, pero con una abrumadora evidencia estadística nacional e internacional que avala la postura de apoyo a priori a las denunciantes.

¿Es justo que con la sola declaración de la mujer denunciante un padre sea separado de sus hijos?

Es una discusión filosófica que no estoy capacitada para dar. Lo que puedo decir es que la ley intenta “equilibrar la balanza”. Lo que es aceptado en materia penal y laboral se aplica ahora a la relación de desigualdad entre hombres y mujeres.

¿Qué sucede en el PJ cuando llega un caso que ya tuvo «sentencia sumaria» en las redes sociales o incluso, el acusado ya fue objeto de un linchamiento público?

En teoría no debería influir en el trámite judicial, pero ya corre por cuenta de la discrecionalidad institucional, en cuanto a las personas que llevan adelante esas tramitaciones, si se dejan influir o no, no me animaría a generalizar.

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¿La Ley 19.580 logró reducir la violencia hacia las mujeres o en realidad sigue aumentando?

Lo que sigue aumentando son las denuncias, quienes se animan a denunciar. Hay encuestas sobre violencia de género que evidencian que hay mujeres de todas las edades que han sufrido violencia en forma crónica y nunca se animaron a denunciar. Antes no era una conducta generalizada el hecho de denunciar, incluso era casi vergonzante para la propia mujer. Algo que me llamó la atención en los juzgados especializados fueron las denuncias de mujeres mayores, te hablo de personas de 60 años y más, con discursos impactantes de una historia personal y familiar de abuso y maltrato. El objeto de la ley es efectivamente luchar y erradicar la violencia de género, pero no se ha aplicado en forma integral a nivel sanitario, laboral, de medios de comunicación y lo que es fundamental, a nivel educativo. No se ha implementado una política educativa seria y sostenida de lucha contra la violencia de género.

¿Cómo hacen los equipos técnicos para abordar su trabajo en las condiciones de sobrecarga de agenda?

Con una acumulación de estrés muy importante y negativa para la salud de las y los profesionales. Hemos alertado sobre esto a las autoridades del PJ, pero sin respuestas acordes. Se ha solicitado apoyo, por supuesto, más integrantes, pero también espacios de supervisión técnica que permitan tomar la distancia necesaria y los tiempos de reflexión indispensables.

¿Es verdad que los juzgados de familia especializados están al borde del colapso?

Hace unos años que no estoy trabajando directamente en ellos, pero no lo dudo ya que las condiciones de trabajo ya eran muy deficientes y han empeorado.

¿La sobredemanda de los jueces y el corto plazo para dar respuesta a temas que afectan la vida de las personas puede llegar a afectar la calidad de la Justicia?

Creo que sí, el tiempo que se puede dedicar a cada situación influye en eso.

¿Existe violencia institucional en el PJ?

Sí, como en la mayoría de las instituciones. La burocratización, la distancia entre la persona y el expediente, la incomprensión de la que se quejan los justiciables, las largas esperas en lugares inhóspitos.

En otro plano y en relación a actores externos: ¿existen casos de amenazas y presiones a técnicos y jueces?

Es la primera vez que alguien me pregunta por esto. Me han consultado por mil temas del trabajo, pero jamás si habíamos vivido casos de violencia, agresiones y amenazas. Sí, por supuesto que existen esas expresiones y amenazas. Claro que existen. En el caso de las técnicas y también algún compañero técnico, hemos vivido persecución en nuestras redes, amenazas; por ejemplo, un denunciado se le acercó cara a cara a una compañera en el estacionamiento del juzgado y le dijo que conocía a su familia, le mencionó dónde vivía, todos datos concretos de la familia; durante las entrevistas en el juzgado hay violentos que para explicar que no agredieron a sus parejas te dicen que son expertos en el uso de armas o que son guardaespaldas de fulano, te cuentan que para ellos sería fácil mandar a terceros a agredir a las mujeres porque están vinculados a ambientes «pesados». Te dicen «nunca la toqué, si yo la toco con un dedo, la mato» y te acercan sus manos a tu cara. «Si yo quisiera, le hago lo que quiero a ella»; y más o menos te están sugiriendo que del mismo modo tienen el control y podrían hacer lo que quisieran contigo. Y eso lo aplican supuestamente para alegar su inocencia. Vos te encontrás sola en una habitación, con la puerta cerrada y el presunto violento acusado de golpear a una mujer creando ese clima terrible. Eso es violencia simbólica y real. De subliminal no tiene nada. Te sentís intimidada. Y luego las persecuciones y hostigamiento más públicos en las redes o en la calle, algunas han tenido que cerrar sus cuentas de Facebook o cosas por el estilo.

¿Ustedes cuentan con dispositivos institucionales que se ocupen de contenerlas?

No. A nosotras -en el equipo- nos pasaban esas cosas, pero a las administrativas les pasan cosas peores y más graves. Seguimientos y hasta agresiones físicas. Y en un caso muy notorio, la solución que encontró la institucionalidad fue trasladar de su lugar de trabajo a la compañera. La sacaron de su lugar de trabajo en lugar de atacar el problema de fondo. Es que desde el Poder Judicial nunca hubo una protección muy firme a los funcionarios y funcionarias que estamos expuestos a esas violencias. Y que además, esas violencias hacia las funcionarias se han naturalizado. Cualquiera te dice un disparate porque estás atrás de una baranda y la justifica con la frase: «yo te pago el sueldo a vos». Especialmente trabajando en esos juzgados recibís presiones de todo tipo. Y ese desgaste emocional de estar todo el día escuchando situaciones crueles, espantosas, horrorosas, te afecta. Y te lo llevás a tu casa y sin darte cuenta, eso pasa a estar incorporado dentro de tu vida y la de tu familia. Por más que tengas mecanismos de distanciamiento, ese horror y esa violencia invaden tu vida.

¿La SCJ debería actuar con mayor empatía hacia las y los trabajadores judiciales? Te lo pregunto porque en definitiva son el sostén de la Justicia y de todo el PJ.

Sí, por supuesto, estoy totalmente de acuerdo. Como sindicalista fui delegada, incluso integré la directiva de la AFJU y te puedo asegurar que la SCJ no ofrece a funcionarios y funcionarias un ámbito de escucha y respuesta seria ante los reclamos urgentísimos, que pasan desde el imperioso refuerzo de los recursos humanos hasta la mejora de los locales que están en condiciones inadecuadas como ambientes de trabajo. En esta pandemia, por ejemplo, había muchos locales de reducidas dimensiones, con escasa o nula ventilación, mala iluminación y otras particularidades que no se atendieron. La empatía está en tus compañeras y compañeros, está en el sindicato y en tu equipo del día a día. Y eso que también somos críticos con nuestro propio trabajo y en las reuniones de equipo nos decimos absolutamente todo. Pero ese espacio crítico nos hace bien. Nos fortalece y termina siendo el único espacio de contención.

¿El sistema político deliberadamente acota los presupuestos del PJ como forma de «blindarse» o estar a cierto resguardo?

La lógica del PJ debilitado le puede servir a muchos. A muchos sí, no a todos los ciudadanos, sin duda. Sirve a quienes están en alguna posición de poder. Han pasado gobiernos de todos los partidos políticos de nuestro país con la misma política de desconocimiento de las necesidades del PJ.

¿Valió la pena dedicar tantos años a este trabajo?

Por supuesto. La denuncia y la condena social de la violencia de género es un camino sin retorno. Quienes trabajamos y estamos sensibilizadas y sensibilizados con la temática, cada nuevo crimen de una mujer o la crueldad del asesinato de sus hijos e hijas a modo de represalia nos conmueve hasta los huesos y es algo tan terrible que nos llena de angustia. Y nos preguntamos si sirve de algo todo el trabajo realizado por tanta gente. Pero descubrimos que sirve cuando recordamos la cantidad de mujeres que sí lograron romper con su situación de sometimiento, los niños, niñas y adolescentes que lograron ser escuchados y que crece la condena social. Debemos recordar que el patriarcado, como cualquier otro poder, no abdica de sus beneficios sin luchar; luchar violentamente por supuesto. Después de tantos años y tanta gente querida con la que compartí tantas luchas, sinceramente me queda la alegría de estar segura que estoy acompañada y en el camino correcto.

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Producción: Viviana Rumbo.

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