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Cultura y espectáculos Guillermo Wood | Sala Hugo Balzo | Milica Trickovic

Entrevista a Guillermo Wood

El inusual método creativo de Guillermo Wood: "Hacer para descubrir lo que estaba creando"

Entre canciones, documentales y fotografías, Guillermo Wood reflexiona sobre una forma de creación donde la intuición, el tiempo y lo inesperado tienen tanto peso como el oficio

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Guillermo Wood no suele saber que está haciendo una película, un disco o una historia mientras los crea. Lo descubre después. Entre canciones, documentales y fotografías, el artista uruguayo reflexiona sobre una forma de creación donde la intuición, el tiempo y lo inesperado tienen tanto peso como el oficio.

El próximo 16 de julio, en la Sala Hugo Balzo del Sodre, presentará Presencia, su más reciente disco, y adelantará canciones de Los días contados, su próximo disco (sí) . Además, proyectará por primera vez en Montevideo su nuevo cortometraje El comandante y el peregrino, y por si a la propuesta la faltara una pieza del puzzle creativo, también ejecutará junto a la violinista Milica Trickovic la banda sonora original de la película.

Estará acompañado por Andrés Pigatto (contrabajo), Antonio de la Peña (batería), Jota Yabar (guitarra eléctrica) y Lucía Rodríguez (voces) que recorrerán canciones de sus discos anteriores.

Afiche 2 Guillermo Wood

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Sin embargo, hablar con Wood es descubrir que ninguna de esas obras existe de forma aislada. Sus canciones, fotografías, películas y recorridos por el interior del país parecen formar parte de una misma conversación: una búsqueda persistente por capturar aquello que suele quedar fuera del foco, aquello que permanece invisible.

Integrante de Buceo Invisible desde 2012, autor de ocho discos y realizador de tres documentales, Wood toma la creación, el azar, la comunidad y la libertad con la misma serenidad con la que observa los paisajes uruguayos o escucha a los personajes que aparecen en sus películas.

Afiche Guillermo Wood

«La guitarra y la cámara son herramientas para construir artefactos parecidos»

¿Cómo aparece el vínculo entre la música, la fotografía y luego el cine?

Guillermo Wood: —"En realidad son distintas herramientas para hacer artefactos parecidos. Una es una guitarra, otra es una cámara. Yo estudié música y literatura primero. Después, muchos años más tarde, una amiga me prestó una cámara de rollo y me enamoré de la fotografía.

Lo que me fascinó fue justamente la limitación. Tenías una cantidad determinada de fotos y no podías disparar a cualquier cosa. Había que elegir. Eso me dio una libertad enorme porque sentí que podía empezar de nuevo.

Las canciones ya cargaban cierta presión. Uno piensa: "Voy a sacar un disco nuevo, a ver qué le parece a tal persona". La fotografía era otra cosa. Descansaba de la música y, al mismo tiempo, la alimentaba.

Muchas veces una foto terminaba generando una canción. Y al final fue la fotografía la que me animó a hacer películas".

«Las películas nacieron de un enamoramiento»

Tus documentales suelen detenerse en personas y situaciones que la sociedad normalmente no mira. ¿Cómo surge esa búsqueda?

Guillermo Wood: —"Las dos primeras películas, Pedales y De Cara Antigua, nacen de un enamoramiento con el interior profundo del Uruguay.

Mi padre nos llevaba mucho a recorrer lugares perdidos cuando éramos chicos. Después, durante años, sentí cierta vergüenza de llamarme uruguayo y conocer tan poco el país.

La pandemia me dio tiempo y empecé a viajar. Fui a esos lugares que mi padre me había nombrado durante años. Ahí apareció un Uruguay que me conmovió profundamente.

Hay una belleza en lo simple y una sensación de comunidad que en las ciudades grandes a veces se pierde. En muchos pueblos la gente todavía sabe quién es el vecino, qué le pasa, cómo ayudarlo.

Eso me enamoró".

«Los temas son siempre los mismos; lo importante es el estilo»

En tu nueva película parece haber un tono más oscuro que en trabajos anteriores.

Guillermo Wood: —"Puede ser. Pero cada vez me interesan menos los temas y más la forma.

Los grandes temas ya fueron contados miles de veces. Amor, muerte, tiempo, memoria. Lo que cambia es cómo uno los mira.

Lo que me interesa es seguir desarrollando una manera de filmar. Filmar casi montando. Empezar una escena sabiendo intuitivamente dónde termina.

En ese sentido, aunque El comandante y el peregrino sea muy diferente a las anteriores, hay una continuidad en la búsqueda formal".

«Nunca planifiqué una película»

Tu proceso creativo parece funcionar al revés de lo habitual.

Guillermo Wood: —"Sí. Nunca tuve una película pensada antes de filmarla. Con Pedales fui a conocer Paso Centurión. Filmé a Jason durante siete minutos y después pensé: acá hay una película.

Con De Cara Antigua recorrí el norte del país grabando encuentros. Al principio imaginaba documentales separados. Después entendí que todos esos personajes formaban una sola película coral.

Y con El comandante y el peregrino pasó lo mismo. Conocí al protagonista un viernes y lo despedí un sábado. La primera escena ya me hizo sentir que había algo ahí.

Las películas aparecen después. Primero sucede la experiencia".

«Hay que dejar espacio para que la vida proponga cosas»

¿Qué lugar ocupa el azar en tu trabajo?

Guillermo Wood: —"Uno necesita planificar. Todos lo hacemos. Decimos: mañana tengo hora con el dentista y probablemente ocurra. Entonces empezamos a creer que podemos controlar todo.

Pero no es verdad. La vida constantemente propone otras cosas y no siempre son obstáculos, a veces son oportunidades. El problema es que solemos tener todo tan organizado que no dejamos espacio para que aparezcan.

En la creación pasa igual. Uno puede tener una idea muy clara, pero también tiene que estar dispuesto a que el camino modifique esa idea".

«El verdadero riesgo es hacer una canción falsa»

Vivimos en una época donde parece existir una presión permanente por producir contenido. ¿Cómo convivís con eso?

Guillermo Wood: —"Muchas veces confundimos creación con exhibición.

Hay canciones que necesitan tiempo. Películas que necesitan tiempo. Fotografías que necesitan tiempo.

Si hubiera publicado algunas cosas apenas aparecieron, jamás se habrían convertido en lo que terminaron siendo.

Hoy muchas veces mostramos los procesos antes de que maduren y eso puede matar la obra".

«La validación ya no me preocupa tanto»

¿Qué significa el éxito para vos?

Guillermo Wood: —"Durante mucho tiempo pensé en eso. Ahora ya no tanto.

Cuando termino una canción o una película suelo saber si logré acercarme a lo que buscaba. Después el tiempo decidirá si sobrevive o desaparece.

Por supuesto que me alegra cuando alguien se conmueve con algo que hice. Pero la validación principal ya no viene de afuera.

Creo que eso tiene que ver con haber llegado tarde a sentirme satisfecho con mi propio trabajo".

«Uruguay tiene una libertad que a veces no valoramos»

¿Existe una ventaja en crear desde Uruguay?

Guillermo Wood: —"Tiene muchas dificultades, claro, pero también tiene una libertad enorme.

Muchos amigos que viven en otros países me cuentan que allí los músicos terminan tocando en múltiples proyectos para sobrevivir. Acá todavía existen muchísimas búsquedas personales.

Canciones inusuales. Proyectos pequeños. Personas intentando encontrar una voz propia. Y eso es valiosísimo".

«Lo importante no es cuántas personas escuchan, sino quién escucha»

¿La cantidad de público importa?

Guillermo Wood: —"No me enfoco en eso. Lo entendí viajando por el interior. A veces tocás para quince personas y ocurre algo hermosísimo y entonces alguien te dice: "Qué pena que no vinieron cien".

Pero quizás si venían cien no pasaba lo mismo.

La experiencia artística tiene una dimensión humana que no siempre se puede medir en números".

«La autenticidad es lo único que uno tiene para ofrecer»

¿Qué te gustaría que el público encuentre en esta presentación de la Sala Hugo Balzo?

Guillermo Wood: —"Que vea una película, escuche canciones y encuentre conexiones porque al final todo forma parte de la misma búsqueda.

Las canciones nacen de experiencias que después aparecen en las películas. Las películas generan músicas. Las fotografías terminan alimentando historias. No son compartimentos separados. Son distintas maneras de mirar lo mismo y creo que eso vale también para cualquier artista.

Lo único verdaderamente propio que tenemos para ofrecer es nuestra forma de ver el mundo.

Si intentamos parecernos a otros, perdemos justamente aquello que podría volvernos interesantes".

Quizás la palabra que mejor resume el universo creativo de Guillermo Wood sea la que da nombre a su último disco: Presencia.

Presencia para escuchar lo que sucede cuando el ruido se apaga. Presencia para recorrer un país que muchas veces permanece invisible. Presencia para aceptar que una canción, una fotografía o una película no siempre nacen de un plan, sino de una atención paciente hacia aquello que la vida ofrece.

El 16 de julio, en la Sala Hugo Balzo, Wood reunirá música, cine y memoria en una misma experiencia. Pero más allá de los formatos, lo que presentará será algo mucho más difícil de nombrar: una forma de estar en el mundo donde la autenticidad todavía importa más que la visibilidad y donde el arte sigue siendo un territorio que asombra en "el después".

Entradas disponibles en este link.