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Fútbol tecnológico y nueva normalidad

Por Rafael Bayce.

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El incremento de la velocidad del juego, la mejoría observacional de las incidencias para públicos y periodistas y la creciente importancia económica, cultural y hasta política del deporte obligan a mejorar la precisión sensorial y la medición de las distancias para una mayor justicia, equidad y visibilidad pública del fundamento de los fallos arbitrales. La tecnología más nueva habilita instrumentos más precisos y menos discutibles de fundamentación sensorial para la aplicación arbitral de las reglas del juego en el fútbol.

Pero hay otra razón no menor para el empoderamiento progresivo del VAR en el arbitraje futbolístico: evitar los groseros y ofensivos debates entre jugadores y árbitros que le quitan buena parte de la autoridad deseable para conducir penalizaciones, detenciones, reinicios y observaciones; en fin, la dinámica técnica y emocional del partido.

La mejoría tecnológica en el diseño de los estadios y los procedimientos técnicos de observación y reiteración de las jugadas (i.e. multicámaras, zooms, grandes angulares, cámaras lentas, congelaciones, repeticiones) les permiten a públicos y periodistas observar mejor el juego que la obsoleta capacidad sensorial pura de los árbitros. Es especialmente obvia la obsolescencia de los jueces auxiliares de línea en canchas de dibujo perfecto y líneas brillantes. El VAR supera ampliamente la capacidad de justicia, equidad y seguridad arbitrales clásicas; y no solo para la observación sino también para la eventual necesidad de repetición del detalle de las incidencias para una mejor fundamentación de los fallos y su eventual corrección.

 

¿Sustituto futuro de los árbitros de campo?

Hasta ahora he justificado la introducción del VAR como modo de mejorar la base sensorial de los fallos arbitrales del fútbol en su mostrable precisión, justicia, equidad y sustentabilidad.

Pero ¿podría el VAR hasta sustituir totalmente a los árbitros (principal, líneas, 4º árbitro) y dejar de ser mero auxiliar de los árbitros de cancha?

Quizás los problemas que más deberían pensarse respecto al grado posible de sustitución del arbitraje de cancha por el arbitraje desde una cabina del VAR tecnológicamente equipada sean dos: uno, la detención, reinicio e indicación del fallo cobrado; dos, la mantención del ritmo del juego, normalmente conducido por los pitazos, gestualidad e implementos tales como las tarjetas amarilla y roja, las amonestaciones y su anotación.

Creo firmemente que mediante la cabina del VAR y una división del trabajo inteligente entre los árbitros de la cabina del VAR podrían mejorarse también estos aspectos del juego y del espectáculo.

 

Detención, reinicio e indicación de los fallos desde el VAR

¿Cómo sustituir los pitazos y gestos de los actuales árbitros de cancha para la detención del juego, su reiniciación y la indicación de la pena fallada y del equipo o jugadores favorecidos o castigados por ella? ¿Cómo sustituir, para información de jugadores, prensa y público, qué se cobró, a favor y/o en contra de quién y de qué equipo?

El silbato y la gestualidad del árbitro principal para la detención, reiniciación, e indicación de la pena y de los favorecidos o castigados por los fallos podrían ser fácilmente sustituidos, y con ventajas de visibilidad y obediencia por parte de jugadores y público. Veamos.

En primer lugar, de entre los árbitros integrantes de la cabina del VAR, debería designarse un árbitro que asumiría, pero desde la cabina y no ya más desde la cancha, las mismas funciones que las del árbitro principal de cancha. Simplemente haría lo mismo, viendo mejor el juego desde una cabina inmejorablemente ubicada desde el punto de vista de la accesibilidad visual, y no desde la pésima actual; pero ayudado por nueva tecnología y el resto de sus colegas de cabina; y sin las molestias de la interacción con esos irrespetuosos superhéroes modernos que son los jugadores. Debería ser sorteado inmediatamente antes del comienzo del juego, de una terna de VAR, para que sean más difíciles el soborno y la presión mediática y a través de redes sociales.

En segundo lugar, podría hasta mejorarse la administración del juego, así como la información sobre los fallos cobrados y la señalización de lugares y distancias reglamentarias para actores, prensa y públicos. A) Para marcar las detenciones y reinicios del juego, el árbitro principal usaría un silbato amplificado mucho más audible para actores y espectadores. B) Sería auxiliado por indicaciones, en gigantescas pantallas, de la pena fallada, del equipo beneficiario y del jugador/equipo infractor; y de las sustituciones de jugadores. Mucho mejor para actores y público, sobre todo con las dimensiones de los estadios, que hacen difíciles la visión y audición con los equipos sensoriales naturales. La redacción de lo amplificado en pantallas sería función, o bien del árbitro principal de cabina o bien de otro especializado en ello para no distraer al principal. C) Un rayo láser, de color contrastante con el del césped, indicaría el lugar de ejecución y reinicio del juego, bien visible para jugadores, prensa y público; líneas láser marcarían lugares y distancias de las barreras. De nuevo, o el árbitro principal señala lugares y líneas, además de la redacción del contenido de las pantallas, o bien lo hace algún otro árbitro de cabina, el encargado de la pantalla u otro más, especialmente habilitado para ello. De este modo, continuaría habiendo un árbitro principal, que falla y conduce la dinámica del juego, pero auxiliado por un VAR sensorialmente superior, y sustitutos tecnológicamente avanzados de los jueces de línea, silbato, gestos y tarjetas en la cancha.

La presencialidad en cancha del árbitro principal sería ventajosamente sustituida por esos silbatos mejorados, pantallas de aclaración de fallos, rayos láser indicadores de lugares de reinicio y líneas láser señalizadoras de distancias para barreras (en penales, fouls, outballs, córners, goal-kicks). Podría continuar habiendo, entonces, un árbitro principal y árbitros auxiliares (de pantalla, de láser), pero con mejores tecnologías y el auxilio de la tecnología del VAR para incidencias de apreciación difícil e importancia clara.

Del punto de vista laboral, subsistirían los jueces principales y los auxiliares, aquel con funciones muy similares pero medios muy superiores de intervención en el juego; los árbitros auxiliares cambiarían sus tareas: de la señalización de incidencias próximas a las líneas, al manejo de la información de pantallas (primer auxiliar) y al trazado de puntos y líneas láser (segundo auxiliar).

El equipo restante del VAR se agregaría como registrador y exhibidor de las jugadas para información del árbitro principal, de sus auxiliares de pantalla y láser y de prensa y públicos.

Asociaciones nacionales, regionales y mundiales deberían ponerse a debatir estos asuntos, que mejorarían la justicia, equidad, información y funcionamiento del juego, tanto para sus actores (jugadores y árbitros) como para sus observadores especializados (prensa) y para los públicos presenciales y no presenciales.

Todavía le debo, lector, el debate sobre la posible adición o sustitución de partidos ‘reales’ por partidos virtuales, hasta disputados como PlayStation, con públicos virtuales, comentaristas, publicidad; pero con actores que puedan ‘jugar’ con actores virtuales, joysticks con memoria de gestos de los diversos jugadores, mejor satisfacción de la hiperactividad actual y construcción de partidos con mejores niveles mínimos de emoción, hasta mejores que los de los juegos ‘reales’. Pero queda para una próxima columna; juegue con su imaginación, lector.

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