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Gustavo Leal: blanco de los blancos

Por Enrique Ortega Salinas.

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No tiene pelos en la lengua. Dice con serenidad cosas que muchos piensan y no se animan a expresar por el costo político que tendrían, no hacia afuera, sino hacia dentro del mismísimo Frente Amplio. Representa una bajada a tierra a la visión lírica que algunos dirigentes frenteamplistas han mantenido sobre un tema tan complejo como la inseguridad. Algunos compañeros legisladores han criticado a Eduardo Bonomi y a su posible sucesor, amparados en teorías, en cátedras y en sobredosis “paulocohelianas”, con absoluta carencia de conocimiento del mundo real y la mente criminal.

Las feministas, que estaban en contra del aumento de las penas porque no servían para nada, impulsaron un incremento de la sanción penal para el caso de femicidio. A Gustavo Leal no se le mueve un pelo a la hora de recordárselos; pero no lo hace de manera agresiva, sino que les invita a reflexionar sobre estos temas con una nueva visión. Propone, incluso, nuevas figuras penales, ya que, por ejemplo, nuestro Código Penal no contempla los delitos ambientales.

Con respecto a la propuesta de Jorge Larrañaga (“Vivir sin miedo”) responde con claridad y mente abierta que quizá algunas de las ideas que integran aquella podrían llegar a contemplarse, pero el problema es que vienen dentro de un paquete y solo podemos votarla en su integridad.

El actual director de Seguridad y Convivencia no ha titubeado al criticar a los fiscales por tomar como regla la negociación con los delincuentes. Tampoco tiene dudas en reconocer que la gente ha cambiado sus costumbres, ya no deja su casa sola y acompaña a sus allegados hasta la parada del ómnibus. No ofende a la gente hablando de “problemas de percepción”.

 

¿Allanamientos nocturnos?

Uno de los puntos que mucha gente ve con interés es el del allanamiento nocturno, ya que las bocas de droga trabajan con total tranquilidad desde que se oculta el sol hasta que sale. La Constitución de la República establece en su artículo 11 que “el hogar es un sagrado inviolable. De noche nadie podrá entrar en él sin consentimiento de su jefe, y de día, sólo por orden expresa de juez competente, por escrito y en los casos determinados por la ley”. Sin embargo, un buen análisis jurídico puede abrir una brecha a esta limitación, porque la pregunta que se impone es: ¿qué consideramos un hogar?

El hogar es una vivienda destinada al bienestar y protección de una persona o familia. Cuando esa guarida (en el sentido de refugio, que guarece del clima o las fieras) se transforma en puesto de operaciones de delincuentes y ejerce un comercio ilegal, ya no debe ser considerada hogar, por lo que cualquier juez puede ordenar un allanamiento sin violar la norma constitucional, tal como se hace en boliches o en el mismo aeropuerto.

A muchos militantes de izquierda, que padecieron el horror de los allanamientos durante la dictadura (con militares que asaltaban hogares, robando, golpeando a todos y manoseando a las mujeres), la palabra allanamiento les rechina en lo más profundo, pero esto es diferente. Aquí se trata de defender a la gente honesta y atacar al narcotráfico de manera efectiva. Gustavo Leal, que a las teorías de los libros le sumó la calle y estar en el medio de la batalla contra el crimen, plantea que solo el vecino que tiene cerca una boca de venta de droga puede hablar con propiedad de lo que esto implica.

Hay que dejar de lado por completo la filosofía de “pobrecito el delincuente” y dejar de justificar al delito con la pobreza, salvo situaciones muy excepcionales y extremas que no vienen al caso y ya están contempladas en nuestro ordenamiento jurídico. Quien permita que se use su vivienda como boca de venta de droga debe saber que le costará caro y que el sistema será implacable. Lo contrario es condenar a la gente honesta de su barrio a vivir en un infierno. Leal comenta un fenómeno lateral que se produce en torno a estas cuevas de delincuentes y es el asalto a las mismas por otros criminales, ya que en estos lugares pueden hallar dinero en efectivo, drogas, armas y, de paso cañazo, eliminar competidores del mercado.

Tal como ha señalado José Mujica: “A una boca hay que entrarle de noche, de madrugada y cuando sea”. Y basta de tanta dulzura.

Leal tiene un concepto moderno de la seguridad y menciona que los países que mejor combaten el delito se apoyan en un 80% en inteligencia y solo 20% en la fuerza. De cada 10 allanamientos realizados, 8 han culminado con personas procesadas, lo cual indica que ni Bonomi ni Leal han actuado al voleo, sino que previamente la Policía se tomó el tiempo necesario para vigilar y reunir información y pruebas para que, llegado el momento, los delincuentes no se salieran fácilmente con la suya.

 

El crimen del que los blancos no hablan

Las denuncias sobre violencia doméstica, comenta Leal, superan con creces la totalidad de denuncias por rapiñas, homicidios, lesiones personales y copamientos. “Recibimos 40.000 denuncias por año, 109 por día, una cada 13 minutos… las cuales son atendidas por los Juzgados de Familia”.

A ver… Esto sí es un problema; porque el hecho de que alguien agreda a su familia es considerado un mero problema conyugal que se puede resolver fácilmente. Quizá esa visión sea la culpable de la muerte de Silvana Alonso, en el Barrio La Paloma. Su pareja era un adicto que amenazaba de muerte a toda su familia y destrozaba la casa cuando no tenía droga para consumir. En setiembre lo denunció y un juzgado de Familia dispuso la prohibición al agresor de acercarse a menos de 500 metros a Silvana. Que alguien me explique, como si fuera un niño de cinco años, por qué 500 y no 5.000… De paso me explican por qué tardaron 48 horas en colocarle la tobillera a un psicópata. El 10 de setiembre el individuo rompió el dispositivo y lo tiró en un pastizal. Contra toda lógica, en lugar de enviarlo de inmediato a un calabozo, el día 13 se dispuso que se colocara un segundo dispositivo, el cual no duró ni media hora, ya que se lo quitó y lo tiró. En ninguno de los casos la fiscal Alba Corral le imputó desacato.

Resultado: el psicópata esperó a Silvana cuando esta fue a dejar a 0sus hijos al colegio, trató de subirla por la fuerza a su vehículo y, al no poder hacerlo, le disparó varias veces y luego se suicidó.

¿De qué sirve que la Policía corra detrás de los delincuentes arriesgando la vida si fiscales y jueces no hacen lo que deben hacer? Bonomi y Leal han tenido que padecer esto; pero ninguno se lo calla. Yo tampoco. Todos los días (afirma el sociólogo) el Ministerio del Interior destina 600 policías a la protección de mujeres debido a que quienes les amenazan no modifican su conducta y continúan siendo un peligro luego, incluso, de dos años, sin que la Justicia determine más que la custodia de la víctima, en lugar de la prisión del victimario.

Llama la atención que en el discurso de campaña de los blancos no figure el tema de la violencia doméstica, aunque sí les preocupan los delitos contra la propiedad; de igual manera que piden beneficios para los empresarios, pero no plantean ni una sola medida para favorecer a trabajadores, jubilados o pensionistas.

 

¿Cómo se soluciona esto?

El aumento de la criminalidad tiene una multiplicidad de causas, por lo que no se puede combatir sin multiplicidad de medidas. La derecha solo sabe aplicar garrote, bala y calabozo, mientras que algunos referentes de la izquierda aún creen que solo con políticas sociales se podrá erradicar este flagelo. Lo cierto es que, en primer lugar, hay que tomar medidas eficientes para proteger a la población, mientras, por otra parte, recurrimos a todos los medios para arrancar de raíz el problema. Inserción, reinserción, educación, reeducación, prevención, disuasión, represión… Donde dejemos de lado uno de estos factores, todo fallará.

El Frente Amplio es el único partido que enfoca esto de manera integral y Gustavo Leal lo tiene claro. No hay que ceder ante la cultura criminal. Cuando durante un procedimiento una mujer lo acusó (a modo de insulto) como “antichorro”, saltó como quemado con agua hirviendo: “Sí. Soy antichorro, ¿y qué?”.

No faltó quien lo criticara por esto. Jaime Saavedra, quien está al frente de la Dirección Nacional de Apoyo al Liberado, expresó a El Observador: “Decir que se es antichorro azuza el enojo y el odio”.

A ver si entendemos… ¿El equivocado fue Gustavo por herir con sus palabras la fina sensibilidad de los criminales? Si su apellido fuera Zubía y no Leal, le hubiera respondido que no fuera tan “frutillita”.

 

12 medidas

Gustavo Leal presentó a Daniel Martínez una batería de medidas para implementar en caso de ser el nuevo ministro del Interior. La primera consiste en aumentar el personal en las 267 seccionales que hay en el país, destinando para tal función al 30% de los nuevos ingresos a la Policía y buscando estrechar vínculos con la población mediante la Policía Comunitaria. No se trata de palabrerío. Sin la colaboración de los vecinos, poco podrá hacer la mejor Policía del mundo. Si ellos no confían en los uniformados, no denunciarán nada ni harán llegar información imprescindible para que los investigadores tengan éxito. Los vecinos deben ser los mejores ojos y oídos de la Policía.

Luego están los ojos de la tecnología. Leal propone “ampliar el sistema de vigilancia a 10.000 cámaras, sobre todo en lugares del interior, incorporando las cámaras de reconocimiento facial que puedan incorporar la lista de personas requeridas o buscadas por la Policía en los sistemas y también los chequeos de matrículas, particularmente de motos”.

Leal propone combatir las bocas de venta de droga con la mayor firmeza, llevar tanto el Pado como el operativo Mirador a las ciudades del interior donde no ha llegado y sacar a la calle policías encubiertos.

Para combatir el abigeato, que afecta fuertemente a la producción nacional, plantea fortalecer las Brigadas de Seguridad Rural con drones y trabajar en conjunto con el MGAP, en todo el proceso de trazabilidad, para combatir al crimen organizado que se encuentra detrás de este delito. Estas organizaciones criminales (vinculadas muchas veces a grupos empresariales) en ocasiones matan 60, 70, 80 ovejas o más, que terminan en el mercado informal de faenado, producción o carnicerías. Mediante exámenes de ADN, en las redes y en los frigoríficos, se podrá detectar a través de la trazabilidad el origen de los animales.

Para enfrentar la violencia doméstica, a la par de multiplicar la adquisición de tobilleras electrónicas, propone un acuerdo político para cambiar las normas que se aplican a los ofensores. Leal afirma que no podemos estar custodiando de manera indefinida a una mujer a la espera de que el agresor desista de su actitud. Si no reacciona positivamente a las primeras medidas, deberá cumplir la pena en prisión.

 

Más claro no canta un gallo

A finales de este año el hacinamiento carcelario será 0, ya que se ha invertido en infraestructura carcelaria y hoy tenemos más plazas que personas privadas de libertad. Se plantea ahora una nueva etapa en la que se mejorará la gestión de los centros carcelarios, procurando que sean cada vez más pequeños.

Yo agregaría una revolución educativa para combatir esa subcultura que ha naturalizado la violencia y el crimen; pero de eso hablaremos en otra ocasión.

Gustavo Leal nació en Tacuarembó; pero creció en Montevideo, en Sayago, y trabajó durante casi veinte años en El Abrojo, lo cual volcó un baño de realidad a los libros de la carrera de Sociología. No duda en definirse de izquierda y envía a su hija e hijo a liceos públicos. Tiene claro que en torno a Montevideo, Maldonado, Rivera y Paysandú hay cinturones de gente que vive en la pobreza y la marginalidad cultural. Plantea “construir ciudad” como contrapartida a los ghettos y desafía al Frente Amplio a plantearse una autocrítica. Algunos lo definen como el discípulo de Bonomi, pero, indudablemente, impone su propio perfil y los candidatos derechistas han apuntado contra él sus baterías.

Tengo para mí que representa lo que miles de frenteamplistas estábamos reclamando a gritos.

 

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