Retraso en la Productividad: A pesar de que la IA mejora la eficiencia de tareas específicas —como la programación de software y el servicio al cliente— estos beneficios aún son muy localizados y no han conducido a un aumento generalizado de la productividad en la macroeconomía.
Fricción en la Implementación. La transición de la fase de "inversión", que incluye la construcción de centros de datos, a la fase de "adopción masiva" requiere tiempo. Goldman Sachs anticipa que el impacto tangible en el crecimiento económico comenzará a evidenciarse a partir de 2027.
Efecto en el Mercado Laboral. Se está observando una "reticencia incipiente" en la contratación en sectores donde se esperan ganancias de productividad gracias a la IA. Las proyecciones sugieren que la tecnología podría desplazar, eventualmente, al 6% de la fuerza laboral en EE. UU., lo que equivaldría a aproximadamente 11 millones de empleos.
Sustitución de Capital por Trabajo. Las empresas están reemplazando gastos operativos tradicionales, como sueldos, por inversiones en tecnología. Aunque esta tendencia podría crear una situación deflacionaria a largo plazo, a corto plazo genera un desajuste en el consumo discrecional de los trabajadores, especialmente en el sector de "cuello blanco".
El análisis de Goldman Sachs destaca que, si bien la IA promete ser un motor de crecimiento en el futuro, su impacto inmediato y medible en la economía ha sido más limitado de lo que muchos anticipaban. A medida que el mundo avanza hacia la integración masiva de la IA en diversos sectores, queda claro que se necesitarán tiempo y ajustes para optimizar sus beneficios y transitar hacia un crecimiento económico sostenible.