Una isla que no se doblega
Esas acciones fueron el comienzo de muchas más. El presidente Kennedy autorizó la «Operación Mangosta» para desarrollar sabotajes industriales, apoyo a movimientos armados contrarrevolucionarios, guerra psicológica e intento de asesinatos de líderes revolucionarios. El propio líder de la Revolución, Fidel Castro, sobrevivió a más de 600 conspiraciones para acabar con su vida.
Asimismo, EEUU llevó a cabo una guerra bacteriológica contra Cuba que se tradujo en epidemias y plagas en la Isla, tales como la fiebre porcina africana (que obligó a sacrificar a cientos de miles de cerdos), o la epidemia de dengue hemorrágico, entre otras.
No contentos con el Bloqueo y los ataques terroristas encubiertos, el régimen estadounidense armó y financió a organizaciones terroristas como Alpha66, la cual puso una bomba en 1976 en un vuelo civil de la aerolínea Cubana de Aviación, muriendo todas las personas que iban a bordo, incluido el equipo nacional juvenil de esgrima. Sus autores vivieron tranquilamente en EEUU hasta su muerte. Además, en la década de 1990, Cuba sufrió una serie de atentados terroristas, bajo cobertura yanqui, contra la naciente industria turística, cuyo resultado fueron una serie de bombas en diferentes hoteles y la muerte de un turista italiano.
La inexistente autoridad moral estadounidense
Que el régimen genocida estadounidense, que lanzó dos bombas atómicas contra ciudades indefensas, que ha patrocinado dictaduras fascistas, genocidios como el que sufre el pueblo palestino, golpes de Estado a lo largo del mundo y que ha atacado decenas de países causando millones de muertes se atreva, siquiera, a criticar a Cuba, es deleznable.
Cuba ha intentado construir un mundo mejor. Hay infinidad de razones para defenderla, por su historia y por su ejemplo. Si alguien debiera ser juzgado y condenado son todos los genocidas que han pasado por el Despecho Oval.
Artículo de Mikel Bueno Urritzelki historiador y docente para Rebelion