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La Revista | Manini Ríos | estado de guerra | historia

El gran circo de los Tiranosaurios

Bajo el paraguas multicolor, quienes convivían en las tiendas blancas y coloradas encontraron en Cabildo Abierto un guante a su medida, la síntesis casi perfecta de la conjunción carnal para un nostalgioso golpista tanto civil como militar.

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En política no hay nada obvio; un conjunto de declaraciones y acciones políticas se realizan a pocos días de confirmarse la vigencia de los 135 artículos de la LUC. Blanquean en el edificio del Instituto de Profesores Artigas (IPA) únicamente las pintadas del centro de estudiantes; el ministro Javier García habilita las visitas a la “Cárcel del Pueblo” haciendo mención únicamente a su historia como centro de detención usado por el MLN-T, y en una intervención que no registra antecedentes en los anales parlamentarios, el senador Manini Ríos alude a los 50 años de la declaración del estado de guerra interno.

El 28 de marzo con la pírrica victoria en la mano del No, se encienden las luces y comienza el show circense.

Con la amena y alegre música empiezan a desfilar por la arena a paso triunfante quienes durante muchísimo tiempo, algo menos de 50 años y poco mas de 15 de los gobiernos frenteamplistas, esperaban mascullando sus razones, sus victorias militares descoloridas por los traspiés políticos, su antojadiza y vernácula visión de la sociedad.

Los que reivindicaban desde tiendas coloradas la gestión gubernamental de Jorge Pacheco Areco, los que veneraron a Juan María Bordaberry disolviendo las cámaras, los que hallaron en las figuras de Pablo Millor, Daniel García Pintos, Carlos Pirán, Raumar Jude y otros pterodáctilos la esencia del riverismo colorado para contrapesar a los “socialistas” de Flores Silva y ser la “guardia de hierro” de Julio María Sanguinetti.

Los que desde tiendas nacionalistas se encolumnaron detrás de las figuras de Cristina Maeso en los 80 para evitar el retorno de Wilson, los que alentaron y aplaudieron las aventuras golpistas del coronel Aguerrondo, destacado dirigente del herrerismo y organizador de los fogones ya no de las tropas saravistas, sino de los Tenientes de Artigas.

Detrás de las bestias y los domadores, vienen a brindar alegrías y distracción los payasos (con disculpas a los payasos de verdad), bufones de la corte travestidos en intelectuales que siempre se ubican a la Derecha de la Derecha, en esa necesidad narcisista del reconocimiento por el que abogan cada día de su vida, Mercedes Vigil y Rodolfo Fattoruso.

Cerrando la presentación, saltando redes y trapecios y agitando a la tribuna compartidas por gorilas y tiranosaurios, los cabildantes.

El profe de Historia

La mención del Senador Manini Ríos a los 50 años de votar el Parlamento el estado de guerra interno no es producto de una noche de desvelo del exgeneral, o de la necesidad de llenar en palabras tiempo a ocupar.

Son melodía en los tímpanos de familiares de los terroristas de Estado recluidos en Domingo Arena, de los que hoy piden pensiones preparatorias y muchos de los que están esperando se apruebe el proyecto de Cabildo de la prisión domiciliaria para mayores de 65 años.

También es una guiñada para quienes corrieron por derecha al Presidente Luis Lacalle impulsando el voto en blanco el 27 de marzo. En ese grupo que se autodenominó “Comando Azul y Blanco” se encuentran Mercedes Vigil, Eduardo Abenia y el militar Arquímedes Cabrera.

Proyectos legislativos esperan agazapados para por ejemplo reducir la capacidad de acción de la Fiscalía especializada en delitos de lesa humanidad, y como buen estratega militar, esperar el momento propicio para impulsar la desaparición de la Institución Nacional de Derechos Humanos, o desconocer las sugerencias de la Corte Interamericana e incluso romper con los tratados internacionales a los que está suscrito Uruguay en la materia.

Tampoco parece casual la reivindicación de esas situaciones históricas, narrada en forma hemipléjica por cierto, cuando Javier García informa la decisión de su ministerio de habilitar visitas a la cárcel del pueblo o surge en la Facultad de Derecho la Juventud Oriental de Pie, con reminiscencias de la vieja JUP.

Manini sostiene sin pudor en su alocución en el recinto republicano que “para tener una idea clara de este pasado, para nosotros no tan reciente, es necesario ver los hechos ocurridos en su conjunto, es necesario conocer el proceso que llevó a la ruptura institucional. Antes que nada, es necesario tener la honestidad intelectual de aceptar los hechos como ocurrieron, sin pretender darle un sesgo para favorecer políticas del presente. La historia debe basarse en los hechos reales y no en relatos funcionales, a organizaciones y partidos que actúan medio siglo después, y sobre todo la historia no puede escribirse a pedido de quienes buscando eternizar la fractura hacen correr generosamente los recursos para mantener encendido el fuego que ardió hace medio siglo”.

Aquí el relato del profesor de Historia confunde en cuanto a quién esta dirigido; esas palabras bien podrían ser para Mercedes Vigil, pero la intencionalidad es tan evidente que no deja lugar a dudas, y Manini prioriza su rol de “francotirador” al de su humilde calidad de docente.

Los mutilados

“La historia mutilada que se cuenta solamente para uso y provecho de ciertos grupos no debe hacernos olvidar que Esta decisión de declarar un estado de guerra interno para dar el marco jurídico necesario para la defensa del país contra el ataque deliberado contra nuestras instituciones fue declarada por un Parlamento democrático elegido pocos meses antes en elecciones”, sostuvo Manini, “rengueando históricamente de una de sus piernas”.

El senador Óscar Andrade entre varias respuestas apeló a la lectura de un editorial del Nacionalista Independiente Carlos Quijano que desde el semanario Marcha sostenía en “Así empezó el fascismo”: “Hay una conspiración contra la libertad, una empresa sombría de destrucción de la razón y degradación del espíritu (…) el comunismo como el antisemitismo, como el racismo responden las mismas ocultas constantes (…) El anticomunismo cerril, obnubilado, es la forma moderna de la reacción contra todas las renovaciones, contra todo lo que rompe las categorías constituidas, los ritos impuestos, los moldes establecidos. Ese anticomunismo de hoy, es el anti anarquismo de ayer, el antiRrepublicanismo de anteayer, el antidemocratismo de trasanteayer”.

Y no le faltaba razón, la realidad confirmaba sus dichos, eran las épocas de denunciar las ideas foráneas, el nosotros contra ellos, el macartismo de Chicotazo, del Uruguay rural marginado y marginal descubierto y denunciado por las misiones socioeducativas, las ésvasticas tatuadas a navaja en los muslos de Soledad Barret, el asesinato del profesor Arbelio Ramírez, de los estudiantes muertos por la Policía en las calles, la militarización de las huelgas bancarias y de los trabajadores del puerto y la represión a los trabajadores de los frigoríficos, la prohibición de sindicalización de los trabajadores públicos y municipales.

15 de abril del 72

El relato romántico de esa jornada por parte del senador Manini carece, a pesar de su condición de profesor de Historia, de rigor histórico.

El proyecto del Ejecutivo que declaraba el estado de guerra interno para ser aprobado por el Parlamento no llegaba en un ámbito legislativo sin tensiones internas, y esas tensiones atravesaban a todos los sectores políticos; tan es así que poco más de un año después, el colorado Bordaberry, al mismo Parlamento elegido democráticamente como recuerda Manini, lo disuelve.

Legisladores de la oposición (también electos democráticamente) venían advirtiendo sobre las denuncias que desde hace un tiempo venían realizando familiares de presos políticos de torturas recibidas en dependencias policiales, que se habían empezado a registrar en 1966 sobre dirigentes y militantes sindicales, pero que a partir de 1970 se empezaron a aplicar de forma sistemática.

Pero Manini prácticamente se cortó las dos manos y se arrancó un ojo cuando evitó comentar que el asunto más pesado que venía discutiendo el Parlamento era la denuncia a partir de las declaraciones del agente de policía Nelson Bardecio, de la existencia y la integración de una organización paramilitar y policial conocida como el escuadrón de la muerte.

El día previo a la sesión, el 14 de abril comandos del MLN (que habían detenido a Bardecio y obtenido su confesión en actas que fueron entregadas a legisladores de todos los partidos) se enfrentaba en la calle y ajusticiaba a algunos de los denunciados como integrantes del escuadrón.

La denuncia también llego a varios medios de prensa, entre ellos El Debate, dirigido por el actual ministro Luis A. Heber.

La Asamblea General aprueba por 97 votos de un total de 118 la suspensión de las garantías individuales y el estado de guerra interno, quedando suspendidos los derechos de asociación y reunión, medida que abarcó a trabajadores y organizaciones gremiales.

El despliegue de las Fuerzas Armadas en su combate a la guerrilla la desmanteló en su capacidad militar en pocos meses.

Si el argumento para el golpe de Estado de junio de 1973 (o si se quiere los movimientos militares en febrero del mismo año) era la actividad del MLN, esta había dejado de ser determinante mucho antes de fines de 1972 con la detención de sus principales dirigentes.

El silencio de tus ojos

“Mucho se ha hablado de la llamada historia reciente, a la que prácticamente se circunscribe a partir de la disolución de las cámaras de 1973 y a los excesos cometidos por la dictadura desde ese entonces y prácticamente se ha hecho silencio sobre lo ocurrido en los años previos”, expresó Manini en su alocución.

La frase bien le cabe a sus propias huestes y a su propio relato, ya que es desde esas filas que se intentó imponer el relato de un Uruguay que era la Suiza de América, la tacita del plata estropeada por la izquierda y los sindicatos, y la barbarie se inicio en junio del 73.

Lo que el exgeneral dice es cierto; basta con repasar los editoriales de Marcha y de varios medios de comunicación, aun los afines a los gobiernos de turno, que no pudieron tapar la llaga del Uruguay posguerra de Corea, la miseria de los cantegriles en la periferia de Montevideo, la hambruna de los pobladores rurales, el trabajo casi esclavo de los trabajadores en los cañaverales, en las arroceras, en los tambos, la represión sindical, la actividad de bandas fascistas, un presidente gobernando bajo Medidas Prontas de Seguridad, la injerencia directa de organismos internacionales en la institucionalidad uruguaya como el FMI en el Ministerio de Economía, las misiones técnicas de Estados Unidos en casi todo el Estado, y la CIA en Jefatura. Si habrá para recordar lo ocurrido previo a 1973.

No son extrema derecha

Parafraseando el irónico título de un editorial de Quijano en Marcha que decía ante el golpe de Estado, “No es dictadura”, diríamos que las declaraciones de Manini “no representan” la visión de la extrema derecha uruguaya.

Y no la representan porque son ellas, la expresión de la extrema derecha sin intermediarios ni necesidad de representantes. Son gestionadas por sus propios dueños.

Quizás necesitaban el resultado del 27 que, aunque los ponga nerviosos de cara a las elecciones de 2024, pusieron el sello de legitimidad que necesitaban.

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