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Lacalle y la agencia de publicidad del rey Luis XIV

Por Linng Cardozo.

“Decile a Talvi que se vaya”. No fue por WhatsApp. La frase llegó a su escudero y este la transmitió en otro tono, con otras palabras, elegantes, rodeándolas del mejor tono multicolor.

Talvi no dudó. Escribió una carta que ya tenía en borrador y renunció, caliente, a su cargo de canciller.

La decisión tomada -forma y fondo- en la Torre Ejecutiva por el presidente Luis Lacalle constituye uno de los ejes más relevantes de la personalidad de nuestro presidente.

 

La agencia de publicidad

En Francia, a caballo de los siglos XVII y XVIII, Francia tuvo un rey que la constituyó culturalmente. Se trata del rey Luis XIV. Este interesante rey, hijo de Ana de Austria, asumió con una muy baja edad y ese detalle -un menor- permitió que lo rodearan quienes luego lo fueron construyendo como una figura “descollante y excluyente”, como diría el relator Julio Ríos.

La historia cuenta de la importancia de un ministro de Luis XIV en aquel reinado. Se trata de un fino caballero llamado Jean-Baptiste Colbert. Estuvo 22 años junto al monarca. Fue uno de los principales ministros del rey. Se le atribuye ser el inspirador y promotor de una política económica intervencionista y mercantilista (más tarde conocida como colbertismo), promovió el desarrollo del comercio y la industria nacionales mediante la creación de monopolios, fábricas estatales y reales. Además, preparó el Código Negro, relacionado con la administración del esclavismo en las colonias.

El rey reunía a sus ministros todos los días, pero con Colbert las reuniones eran secretas. Este buen hombre hizo otra cosa: fue el arquitecto de la imagen del rey y se presume que fue el creador de la famosa frase atribuida al monarca: “El Estado soy yo” (“Je suis l’état”).

 

Los instrumentos

Pero hay otra cosita, no menor: fue el arquitecto de la imagen del rey. Hay un interesante libro de Peter Burke –La fabricación de Luis XIV– que con minuciosidad describe el instrumental utilizado por este rey para ser una figura de relevancia en su reino y más allá de los mares.

A diferencia de los reinos de Inglaterra y España de aquellos años, en el de Francia su rey era hijo de una decisión divina. En los otros dos países la parodia decía que los reinados surgían del pueblo.

Colbert fue un maestro. Durante 22 años el tipo armó una agencia de publicidad en los castillos del reino, coordinó con los creativos, definió las plataformas para enviar el divino mensaje y, fundamentalmente, trazó el master plan. La imagen del rey tenía que ser coherente con la definición política suprema: el Estado soy yo. El mensaje clave es ese.

Fue entonces que mandó hacer monedas, billetes y medallas con la imagen del rey; convocó a pintores para reproducir la imagen del rey; llamó a escritores y artistas de teatro para la realización de obras referidas al monarca y resolvió promover un diario, La mercure galant, que reproducía el relato de Luis XIV. Hermoso. De la pluma de Colbert surgió una interesante definición propagandística: “El retrato del César es el César”. Así fue que el taller de Rigaud -artista de la corte- tuvo mucho trabajo porque hizo varios cuadros del monarca para colocarlos en los lugares relevantes del Estado francés.

Los escritores Molière y Racine y el músico Lully resaltaron su gloria, como también las obras de arquitectos y escultores. Como buen rey, se mandó su palacete rodeado de jardines. Así nace el nuevo y fastuoso Palacio de Versalles, obra de Luis Le Vau, Charles Le Brun y André Le Nôtre. Versalles fue el escenario perfecto para el despliegue de pompa y para la sacralización del soberano y para exhibir allí su hermosa cabellera enrulada. Falta más.

No se sabe si el rey compartió almuerzos con los obreros que construían el Palacio de Versalles y sus honorables jardineros. No hay registro de su artista predilecto, Rigaud, sobre esa posible imagen gastronómica.

(Ahora que escribo esto me acuerdo de los retratos del presidente Luis Lacalle que mandó encuadrar el ministro Jorge Larrañaga).

(Y me doy cuenta de otra cosa: Luis es Luis).

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