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Laura Citarella es una directora de cine, guionista y productora argentina, nacida en 1981 en La Plata. Es una figura clave del "Nuevo Cine Argentino" y miembro fundador de la productora independiente El Pampero Cine (creada en 2002).
Su película más aclamada, Trenque Lauquen (2022), fue elegida "Película del año" por Cahiers du Cinéma en 2023 y seleccionada para el Festival de Cine de Venecia. Produjo La Flor (2018), un filme de 14 horas que ostenta el récord de ser la película argentina más larga de la historia. Es docente en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).
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— Vine a ver Trenque Lauquen en el festival de cine de Cinemateca en 2023. La película me encantó. Cuando me dijeron que duraba 4 horas me pareció monstruoso, y en ningún momento me aburrió. ¿Cómo llegaste a la conclusión de que esa historia tenía que ser contada así?
Yo creo que la duración de las películas, en casi todos los casos dentro del Pampero Cine, es una consecuencia de una decisión, que tiene que ver con el resultado del trabajo. Yo filmo y me interesa que las películas sean expansivas, que no se cierren en una sola cosa. Pensaba un poco en las estructuras de los libros de Elige tu propia aventura: la cantidad de posibilidades que surgen de una sola ficción, la expansión que se puede producir a partir de eso.
Darle esa posibilidad a un proyecto cuando lo estás iniciando hace que naturalmente aparezca la duración problematizada. Problematizamos en términos de mercado, porque tampoco es que las películas tienen que durar una determinada cantidad de tiempo, pero sí para el mercado, si uno dialoga con eso, posiblemente la película rompe con algo. Si uno lo piensa en relación con un proceso creativo natural. No decimos "esta película la voy a hacer de tal duración". Para nada.
Trenque Lauquen fue a Venecia, duraba cuatro horas y media y todavía no estaba terminada. Les dije: yo no sé cuánto va a durar. Ellos vieron un borrador con placas que decían "pending shooting". Fue gracioso porque nos escribieron y dijeron: "Vemos demasiadas placas que dicen pending shooting". Les dije: no se preocupen, la vamos a terminar, pero no sabemos cuánto va a durar. El Festival de Venecia no tuvo un tema con eso, y es un festival que trabaja con un mercado.
Hay una autocensura, como una obediencia. Una idea de qué tipo de películas se espera de un director o directora latinoamericana, qué temas debería tratar.
Se autocolonizan en un punto… Hay una estandarización del trabajo, que ya a esta altura te diría que no nos sale. Los motores de las películas en el Pampero tienen que ver con explorar, buscar en esos procesos, y llegar a una película como consecuencia de haber hecho esa exploración, no pensar ya una película, saber su duración, antes de que haya un solo plano filmado. Porque Trenque Lauquen no dura cuatro horas y media para pelearse con las películas que duran menos. Es lo que necesita la película para ser como es.
— Vivimos en un mundo donde todo es previsible. En Trenque Lauquen uno no sabe realmente qué es lo que va a venir después. Eso me gusta en el cine.
Hay algo de generar cierto magnetismo y cierta fascinación por el solo hecho de narrar, y no tanto qué narras. Es una estructura que dispara cualquier posibilidad de cerrar el sentido, de cerrar el cuentito. Creo que tiene que ver con reconocer esa relación con el espectador. Buscando formas de disparar a esa estructura de cierre de la cajita encerrada de sentido, de repente te encontrás con formas que se parecen a la literatura, que permite esos huecos, esas fugas. Para mí es una experiencia fascinante.
— ¿Qué te parece que tiene para aportar el cine el día de hoy, en el contexto en el que estamos viviendo? ¿Por sigue siendo un espacio relevante la sala de cine?
— El cine puede aportar cosas muy básicas: belleza, alegría, humor. Hoy justo hicimos una entrevista con mi hija y le preguntaron: "¿Qué esperás del cine?" Y ella dijo: "Que me emocione". Conmoverse me parece que es el elemento que uno a veces determina si gusta o no la película.
Pero en paralelo, el cine tiene una capacidad de reinventar el mundo, de poner adelante cosas que no son una extensión del mundo real, sino reinvenciones que permiten vernos desde afuera. Cualquier rodaje es un documento de su propia época, aunque no toque temas de esa época. Y al final hay una ceremonia que es en las salas de cine, colectiva, que permite que haya una intimidad con ese material estando rodeado de gente. No hay nada que tenga ese potencial y esa fuerza.
— ¿Cómo ves la relación entre cine y política, sobre todo en el contexto de lo que está viviendo Argentina?
— Yo no conozco casi a nadie que diga "no, yo en política no me meto". Los cineastas que hacen películas, es muy difícil que la política no aparezca desde la producción, desde cómo construís un personaje femenino, por ejemplo. Hay una idea política. Activar cosas, producir cambios, tiene que ver también con sutilezas, no con hacer las películas latinoamericanas que se esperan de nosotras sobre la pobreza.
El problema con la política en Argentina es que no se puede ni siquiera discutir con ellos. No pensaron nada. Son fascistas, pero había fascistas en una época que no eran tan fáciles. Esto es directamente la agresión: te reduzco a una masa de gente inútil, vaga. La cultura se volvió una abstracción en Argentina. Los artistas se volvieron unos vagos, unos inútiles sin cara.
— Vos te solés involucrar personalmente en las películas ¿Qué tiene de positivo y de negativo ese involucramiento de tu vida personal?
— Cuando descubrí que ahí había una clave para poder vivir y hacer películas fusionar mi vida en el cine, mi vida familiar, cotidiana en una especie de cosa única, nunca más quise pensar el cine de otra manera. No le veo casi nada negativo. Me ha dado mucha libertad, mucha capacidad creativa y mucho disfrute.
A veces es muy esforzado para mí y para mi familia. Ese trabajo de hacer películas en general no genera una economía, entonces hay que dar clases, dar charlas. Y mi hija se banca una mamá que está viajando todo el tiempo, que se pierde cosas. Pero anoche pedimos room service en el hotel y vimos una película en la cama. Es lo único que quieren a esta edad: que estés con ellas.
— ¿Estás trabajando en algún proyecto nuevo?
Estoy escribiendo una película que se llama Las italianas. Sobre escritoras inmigrantes italianas, hermanas, que emigran a Argentina, a la provincia de Buenos Aires. Aparecen mujeres escritoras que en la familia nadie conocía. Pero siempre trabajando con varias películas dentro de una. Me está costando bastante igual. En el Pampero somos muy pocos y cada vez hay más trabajo. El día a día del Pampero es un poco mi responsabilidad. Ser madre, todo es un poco exigente. Por suerte lo colectivo siempre te ampara.