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Los países subdesarrollados no deben quedar subordinados a Occidente en clima y desarrollo

El cambio climático es un problema provocado por el hombre, pero los activistas y políticos irresponsables lo han distorsionado de una manera desproporcionada.

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Bjorn Lomborg (*)

En los últimos años, la ansiedad climática se ha apoderado de muchos gobiernos occidentales y de la mayoría de las organizaciones internacionales. Esto ha resultado en políticas ruinosas que poco ayudan, pero que socavan la prosperidad futura necesaria para hacer frente a muchos otros problemas. Afortunadamente, Indonesia puede evitar repetir estos errores.

El cambio climático es un problema provocado por el hombre, pero los activistas y políticos irresponsables lo han distorsionado de una manera desproporcionada hasta el punto de calificarlo falsamente de amenaza existencial que podría erradicar a la humanidad. Esta exageración tergiversa gravemente los datos científicos de los informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas. Esta visión extremista es también repudiada por los principales economistas climáticos del mundo, incluido el único que ha ganado el Premio Nobel por su contribución a este problema. Según sus estimaciones, el costo de no tomar más medidas sobre el clima equivale a reducir el PIB entre un 2% y un 3% para finales de este siglo: es un problema, pero no el fin del mundo.

Sin embargo, las interminables historias de terror han llevado a algunos gobiernos occidentales a promulgar políticas inmensamente costosas. El Reino Unido ha ido más lejos en políticas climáticas en las últimas dos décadas que casi cualquier otro país. Como resultado, el precio de la electricidad ajustado por inflación, ponderado entre hogares e industria, se ha triplicado de 2003 a 2023. En comparación, el precio de la electricidad en Estados Unidos ha permanecido casi inalterado durante el mismo periodo.

Al mismo tiempo, el mundo rico se da cuenta cada vez más de que se enfrenta a muchos otros costosos desafíos, como el envejecimiento de la población, que conlleva mayores gastos en pensiones y sanidad, el desmoronamiento de las infraestructuras, los malos resultados educativos y la necesidad de un mayor gasto en defensa. Sin embargo, la Unión Europea se ha comprometido a lograr cero emisiones netas de carbono para 2050, lo que le costará más del 10% de su PIB anual, es decir, 3,3 billones de euros (3,81 billones de dólares). Esto es más que todo el gasto corriente actual de los 27 países de la UE en sanidad, educación, policía, tribunales, prisiones y defensa.

Es importante que Indonesia encuentre el equilibrio entre los desafíos y las oportunidades que tiene por delante. Una respuesta ponderada y equilibrada al cambio climático significa desplegar la energía solar y eólica en las zonas donde sea sensato, sin olvidar que la solución a largo plazo pasa por la innovación. En 1970, cuando el hambre acechaba al 35% de los países en vías de desarrollo, la respuesta no era hacer que todo el mundo comiera menos para redistribuir los alimentos. Fue la innovación a través de la Revolución Verde, que permitió aumentar drásticamente los rendimientos y aportó mejores variedades y mayor cantidad de fertilizantes. Tampoco resolveremos el cambio climático sumándonos a los británicos, siendo más pobres, pasando más frío y con menos energía. En su lugar, las principales naciones industriales, responsables de la mayoría de las emisiones de carbono, tienen que acelerar la innovación en las futuras generaciones de energía baja en carbono. Una vez que innoven para que la energía limpia sea más barata que los combustibles fósiles, todo el mundo podrá hacer la transición energética.

La adaptación es otra respuesta vital al cambio climático. Los agricultores de toda Indonesia ya lo saben: Se adaptan a los cambios climáticos. En las ciudades, sabemos que las infraestructuras de adaptación, como las zonas verdes, las superficies más reflectantes y los sistemas acuáticos, ayudan a mantener temperaturas más frescas. La adaptación puede evitar gran parte del problema climático.

Por último, la mitigación de la pobreza es una parte crucial de la respuesta al cambio climático. Sacar a la gente de la pobreza reduce su vulnerabilidad a las perturbaciones climáticas como las olas de calor o los huracanes. Además, las sociedades más ricas y prósperas pueden permitirse una mejor protección contra los elementos, junto con una mejor nutrición, atención sanitaria y protección social. Los países ricos pueden gastar más en la protección del medio ambiente y en todas las demás cosas buenas. Ser inteligente con el cambio climático también significa que los gobiernos tendrán más recursos para invertir en resolver otros importantes desafíos.

Una de esas inversiones: Deberíamos impulsar la salud materna y neonatal mediante un sencillo paquete de atención obstétrica básica de urgencia y más planificación familiar. Globalmente, esto podría salvar la vida de 166.000 madres y 1,2 millones de recién nacidos cada año, lo que supondría la asombrosa cifra de 87 rupias de beneficio social por cada rupia gastada. Otra inversión fenomenal es la investigación y el desarrollo agrícolas, para ayudar a los agricultores de Indonesia a ser más eficientes.

A nivel mundial, una modesta inversión de 5.500 millones de dólares anuales podría llegar muy lejos y liberar del hambre a 133 millones de personas. Para 2050, esta financiación adicional aumentaría la producción agrícola en un 10%, reduciría los precios de los alimentos en un 16% y aumentaría la renta per cápita en un 4%. Y una agricultura más eficiente reduciría las emisiones climáticas globales en más de un 1%. Cada rupia gastada reporta 33 rupias de beneficios sociales.

En total, dar prioridad a las 12 mejores políticas para el desarrollo en todo el mundo podría salvar 4,2 millones de vidas cada año y generar 1,1 billones de dólares en beneficios económicos con un costo de sólo 35.000 millones al año. Indonesia tiene inmensas posibilidades por delante si sabe aprovechar la oportunidad de invertir con sensatez y buen juicio. Debería evitar el singular enfoque climático de algunos países occidentales e invertir basándose en una ciencia económica rigurosa en áreas en las que pueda tener el mayor impacto y el mayor progreso.

(*) Adaptado de un artículo publicado por el Jakarta Post (Indonesia) el 19 de junio de 2025. Bjorn Lomborg es presidente del Consenso de Copenhague, profesor visitante en la Hoover Institution (Universidad de Stanford, EEUU) y autor de «Falsa alarma» y «Lo mejor es lo primero».

Link al articulo original como referencia:

https://www.thejakartapost.com/opinion/2025/06/19/indonesia-should-not-follow-the-wests-example-on-climate-and-development.html