La agencia espacial china (CMSA) aún no ha definido cuál de los tres será el que se quede el año entero; la decisión se tomará más adelante según el desarrollo de la misión. Los astronautas realizarán experimentos en ciencias de la vida, materiales, física de fluidos y medicina.
Los desafíos no son menores. Según Richard de Grijs, astrofísico de la Universidad Macquarie en Australia, los principales problemas serán la pérdida de densidad ósea, la atrofia muscular, la exposición a radiaciones, los trastornos del sueño y el agotamiento físico y mental. También destaca la necesidad de que los sistemas de reciclaje de agua y aire sean totalmente fiables, y de poder manejar emergencias médicas en el espacio. "China ha demostrado ser muy competente, pero un año en órbita somete tanto a los equipos como a las personas a condiciones muy distintas a las misiones más cortas", explicó.
Ambición China
Esta misión es un paso más en la ambición china de enviar seres humanos a la Luna antes de 2030, compitiendo directamente con el programa Artemis de Estados Unidos. Este año está previsto el vuelo de prueba de la nave Mengzhou ("Nave de sueño"), que reemplazará a las Shenzhou para los viajes lunares. Además, Pekín aspira a construir para 2035 el primer segmento de una base científica habitada en la Luna, llamada Estación Internacional de Investigación Lunar (ILRS).
China ha invertido miles de millones de dólares en las últimas tres décadas para ponerse a la par de Estados Unidos, Rusia y Europa. Sus logros recientes incluyen el primer aterrizaje en la cara oculta de la Luna (2019) y el descenso de un robot en Marte (2021). Excluida desde 2011 de la Estación Espacial Internacional (EEI) por una prohibición de la NASA, China desarrolló su propia estación Tiangong como alternativa.