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Editorial

LA CAUSA DE CUBA ES TAMBIÉN LA NUESTRA

No todos los caminos conducen a Roma

Por Alberto Grille.

Es probable que pocos lectores conozcan la historia de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

Podemos tomar como inicio de este breve relato la ocupación de Cuba por el ejército de Estados Unidos en los últimos años del siglo XIX, luego de que el Reino de España le cediera a la potencia del norte el dominio de la isla y los ocupantes invasores usurparan la victoria de los patriotas que, conducidos primero por el héroe nacional José Martí y luego, muerto Martí, por lo generales José Maceo y Calixto García, habían librado por cinco años la guerra de la independencia contra el poder español.

La ocupación extranjera desnudó los verdaderos intereses norteamericanos de apoderarse de ese prometedor territorio productor de tabaco y caña de azúcar donde los inversionistas y las mafias estadounidenses veían notables posibilidades de lucro.

El dominio militar norteamericano en la isla duró con intermitencias casi toda la primera década del siglo XX, incluyendo dos invasiones, la imposición de los gobernantes civiles y la disolución del ejército local.

Desde el comienzo de su vida independiente hasta el 1º de enero de 1959 en que el ejército rebelde ingresó en La Habana con Fidel Castro a la cabeza, Cuba fue poco más que una colonia norteamericana proveedora de azúcar, tabaco, ron y diversiones para los estadounidenses, incluyendo prostíbulos, narcotráfico, playas, música y casinos, para lucro de la mafia norteamericana.

Durante ese mismo período los marines yanquis pusieron gobiernos y dictadores en Cuba y otros países de Latinoamérica e invadieron Nicaragua, Puerto Rico, Guatemala, Panamá y el puerto de Veracruz en México. En los últimos 60años, EEUU siguió interviniendo en Centroamérica y Sudamérica, propiciando golpes de Estado como en nuestro país, Argentina, Bolivia, Chile, Brasil, Honduras y El Salvador, expulsando a Cuba y Venezuela de la OEA, invadiendo Panamá, República Dominicana y Granada con sus marines, instalando bases militares como en Panamá y Colombia.

Durante la ocupación norteamericana a la isla en 1903, el ejército invasor obligó al primer presidente de Cuba a ceder a perpetuidad una parte de su territorio a Estados Unidos, entregándose al invasor parte de su geografía, lo que hoy es la base de Guantánamo, una de las 80 bases militares que Estados Unidos tiene instaladas en Latinoamérica.

 

Y en eso llegó Fidel y mandó parar

Con el triunfo de la Revolución encabezada por Fidel Castro y ya derrocado el dictador Fulgencio Batista, se terminó la subordinación de la República de Cuba a los designios de la gran potencia que está solo a 90 millas al norte y separada por el mar de las Antillas.

Las primeras leyes de la Revolución, las Reformas Agraria y Urbana, las expropiaciones de las principales empresas americanas en la isla y los centrales azucareros, las sanciones a los grandes terratenientes y a los principales colaboradores de la dictadura, la expulsión de la mafia del juego y la prostitución y la prisión y el enjuiciamiento de los torturadores y asesinos que integraban los servicios represivos del tirano tuvieron una respuesta precoz de la CIA, el espionaje norteamericano y de otros gobiernos sumisos que, desde la OEA, organizaban incursiones armadas, grupos de exiliados organizados en Miami y financiados desde allí y paramilitares y mercenarios reclutados para invadir y hacer incursiones furtivas en la isla.

La CIA no solo intentó asesinar a Fidel 687 veces, también hizo explotar un avión en el aire con una delegación de atletas cubanos, estallar un barco en el puerto de La Habana, sobrevolar el territorio con vuelos espías provocativos, ejecutar al Che Guevara en Bolivia, financiar opositores y hacer atentados en fábricas y escuelas para derrotar la Revolución y cortar ese sueño de soberanía y libertad que iluminaba la vida de los cubanos.

El gobierno norteamericano además dispuso recursos para instalar una radio para transmitir consignas contrarrevolucionarias para Cuba desde su territorio, intervino sus señales de aire, armó bases de mercenarios para hacer incursiones en lanchas rápidas y financió y financia grupos de la mafia cubano americana en Miami, que intentan recuperar sus propiedades perdidas al triunfo de la Revolución y que no solo intervienen en Cuba, sino que también lo hacen en otros países de Latinoamérica sosteniendo fundaciones, think tanks y partidos políticos y proporcionando recursos a políticos que participan habitualmente en reuniones convocadas por ellos, como es el caso del expresidente Luis Lacalle y más notoriamente del fallecido exdiputado Jaime Trobo, muy ligado a la CIA y a los grupos de exiliados cubanos en Miami, quien llegó a ser en nuestro Parlamento presidente de la Comisión de Relaciones Internacionales y curiosamente tesorero del Partido Nacional.

En la Cuba cada vez más agredida, cuando una y otra vez la Revolución derrotaba estos propósitos de aterrorizar a la población, miles de mercenarios dirigidas por la CIA invadieron con lanchas rápidas y armados con armas de guerra en Playa Girón y nuevamente fueron vencidos al desembarcar y fueron tomados miles de prisioneros, sin que los invasores pudieran avanzar ni 100 metros.

Desde ese fracaso de la presión militar, Estados Unidos inició una nueva estrategia, la del bloqueo y “el golpe suave”, con el propósito de someter a la revolución y al pueblo cubano, hacerle claudicar, capitular y rendirse.

 

“Adelante, corred bayameses,
que la patria os contempla orgullosa,
vale más una muerte gloriosa
que morir por la patria es vivir”

 

Frente a esta agresión que cortaba el comercio con la isla y el suministro de alimentos, tecnología y medicamentos y que tenía como objetivo el frustrar esta epopeya que remedaba la de David frente a Goliat, surgió la firme voluntad patriótica de un pueblo que enarbolaba la letra de su himno nacional y transformaba en consigna la estrofa final que recogía la frase de Jose Martí: “Morir por la patria es vivir por siempre”

Es difícil entender cómo una pequeña isla con escasas riquezas naturales, ha podido sobrevivir a la agresión imperial de una superpotencia que la define como su enemigo y que la ahoga económicamente y conspira con todo su poderío político, tecnológico, militar y mediático.

Sin dudarlo, “Patria o Muerte” fue la consigna que le permitió resistir y al mismo tiempo proponer construir un destino más igualitario y solidario, una sociedad más libre en la cual la educación y la salud fuera alcanzable para todos, donde todos nacieran con las mismas posibilidades y donde los niños nacieran para ser felices.

Patria o Muerte fue la divisa nacional, como Libertad o Muerte fue la de nuestros 33 orientales o “la patria o la tumba”, la estrofa que cantamos los orientales en nuestro Himno Nacional.

No es un grito necrofílico como el del general fascista Millán de Astray cuando le espetó a Miguel de Unamuno un aullido de “¡Viva la muerte!” en las aulas de la Universidad de Salamanca.

Patria o Muerte es un canto a la vida, a la dignidad, a la resistencia contra la imposición extranjera y en defensa de la cultura, el modo de vida y las tradiciones de una nación que tiene derecho a decidir su destino, a la autodeterminación y a la no intervención.

Como es sabido, hay cubanos, tal vez muchos, que desearían vivir como en Estado Unidos.

En verdad, muchos cientos de miles lo han elegido sintiéndose protegidos por un país cuya riqueza los encandila.

Muchos han preferido ser sirvientes, porteros, lavacopas, jornaleros, zafreros, negros, “latinos” y mulatos en EEUU que personas pobres y dignas en Cuba.

Muchos o tal vez no muchos quieren a Cuba anexada como Puerto Rico, ni siquiera incluida como una estrella en la bandera estadounidense.

Es sabido también que eso ha ocurrido siempre y que hay gente que prefiere ser esclava que libre.

Es evidente que en Cuba hay problemas, que hay gente desconforme que aspira a vivir mejor, hay jóvenes que tienen sueños y esperanzas que la Revolución no ha podido cumplir y que no conocen el pasado, no valoran los logros de la Revolución en el área social, en la salud y en la educación, logros que son reconocidos y sobre los que no hay dos opiniones.

Muy probablemente ha habido muchos errores y aún los hay, pero es imposible imaginar cuánto mejor y más próspera sería Cuba sin bloqueo.

Es verdaderamente difícil describir con palabras cuánta maldad, cuánta perversidad, cuánta mezquindad encierra el bloqueo de una gran potencia riquísima y casi invulnerable a un pueblo pobre cuya única riqueza es la voluntad indestructible de ser libres y la tenacidad ante la adversidad que ha demostrado ser insuperable.

Sin bloqueo quizás habría más abundancia de comida, más medicamentos, más tecnología y más cosas.

Pero, sin tal vez, sin bloqueo habría también, además, más libertad y los cubanos serían más felices.

Construir una sociedad como la que hay en Cuba debe regirse por el principio de la voluntariedad, pero el que haya decidido continuar leal a su país debe poder hacerlo sin temer la intervención militar extranjera, las provocaciones y mentiras de sus medios de comunicación hegemónicos, las falsedades de las redes sociales o el hambre y la escasez que provocan el cerco y la isla sitiada.

El domingo pasado, alentados por una inmensa red de mensajes que abarrotaron las redes sociales en todo el mundo y por los medios masivos de comunicación hegemónicos, algunos pocos miles de personas en un par de decenas de puntos de la geografía cubana salieron a la calle a protestar, algunos pacíficamente y otros violentamente enarbolando la consigna de patria y vida, como oposición a la consigna de patria o muerte. Inocultablemente esta consigna es la de la rendición incondicional, enfrentados esta dramática opción, esta gente ha optado por declararse vencidos y están dispuestos a entregarse porque dicen que no pueden resistir más.

Sin embargo, el maravilloso pueblo de Cuba, aquellos que defienden la Revolución pese a sus errores y sus carencias han salido a la calle a defenderla, han expresado sin violencia que nadie se va a entregar sin luchar y que, de ocurrir, Cuba venderá cara su derrota.

No fueron necesarios ni intervinieron destacamentos antidisturbios ni hubo represión ni violencia. Sí hubo una advertencia clara a Estados Unidos.

Ni piensen que la Revolución cubana va a ser vencida sin lucha ni que va a ser ahogada por hambre impunemente, y si fuera al fin derrotada, que quede en evidencia para que lo consigne la historia, el desprecio de Estados Unidos por los derechos humanos, la soberanía y la autodeterminación de los pueblos y la memoria de un pueblo digno.

 

En cadenas vivir, es vivir
en afrenta y oprobio sumido.
Del clarín escuchad el sonido,
¡a las armas valientes corred

 

Ayer, mientras regresamos de Salto en una noche oscura y lluviosa, Leandro me recordó una pieza teatral de Miguel de Cervantes en la que él, a los 13 años, actuaba en el teatro El Picadero. La obra, que quizás el lector conozca, se llama Numancia y es la historia de un pueblo Celta en Castilla, un par de siglos antes de Cristo, que soportó por años el asedio de los soldados de Roma comandados por el general Escipión, hasta que ahogada por el hambre sucumbió.

Se dice que había 6.000 pobladores en Numancia y se entregaron 600 que fueron enviados a Roma como esclavos.

Los restantes, la inmensa mayoría, no se entregaron a los conquistadores y se dejaron morir de hambre y sed en medio de epidemias, pestes y cadáveres putrefactos. Algunos se arrojaron desde las torres de la muralla para no dar satisfacción a los romanos de volver a Roma como vencedores.

Las mujeres, negándose a ser tomadas como prisioneras y a ser vejadas por el enemigo, se quitaron la vida y la de sus hijos y le reclamaron a los hombres que no se entregaran a la perversidad del enemigo.

Supongo que los que fueron convertidos en esclavos y murieron agotados en su larga marcha hacia Roma pensaban en la miseria y el engaño que encierra la consigna de patria y vida.

Pero no todos los caminos conducen a Roma.

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