Mientras en Francia el atropello de la ultraderecha se avizora como una posibilidad aterradora, en Uruguay una proporción alentadora de la ciudadanía expuso algo más que inclinaciones introspectivas de las opciones políticas.
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La atención que en la turbulenta atmósfera argentina viene suscitando la represión a la movilización contra la aprobación de la segunda versión de la ley “Bases” declina peligrosamente.
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La fuerza política gobernante, llamada “La libertad avanza”, contiene una omisión literalmente paradojal, ya que avanza hacia un estado de excepción.
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Un fantasma recorre Europa pero ya no infunde terror. El espectro del odio se ha convertido en un huésped familiar, es de la casa, se afinca, crece y se pasea orondo por todas las dependencias del continente.
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En la distopía real de estos juegos del hambre presente, los niños no juegan, solo sufren la más cruel mortificación.
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La importancia de una sinergia regional para superar el inevitable abismo aislacionista de un eventual “progresismo en un solo país”.
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Al igual que los 24 de marzo en Buenos Aires, estas marchas en reclamo de verdad y justicia adquieren una magnitud incontrastable, proporcional al nivel de horror de los crímenes denunciados
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Mover bustos en un damero y traer a Menem a las puertas del salón es tan solo el reflejo simbólico de haber traído, con sus políticas, una nueva tragedia histórica a las puertas de la vida social.
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Ninguna arquitectura político-nacional puede ser más relevante y por tanto tener más derechos que los de los ciudadanos a los que contiene.
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Al alba siguiente de los violentos exabruptos con los que la dupla presidencial argentina replicó a la histórica marcha universitaria del 23A, reconfiguró su estrategia modificando interlocutores y discursos.