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Política Lula da Silva |

Brasil vota y Uruguay mira: una elección que puede cambiar el mapa político regional

Lo que está en juego en Brasil puede cambiar bastante más que Brasil. La elección trasciende las fronteras y Uruguay espera un triunfo de Lula.

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Lula y Flávio Bolsonaro llegan a la primera vuelta separados por pocos puntos y con un balotaje como escenario más probable en Brasil. El resultado tendrá consecuencias políticas, económicas y regionales que afectarán directamente en Uruguay y el gobierno, con Yamandú Orsi a la cabeza lo sabe y sigue de cerca una disputa que puede modificar el equilibrio del Mercosur.

Uruguay mira con atención

Brasil va a las urnas este domingo y en Uruguay la elección se sigue con una atención que excede largamente la curiosidad por la política del país vecino. Con Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro como principales protagonistas, la primera vuelta puede comenzar a definir un nuevo mapa político para América del Sur y tendrá consecuencias directas sobre Uruguay.

Más de 155 millones de brasileños están habilitados para votar en una elección presidencial que, según las últimas encuestas, difícilmente se resuelva este domingo. Los sondeos conocidos en la víspera muestran una disputa estrecha entre Lula y Flávio Bolsonaro y ubican como escenario más probable una segunda vuelta el 25 de octubre.

La encuesta CNT/MDA difundida este sábado le asignó a Lula 47,8% de los votos válidos contra 42,1% de Flávio Bolsonaro, mientras otros estudios muestran incluso un empate técnico. La elección llega, por lo tanto, abierta y con un nivel de incertidumbre que mantiene la atención puesta en cada movimiento de las últimas horas de campaña.

Para Uruguay, sin embargo, la pregunta no termina en quién será el próximo presidente de Brasil. Lo que está en juego es también qué Brasil tendrá la región durante los próximos años.

Brasil, un vecino demasiado importante

El internacionalista Ignacio Bartesaghi advirtió que un triunfo de Flávio Bolsonaro podría dejar al gobierno de Yamandú Orsi “bastante más aislado en la región”, al quedar Uruguay como uno de los pocos gobiernos de izquierda junto con Brasil en América del Sur.

Bartesaghi también marcó diferencias en materia de integración regional. A su juicio, un gobierno de Flávio Bolsonaro sería más receptivo a la posibilidad de flexibilizar el Mercosur y facilitaría el camino que Uruguay viene buscando para ampliar sus vínculos comerciales con otros mercados, particularmente en Asia-Pacífico.

La eventual llegada de Bolsonaro al Palacio del Planalto, por lo tanto, no sería necesariamente negativa para todos los intereses económicos de Uruguay. El escenario tendría matices: podría abrir oportunidades para la agenda de flexibilización comercial que Montevideo reclama desde hace años, pero al mismo tiempo modificaría sustancialmente el vínculo político regional.

Brasil, además, es demasiado grande para que un cambio de gobierno quede encerrado dentro de sus fronteras.

Es la principal economía de América Latina, uno de los actores centrales del Mercosur y un socio comercial estratégico para Uruguay. Por eso, cualquier alteración significativa de su orientación económica, política o internacional repercute sobre el resto del bloque.

La advertencia de un exembajador de Uruguay

El exembajador uruguayo en Brasil Guillermo Valles puso el foco en otro aspecto: la situación institucional del gigante sudamericano.

Valles sostuvo que la polarización política, las tensiones entre los poderes del Estado y la creciente judicialización del proceso electoral generan un escenario que debería preocupar a Uruguay.

“Tener un gigante al lado nuestro en una situación de inestabilidad institucional representa un desafío mayúsculo”, advirtió. Según el diplomático, Uruguay podría enfrentar un período de incertidumbre con consecuencias económicas, dado el peso de Brasil en el comercio exterior, las inversiones y las cadenas productivas regionales.

Su preocupación no está centrada exclusivamente en quién gane la elección. También apunta a la posibilidad de que el resultado sea cuestionado o que la confrontación política continúe después de las urnas.

Valles señaló que existe un clima de sospecha cruzada alrededor del sistema electoral y alertó sobre el protagonismo adquirido por el Supremo Tribunal Federal en la vida política brasileña. En su opinión, la polarización puede prolongarse más allá de la elección y generar un escenario de incertidumbre durante los próximos meses.

Para Uruguay, acostumbrado a observar los procesos políticos de Argentina con particular atención, el mensaje del exdiplomático es claro: mirar solamente hacia Buenos Aires puede significar perder de vista la dimensión estratégica de la relación con Brasil.

“Todo lo que sucede en Brasil nos afecta mucho desde el punto de vista político, económico, social y climático”, sostuvo Valles.

Lula y Orsi, un vínculo político

El escenario también tiene una dimensión política evidente.

Lula mantiene una relación cercana con Yamandú Orsi y el vínculo entre ambos gobiernos ha tenido una expresión política y diplomática que trasciende la relación comercial.

El presidente brasileño también mantuvo una relación histórica con José Mujica, una figura central del Frente Amplio y particularmente cercana al actual oficialismo uruguayo.

Por eso, dentro del Frente Amplio existe especial atención sobre la elección brasileña. La senadora Bettiana Díaz viajó a Brasilia para seguir el proceso y destacó la importancia que tendrá para el futuro de la región.

La elección brasileña es observada así no solamente desde la diplomacia oficial, sino también desde el sistema político uruguayo.

Un cambio que también puede mover al Mercosur

La eventual victoria de Flávio Bolsonaro abre una incógnita particularmente relevante para Uruguay: qué posición adoptaría Brasil frente al Mercosur.

Bartesaghi considera que un gobierno de Bolsonaro podría facilitar la estrategia uruguaya de flexibilización del bloque y favorecer la incorporación de Uruguay al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP).

El internacionalista sostiene que Lula concibe al Mercosur como una herramienta de liderazgo regional y que, por esa razón, mantiene una posición más restrictiva frente a la posibilidad de que los socios negocien individualmente con terceros mercados. En cambio, entiende que Bolsonaro tendría una visión más favorable a la flexibilización.

Pero el propio Bartesaghi introduce una cautela: Brasil no es solamente su presidente.

El peso de Itamaraty —la diplomacia profesional brasileña— y la continuidad histórica de determinadas líneas de política exterior hacen improbable que un cambio de gobierno produzca automáticamente una ruptura con China, los BRICS o el Mercosur.

Eso significa que, gane quien gane, Uruguay seguirá teniendo que negociar con un vecino que tiene intereses propios y una estrategia regional de largo plazo.

La elección que mira toda la región

Lula y Flávio Bolsonaro cerraron este sábado sus campañas con actos multitudinarios y llamados a sus respectivas bases. Lula encabezó una concentración en San Pablo, mientras Bolsonaro recorrió en caravana distintos puntos del país. Todo indica que la disputa continuará después de este domingo.

La primera vuelta brasileña aparece así como algo más que una elección entre dos candidatos.

Es una disputa por el rumbo de la mayor potencia sudamericana, por su relación con Estados Unidos y China, por el futuro del Mercosur y por el lugar de Brasil en un continente atravesado por cambios políticos.

Para Uruguay, el resultado tendrá además una dimensión doméstica. Un Brasil gobernado nuevamente por Lula reforzaría el eje político regional con el gobierno de Orsi. Una victoria de Flávio Bolsonaro, en cambio, modificaría ese equilibrio y podría dejar a Montevideo ante un escenario regional políticamente más distante.

Por eso, mientras más de 150 millones de brasileños se preparan para votar, en Montevideo también se mira hacia el norte.

Porque esta vez, lo que está en juego en Brasil puede cambiar bastante más que Brasil.