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Política inversión | naipes | reformas

LAS "REFORMAS" DEL GOBIERNO

Castillos de naipes: sin inversión no es posible

En diálogo con Caras y Caretas, el economista Martín Vallcorba analizó las tan discutidas -y cuestionadas- reformas de la educación y de la seguridad social.

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“El Gobierno sólo puede hablar de dos reformas y, de ellas, una es más marketing que transformación”. Así definió el economista Martín Vallcorba a las reformas de la seguridad social y de la educación. El excoordinador del Programa de Inclusión Financiera durante la pasada administración dijo a Caras y Caretas que “sin inversión no es posible ninguna reforma: se termina cayendo como cualquier construcción hecha sobre naipes”, refiriéndose a la reforma educativa anunciada por el Gobierno. En cuanto a la reforma de la seguridad social para la que se aprobó una ley en mayo pasado, Vallcorba agregó que la reforma aprobada no logró el punto central, que es resolver la sustentabilidad del sistema.

En cuanto a los números fiscales, el economista sostuvo que en diciembre se registró una mejora que se ubica cercana al 0,6 % del PIB. “Sorprende por la magnitud”, señaló Vallcorba y añadió que “desde marzo de 2023 hasta noviembre de ese año el déficit del Gobierno central y el BPS se movió entre 3,8 % y 4,1 %, mientras que en diciembre registró la mejora mencionada”.

Ante esta reducción del déficit de 0,6 % “las cifras fiscales ahora no son tan preocupantes como eran entre marzo y noviembre pasado”. Se prevé, además, que en 2024 no habrá una mejora adicional porque aumentará el gasto en pasividades debido al aumento de salario real de este año.

¿Y con respecto a 2019, año que se utiliza desde hace cuatro años para comparar las administraciones del Frente Amplio y del Partido Nacional? Vallcorba calificó que se trata de “una leve mejora en el déficit fiscal”, pero sostuvo que “no es demasiado significativa. Hasta setiembre de 2022 hubo un ajuste fiscal importante basado en el menor gasto de salarios y pasividades y también en las inversiones”.

Con respecto a setiembre de 2022, y a pesar de la reciente mejora en el déficit, “de igual manera el resultado es peor porque se fue recuperando la caída de salario y pasividades y aumentaron las inversiones”. “No se puede sobredimensionar la mejora fiscal, continuó, porque el déficit fiscal de 2019 era 3,9 y ahora es 3,2. No se niega la mejora, pero claramente no es sustantiva”.

Por otra parte, “en la actual administración se profundizó una política que se inició con la salida de la crisis de 2002 y que es llevar adelante un conjunto de inversiones, el llamado ‘perímetro fiscal’: gastos e inversiones que se hacen en el presente pero que no se están registrando fiscalmente, sino que se registrarán cuando se empiecen a pagar, gastos actuales que comprometen erogaciones fiscales futuras”.

El economista indicó que “ha habido un aumento de estos gastos no registrados que limitarán el margen de maniobra de la próxima administración”. Ejemplificó que “las obras de infraestructura vial que se están construyendo entran en general dentro de esta categoría de gastos no registrados”.

Lo que dejó el 2023

Pasando raya, el año 2023 cierra con mejora fiscal y en la inflación, pero entre los puntos negativos Vallcorba subrayó “el crecimiento económico muy mediocre en 2023. La última encuesta relevada por el BCU muestra un crecimiento esperado de 0,3 %... prácticamente la economía uruguaya el año pasado no creció y esta ausencia de crecimiento se suma al segundo semestre de 2022 cuando tampoco creció: se lleva 18 meses de ausencia de crecimiento y esto es un dato negativo. Influye la fuga de consumo con la compra de productos en Argentina por parte de los uruguayos, que sin duda incide, aunque la falta de crecimiento de la economía no se explica enteramente por eso”.

Otro punto que explica el pobre crecimiento económico es “el gran atraso cambiario. Cuando uno mira el tipo de cambio real que compara la evolución de los precios en dólares en Uruguay con respecto al resto del mundo, dejando de lado la región por las distorsiones que genera Argentina, entre 2022 y 2023 acumulamos un deterioro del 23 % en nuestra competitividad cambiaria: nuestra producción es 23 % más cara en dólares en relación con el resto del mundo. Esto también contribuye a explicar el magro crecimiento”.

Vallcorba indicó que en 2024 se espera un rebote de la economía luego de 18 meses sin crecimiento. “La última encuesta del BCU muestra un crecimiento esperado de 3,2 % pero aun así, cuando miramos los 5 años de este período de gobierno, incluyendo ese buen dato en 2024, tendremos un crecimiento de la economía extremadamente bajo que apenas superará el 1 % promedio anual de crecimiento. Y ese será uno de los principales desafíos para la próxima administración, porque si Uruguay no retoma tasas de crecimiento mayores a las que ha tenido en los últimos diez años será imposible enfrentar el conjunto de demandas y necesidades que el país tiene. No hay forma de generar los recursos necesarios para implementar esas políticas y atender los sectores más vulnerables si no se logra que la economía vuelva a crecer a tasas relativamente más elevadas”, sentenció.

No hay avances

Respecto a la consigna que acompaña a varios actores políticos del oficialismo acerca de que se plantean continuar con las reformas que han comenzado, Caras y Caretas consultó al economista Martín Vallcorba de qué reformas se trata las que habitualmente se mencionan. “En ese período de gobierno se ve una ausencia importante de avances en los problemas estructurales que tiene Uruguay, más allá del énfasis discursivo de la ministra Arbeleche con las llamadas ‘luces largas’”.

Este gobierno, continuó Vallcorba, “no ha implementado una agenda pro crecimiento relevante: no tenemos cambios significativos en inserción internacional, ni mejoras en aspectos de productividad y competitividad, no ha habido avances en materia de promoción y defensa de competencia en los mercados. Si no se atacan estos temas no se podrá revertir la pobreza infantil, ni mejorar la educación y la formación de capacidades humanas”. La pobreza, agregó, es mayor que en 2019 y compromete el futuro del país porque con 20 % de los niños en situación de pobreza, lejos se está de poder generar capacidades para que Uruguay pueda enfrentar los desafíos que se imponen.

En cuanto a la reforma educativa, Vallcorba indica que se trata de marketing: “Las recomendaciones del último trabajo de Eduy21 indican que cualquier reforma educativa que quiera generar cambios requiere un aumento de la inversión educativa de 1 o 2 % del PIB y lo que pasó en estos años es que la inversión ha caído. Por eso no se ven avances: ni en el corto plazo ni condiciones para que en el mediano plazo Uruguay potencie su crecimiento”. En recapacitación laboral tampoco: sin ella muchos trabajadores estarán preparados para una realidad que ya no existe. Nada de esto se ve en este gobierno y será un desafío para la próxima administración.

Nueva institucionalidad fiscal

Otra de las reformas que se menciona es “la llamada nueva institucionalidad fiscal, pero cuando uno ve la volatilidad de los números fiscales se puede concluir que la regla fiscal tampoco ha tenido relevancia en la política fiscal del país”.

El Gobierno va a tratar de construir el relato de que ha hecho grandes reformas estructurales, pero, desde mi punto de vista, ha hecho poco y nada en reformas estructurales y la que hizo, que fue la de previsión social, más allá de aspectos positivos como unificar los distintos subsistemas en un sistema previsional común y focalizar mejor los subsidios en sectores de ingresos más bajos, tiene problemas importantes, como el aumento al barrer de la edad para jubilarse, porque para muchas personas resulta imposible seguir trabajando hasta los 65 años, porque en muchas actividades es difícil o porque se pierde el trabajo y se sustituye por más jóvenes. La reforma de la seguridad social no sólo no resolvió inequidades en materia de financiamiento como bajos aportes patronales del sector rural, sino que avanzó muy poco en la sostenibilidad financiera del sistema que era la gran preocupación que la motivó. Por tanto, no es una reforma que haya transformado radicalmente la trayectoria de nuestro sistema de seguridad social.

En resumen, se trata de “un gobierno que no tuvo agenda de cambios, que no generó transformaciones ni cambios en problemas estructurales del país y dejó por el camino un conjunto de aspiraciones con las que llegó, como las reformas en el mercado de combustibles y en el mercado de valores”.

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