Lacalle Pou llega al estrado después de un largo período de exposición cuidadosamente dosificada. Desde que entregó el mando a Yamandú Orsi mantuvo un perfil relativamente bajo, con intervenciones puntuales, mientras la conducción partidaria quedó en manos de Delgado y el resto de los dirigentes blancos. Esa ausencia, lejos de disminuir su peso, parece haberlo aumentado.
Una encuesta de Cifra realizada entre el 1.º y el 17 de junio lo ubicó como el dirigente político con mayor nivel de simpatía entre el conjunto del electorado, con 55%. Dentro de la coalición, además, alcanzó 87% de simpatía y el expresidente no piensa poner en juego esa adhesión exponiendose innecesariamente.
El dilema del Partido Nacional
El problema que enfrenta el Partido Nacional no es solamente quién será su candidato en 2029. Antes debe resolver algo más elemental: qué oposición quiere ser.
Las diferencias se hicieron visibles en las últimas semanas. Por un lado están quienes entienden que el Partido Nacional debe controlar al gobierno, marcar sus errores y confrontar cuando sea necesario, pero al mismo tiempo construir una alternativa de poder. Por otro, aparece una oposición más frontal, concentrada en la crítica cotidiana y en la disputa parlamentaria.
Los 14 intendentes nacionalistas representan, en buena medida, otra lógica. En el Congreso de Intendentes conviven con los tres jefes comunales del Frente Amplio y mantienen una relación política que los propios blancos suelen presentar como ejemplo de diálogo y cooperación institucional. Allí la competencia partidaria no desaparece, pero queda subordinada a la necesidad de gobernar territorios concretos.
En el Parlamento, en cambio, la lógica es diferente. La discusión sobre la Rendición de Cuentas mostró hasta dónde puede llegar la confrontación entre el gobierno y los partidos de la Coalición Republicana, que resolvieron no acompañar el proyecto en general aunque sí pretenden respaldar determinados artículos. El escenario se complicó todavía más por la posibilidad de que Cabildo Abierto pueda negociar con el oficialismo y terminar siendo decisivo para la aprobación de algunas iniciativas.
En ese contexto apareció una pregunta incómoda para los blancos: ¿la oposición debe limitarse a impedir que el gobierno avance en aquello que considera equivocado o debe demostrar, desde ahora, que tiene una propuesta distinta para gobernar?
Álvaro Delgado lo resumió al hablar del horizonte electoral. Reconoció que Lacalle Pou es hoy el "candidato natural" del Partido Nacional, pero advirtió que "no hay nada ganado" y que la coalición no puede sentarse a esperar que el gobierno se equivoque. "Nosotros también tenemos que hacer cosas y no ser la alternativa, que suena a descarte", sostuvo.
Da Silva y la presión por una oposición más dura
En ese escenario se ubica la voz de Sebastián Da Silva, uno de los dirigentes que con mayor claridad ha defendido una oposición de confrontación y que, además, ha planteado públicamente expectativas respecto al regreso de Lacalle Pou.
Da Silva llegó a advertir que el expresidente no debe ser presentado como una especie de salvador de la colectividad. Su planteo apunta, en realidad, a otro lugar: Lacalle Pou debe aportar una mirada estratégica mientras los dirigentes que están en el Parlamento se ocupan de la pelea cotidiana.
El problema es que esa posición convive con otra visión dentro del Partido Nacional: la de quienes consideran que Lacalle Pou debe hablar desde una perspectiva de estadista y evitar quedar atrapado en la pelea política diaria.
La expectativa expresada por varios dirigentes va precisamente en esa dirección. Graciela Bianchi, por ejemplo, planteó que el expresidente probablemente evite referirse a los asuntos cotidianos del gobierno y se concentre en la situación internacional y en las reformas estructurales que necesita Uruguay. Rodrigo Goñi también expresó su expectativa de escuchar al exmandatario hablar de los grandes desafíos del país y no bajar línea sobre la coyuntura.
En otras palabras: algunos blancos esperan que Lacalle Pou haga lo que ellos mismos reconocen que no pueden hacer todos los días.
El expresidente y el fantasma de 2029
El regreso de Lacalle Pou tiene, además, una dimensión inevitablemente electoral. Aunque él no ha anunciado una candidatura, buena parte de la dirigencia nacionalista ya lo considera el principal nombre para 2029. Delgado habló de un "candidato natural"; Nicolás Olivera, intendente de Paysandú, sostuvo que la coalición ya tiene candidato y planteó que el debate debería comenzar a centrarse en qué tipo de gobierno se pretende construir con él.
El propio Lacalle Pou había llamado a pensar en 2029 durante una de sus apariciones vinculadas a la elección de representantes del Directorio nacionalista. Y su presencia en el acto del domingo será leída inevitablemente bajo esa perspectiva, aunque el expresidente vuelva a insistir en que todavía no es momento de hablar de candidaturas.
Hay, además, una cuestión que trasciende al Partido Nacional: la Coalición Republicana.
Los blancos todavía no tienen resuelto si en 2029 competirán bajo un lema común o si cada partido conservará su identidad y presentará un programa compartido. Delgado admitió recientemente que esa decisión aún no está tomada y que una de las posibilidades sería que los partidos realicen sus respectivas internas pero lleguen a las elecciones con un programa común elaborado con anticipación.
Por eso, cualquier definición de Lacalle Pou sobre la coalición, su futuro y la necesidad de construir una alternativa común tendrá un peso considerable.
Un gobierno que tampoco es ajeno al regreso
La expectativa no se explica solamente por los movimientos de la oposición. También tiene que ver con el momento que atraviesa el gobierno de Yamandú Orsi.
El Frente Amplio comienza a transitar su segundo año de administración y, al mismo tiempo, se prepara para su propio debate interno. Este sábado realizó un Plenario Nacional en el que avanzó sobre el documento base para el Congreso Ordinario de octubre. Desde allí, Fernando Pereira introdujo una comparación que también revela cómo el oficialismo observa el regreso de Lacalle Pou: admitió que probablemente Orsi no luzca tan bien "en la tribuna" como el expresidente, pero sostuvo que "en la cancha gobierna mejor".
La respuesta es significativa porque muestra que el regreso de Lacalle Pou no es un asunto exclusivamente blanco. El Frente Amplio también sabe que enfrenta a un dirigente con una capacidad comunicacional y una imagen pública particularmente fuertes.