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Política izquierda | elecciones |

Desafío

Los dilemas de la izquierda española

La unidad de las izquierdas españolas vuelve a ocupar la escena política ante las elecciones generales del 29 de noviembre

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Caras y Caretas Diario

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El entendimiento anunciado el 12 de octubre entre Podemos y Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Podemos apoyará la candidatura republicana en Cataluña e Irene Montero y Gabriel Rufián compartirán actos de campaña, expresa la voluntad de cooperación, pero también las dificultades para construir una alternativa común.

La pregunta es qué proyecto puede reunir a organizaciones que discrepan sobre el liderazgo, la relación con el PSOE y la organización territorial del Estado.

El ciclo abierto por Podemos

La irrupción de Podemos en 2014 alteró el sistema político dominado por el PSOE y el Partido Popular (PP).

La crisis económica y el 15.M alimentaron la impugnación de los partidos tradicionales.

Bajo el liderazgo de Pablo Iglesias, Podemos convirtió parte de ese descontento en una fuerza que disputó al socialismo la representación de las izquierdas.

Aquel ciclo no se consolidó como prometía. Las disputas internas y las dificultades para ampliar su base contribuyeron al desgaste.

La salida de Iglesias de la primera línea política en 2021 simbolizó un cambio de etapa.

La creación de Sumar, encabezada por Yolanda Díaz, y la incorporación de Podemos a esa candidatura en 2023 abrieron otra discusión: ¿la confluencia ampliaría el espacio progresista o diluiría la identidad de sus integrantes?

La ruptura posterior mostró que sumar organizaciones no garantiza una dirección compartida.

Para algunos, primaron los personalismos; para otros faltó un programa capaz de ordenar las diferencias.

Montero, Rufián y la cuestión territorial

El acercamiento entre Irene Montero, una de las principales referencias de Podemos, y Gabriel Rufián, portavoz de ERC en el Congreso, vuelve a poner el dilema sobre la mesa.

El acuerdo es concreto: Podemos no presentará candidatura propia en Cataluña y apoyará la de ERC, mientras ambos dirigentes harán campaña juntos.

No equivale a una confluencia general de todas las izquierdas.

La decisión provocó críticas de los Comuns, que la consideran un obstáculo para el Frente Amplio que negocian con Movimiento Sumar, Izquierda Unida y Ma Madrid.

Un paso hacia la unidad puede complicar otra negociación unitaria.

Más allá de las rivalidades personales, el episodio revela diferencias sobre cómo articular las fuerzas estatales con partidos que reivindican una identidad nacional propia.

¿Qué significa la unidad de España?

La cuestión territorial es un dilema histórico de la izquierda española.

La idea de España como una nación unida por una lengua, una historia y una tradición compartidas también se expresan en la celebración del 12 de octubre.

La Constitución de 1978 recoge esa tensión: afirma la «indisoluble unidad de la Nación española» y reconoce la autonomía de las «nacionalidades y regiones».

Cataluña, el País Vasco y Galicia tienen tradiciones diferentes.

El independentismo catalán no equivale al nacionalismo vasco ni al galleguismo: el federalismo tampoco implica necesariamente defender la independencia.

La plurinacionalidad propone reconocer varias realidades nacionales dentro de un mismo marco político, aunque sus consecuencias institucionales siguen en debate.

Para una parte de las izquierdas, esa diversidad debe formar parte de cualquier proyecto común.

Para otras, la prioridad es construir una alternativa estatal para toda España.

La tensión aparece cuando la coordinación se diseña desde Madrid y las fuerzas territoriales deben decidir hasta dónde subordinan sus estrategias.

La iniciativa de Rufián plantea una pregunta que va más allá de las listas: ¿puede construirse una izquierda común que reconozca la pluralidad nacional sin relegarla ni ocultar las diferencias sobre la continuidad del Estado?

El espejo de los rivales

Desde Felipe Gónzalez y José Luis Zapatero hasta Pedro Sánchez, el PSOE ha cambiado sus estrategias y alianzas.

La irrupción de Podemos cuestionó su posición dominante; los gobiernos de coalición abrieron otro interrogante: ¿la izquierda alternativa transformó al PSOE o este recuperó parte del espacio que había perdido?

El PP y Vox añaden otra dimensión. Aunque comparten posiciones, no son idénticos: el PP representa el conservadurismo institucional, mientras que VOX defiende un nacionalismo español más centralista y confrontativo con las demandas soberanistas.

También importa cómo las derechas interpelan a los jóvenes y qué respuestas encuentran a sus inquietudes sobre vivienda, empleo y expectativas de futuro.

Atribuir todo ese fenómeno a la desunión progresista sería insuficiente.

La unidad electoral puede responder a una necesidad inmediata, pero no sustituye un programa capaz de ofrecer respuestas sobre vivienda, empleo, salarios y servicios públicos.

Tampoco basta con encontrar una figura que represente a todo el espacio.

Sumar mostró que el liderazgo de Yolanda Diaz no eliminó las diferencias organizativas ni los desacuerdos estratégicos.

La unidad electoral aparece, así como una respuesta de emergencia ante el avance de las derechas, pero el dilema de fondo permanece intacto.

Al reducir la discusión a un acuerdo de siglas para el 29 de noviembre, el espacio de izquierdas posterga el debate sobre su propio programa.

Habrá que ver qué sucederá en estos días de campaña para determinar si la urgencia de las urnas fuerza una convivencia pragmática o si las diferencias estratégicas consolidan la fragmentación.