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Política Pedro | EEUU |

Al vil precio de la oportunidad

Pedro el escamoso: drama en tres actos

Pretenden presentar a la mafia narcótica de EEUU como paladín de la lucha antidrogas, Pedro Bordaberry pide pista para arrimarse a sus mandantes.

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Primer acto

Hace pocos años, en 2021, el comisario Hubert Arturo Acevedo, tras ser nombrado jefe de la Policía de Miami, hizo afirmaciones que no sorprendieron a sus interlocutores pero que confirmaron las sospechas de los allí presentes. Nacido en Cuba, y con impecable hoja de servicios en Austin y Houston, el jerarca policial comentó que “Miami está dirigida por la mafia cubana”. A continuación, entre sus primeras medidas solicitó investigar a tres concejales de la ciudad.

Acusado de “comunista” por los medios, el defensor del orden y la ley refutó: “Si alguien me dice que soy socialista, que se atreva a decírmelo en la cara. Yo soy un gusano, de familia gusana, y siempre me opondré al socialismo”.

Francis Suárez, en ese entonces alcalde de Miami, lo suspendió seis meses, diciendo: “Acevedo tiene las calificaciones para el cargo, pero su personalidad y estilo de liderazgo son incompatibles en la estructura del gobierno de la ciudad”. Por ejemplo, su solidaridad con la familia de George Floyd, asesinado por un policía blanco de Mineápolis, o por pedir mayor control de armas de fuego.

Si a partir de este hecho relativamente reciente nos remontamos un poco a la historia, recordaremos que en septiembre de 1933 el sargento Fulgencio Batista lideró en Cuba un golpe de Estado, y en un abrir y cerrar de ojos apareció en la isla el temible Lucky Luciano, jefe de jefes de las mafias estadounidenses.

Según Batista, Cuba estaba “en trance de convertirse en una república soviética”, y esto lo llevó a la represión contra los líderes sindicales de las centrales azucareras.

En el decenio de 1940, Cuba se convirtió en el mayor centro financiero de lavado de fortunas ilícitas provenientes de Estados Unidos, creándose un conjunto de instituciones bancarias y financieras, con más de 50 bancos y 200 sucursales legales, hacia una economía de servicios. Hoteles de lujos, casinos, juego clandestino, prostíbulos, crímenes y drogas convirtieron a La Habana en el prostíbulo de los Estados Unidos.

Simultáneamente, tomaba forma el esquema de dominio entre la mafia estadounidense y los servicios de inteligencia de Estados Unidos. En 1942, por ejemplo, el presidente Franklin D. Roosevelt entregó la responsabilidad de la inteligencia en Cuba a Meyer Lansky (lugarteniente de Luciano), por su cercanía con Batista.

El maridaje entre Washington y las familias de la mafia instaladas en La Habana fue cuidadosamente investigado en 1950-51 por una comisión del Senado presidida por el demócrata Estes Kefauver. La comisión dio cuenta de una “conspiración monstruosa y ultrajante”, probando que Miami, Tampa y Nueva Orleans eran las ciudades más afectadas por una indisoluble trinidad de intereses: crimen organizado, negocios y política.

“No había en el sur de Florida, ni siquiera en Estados Unidos, lugar tan impune para las operaciones como Cuba”, observó el senador Kefauver. Pero sus descubrimientos quedaron en agua de borrajas, a través de un dilatado proceso manipulado en las más altas instancias. Políticas y judiciales que nunca alcanzó a finalizar porque el 1 de enero de 1959 Fidel Castro entró en La Habana con su ejército rebelde y desarticuló ese entretejido de negocios sucios, casinos, drogas, lavado de dinero, mafias y prostitución que convivía con los políticos y empresarios norteamericanos en una Cuba convertida en un burdel de los Estados Unidos.

Ese mismo día, el 1º de enero de 1959, con 17 millones de dólares del Tesoro Nacional, aterrizó en Miami el primer terrorista cubano: Rolando Masferrer (1918-75). Esta para entonces inmensa fortuna le permitió organizar La Rosa Blanca, primera organización contrarrevolucionaria del exilio y matriz de grupos como Cuba Libre, Alpha 66, Movimiento 30 de Noviembre, Hermanos al Rescate, etcétera.

Como en el sudeste asiático, los políticos derechistas de Washington forjaron una alianza entre la CIA y el crimen organizado en el sur de Florida. Y así nació el próspero y multimillonario negocio de la “lucha por la libertad” en el que, indistintamente, terroristas cubanos y republicanos o demócratas fueron controlando, gradualmente, la política exterior estadunidense (casos Watergate, fraude comicial en Florida que dio la presidencia a George W. Bush en 2000, y buena parte de los golpes derechistas de América Central y el Caribe).

Durante 65 años, el tema de Cuba ha servido para promover carreras de políticos que encandilan a sus votantes para que crean que el fantasma de Fidel aún los persigue en el sur de Florida.

En noviembre de 2020, Trump dijo: “Si tenemos Florida ganamos”, confirmando que las mafias no son grupos marginales del sistema capitalista sino agrupaciones funcionales del poder.

Segundo acto

Unos meses después de anunciar su nueva Doctrina de Defensa, el presidente de Estados Unidos ha anunciado su propósito de poner en marcha el Escudo de las Américas. El mandatario republicano se propuso reunir a una docena de presidentes de la región para convocar a una iniciativa que llamó Escudo de las Américas, porque, según los organizadores, "el hemisferio occidental es absolutamente fundamental para la seguridad de EEUU".

Paradojalmente, el lanzamiento de la iniciativa se realizó en la ciudad de Miami (Florida), en donde opera la mafia cubano-norteamericana que controla buena parte del delito organizado en los Estado Unidos y la casi totalidad del crimen, el juego, el narcotráfico y la prostitución en el Estado de Florida, así como la relación del crimen organizado con la política, la CIA y los organismos de seguridad.

Todos los mandatarios invitados son afines a Donald Trump en términos ideológicos, y todos están dispuestos a resignar soberanía en sus países, admitir tropas americanas en sus territorios y ofrecer a dichas fuerzas de intervención inmunidades para actuar sin someterse a leyes locales ni tribunales de justicia.

En el marco de la primera Cumbre Escudo de las Américas se llegó a un acuerdo para formar una alianza destinada a combatir el narcotráfico y el crimen organizado, como la describió Trump, aunque sería ingenuo ignorar que este proyecto se enmarca en su doctrina estratégica de control imperial de la región.

"Acordamos usar fuerza militar letal para destruir estos siniestros cárteles y sus redes terroristas", dijo el inquilino de la Casa Blanca. Tras denunciar que organizaciones criminales transnacionales se han hecho "con grandes áreas" de algunos países de la región, el mandatario republicano aseguró que, "de una vez por todas, nos desharemos de ellas".

"Muchos de los cárteles han desarrollado habilidades militares muy sofisticadas y muchas veces son más poderosos que algunas fuerzas militares, y no podemos aceptar eso", aseguró, al tiempo que entre risas ofreció a los asistentes "misiles de precisión" para acabar con estos grupos. "Estas organizaciones representan una amenaza para la seguridad nacional y una vía para nuestros adversarios. Y, por eso, no los queremos cerca de nuestro país", remató.

Las declaraciones del mandatario republicano parecen el preludio de que se repetirán operaciones conjuntas como las que recientemente realizaron fuerzas estadounidenses y ecuatorianas en otros países del sur del continente. Sin embargo, las llamativas ausencias en la cumbre de Florida de los presidentes de México y de Colombia, Claudia Sheinbaum y Gustavo Petro, despiertan preocupación, en virtud de que ambos presidentes han rechazado la injerencia norteamericana en sus territorios. Lo mismo sucede con Brasil, cuyo presidente, Lula Da Silva, ha rechazado la posibilidad de que el Gobierno de Estados Unidos declare al Comando Capital y el Comando Vermelho como “organizaciones terroristas que interfieren en la seguridad de Estados Unidos”.

Es muy claro que el combate al narcotráfico no es el único objetivo, porque explícitamente Trump incluyó entre los objetivos el combate a la inmigración ilegal. "Vamos a trabajar con ustedes muy de cerca en el combate del tráfico de personas", dijo, al tiempo que anunció que buscará acuerdos con estos países para enviarles migrantes deportados.

El narcotráfico, el terrorismo, la inmigración ilegal son probablemente sólo motivos puntuales para una jugada con contenidos más estratégicos de dominio regional que ya se ha manifestado en sus choques con Canadá, en su apetencia por Groenlandia y en su prepotente intervención para recuperar en control del Canal de Panamá.

Por otra parte, siempre China está en la mira en la medida que el propósito fundamental es poner obstáculos a la expansión china en la región. En definitiva, la Doctrina de Seguridad Nacional quiere levantar un cerco contra potencias adversarias y, aunque no se mencione, esto está claramente dirigido a China y su estrategia de promover proyectos de infraestructura, inversiones e incrementar las relaciones de intercambio comercial en la región.

Volvemos, entonces, al principio de esta nota. El escudo es otro paso más en la materialización de la Doctrina de Seguridad Nacional que Washington publicó en diciembre pasado. En ella se anunciaba que EEUU buscaría "restaurar su preeminencia en el hemisferio occidental", y se presentaba a China como "una economía depredadora".

La doctrina ha sido bautizada desde la Casa Blanca como Donroe, por ser una versión actualizada de la Doctrina Monroe de 1823, en la que EEUU rechazaba cualquier posible interferencia de potencias coloniales europeas en el continente, protegiendo sus intereses de dominación en lo que consideraba su patio trasero.

Tercer acto

Uruguay tampoco fue invitado a la Cumbre de Miami. El motivo aún no se conoce. O porque aquí las mafias no son tan peligrosas o porque hay un gobierno de izquierda, o porque no se nos percibe como un aliado relevante o porque pasamos por debajo del radar. No obstante, al sistema político, semejante olvido, condena o menosprecio le causó preocupación.

Curiosamente, el que primero percibió el “olvido” fue Pedro Bordaberry. Pedro no mereció ser olvidado porque es el más cipayo de todos y el único político que ha sido señalado por mantener vínculos familiares y personales con elementos muy vinculados al narcotráfico, al lavado de dinero y al contrabando en los círculos del poder de Paraguay, particularmente con el expresidente Horacio Cartes, hasta hace poco investigado por vínculos con el tráfico de narcóticos y el lavado de dinero por la Justicia norteamericana, y con Alejandro Domínguez, presidente de la Conmebol, vinculado estrechamente al exdictador Alfredo Stroessner e hijo de Domínguez Dibb, que construyó su fortuna con el contrabando de cigarrillos a Brasil.

No fue el herrerista Luis Alberto Heber, ministro del Interior, que otorgó el pasaporte al narcotraficante Marset; ni Luis Lacalle Pou, que ordenó destruir un expediente relacionado con la investigación judicial del otorgamiento de ese documento; ni el diputado Juan Martín Rodríguez, quien fuera secretario de Jaime Trobo, relacionado con la CIA y el exilio cubano en Miami, que en la actualidad continúa con los vínculos en Florida, probablemente con su relación con la CIA y que se desempeña como secretario del Parlamento Latinoamericano. Fue Pedro Bordaberry el que cacareó y declaró fuertemente que Uruguay no podría quedar fuera del Escudo de las Américas.

Semejante invitación al imperio no parece haber concitado adhesiones, al menos explícitas, y tampoco parece haber llamado la atención. Quiero creer que, al contrario, merecerá repudio semejante insinuación para que los Estado Unidos y Donald Trump nos inviten a formar parte de su sistema de colonias. El haber dicho que no podemos dejar pasar esta oportunidad es un insulto a nuestra soberanía, a nuestras instituciones, a nuestras Fuerzas Armadas y a la Policía, a nuestro sistema jurídico y a nuestra conciencia artiguista.

Puede que se haya sentido aludido cuando se habló de algunos temas que le incomodan y haya salido a sugerir que no lo miren como al que se escapa un pedo en la clase, pero no debería preocuparse porque, tal vez cuando se hablaba en Miami de crimen organizado, no se hablaba de lavado, de evasiones impositivas, ni de Cartes ni de las sociedades anónimas deportivas, ni de él.

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