Por: Tormenta de ideas
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Podemos argumentar que puede ser aún más efectivo que los estímulos de la Comap y probablemente con mucho menor costo fiscal.
Podemos dividir las medidas en 2 grandes categorías:
- Las que permitan ampliar el crédito.
- Las que permitan mejorar la competencia en el sistema bancario y reducir la extracción de rentas monopólicas por parte de la banca privada, que terminan giradas al exterior.
Estas últimas son las cosas que tal vez gustan a Oddone, “medidas micro” o de “expansión de oferta” si queremos hablar en el lenguaje hermenéutico de las élites de economistas.
No es necesario explicar los beneficios que tiene expandir el crédito para el sector productivo. Cada dólar que se logra prestar contra una inversión productiva se multiplica al menos una vez y media en inversión. Esto quiere decir que si realmente el Estado quiere fomentar el riego, la producción ovina, la pesca, etc., la manera más eficiente y efectiva es instruirle al BROU que haga un plan de colocación de créditos en esos sectores, con objetivos concretos y medibles de crecimiento.
El Poder Ejecutivo no le puede decir al BROU a qué fulanito prestarlo. Muy diferente es decirle qué desea colocar en determinados sectores estratégicos. La burocracia del BROU debe cuidar la calidad del crédito, ese es su mandato. No definir de hecho la estrategia de desarrollo productivo nacional, eso es competencia del Ejecutivo a través del MEF. Claro, quizás en alguna época el MEF debía consultar primero a la Asociación de Bancos Privados... Pero quiero estar seguro de que ese no es el caso hoy.
Comencemos por analizar la capacidad de prestar del banco país. Que si se tratara de una fábrica sería el equivalente a la capacidad ociosa, que marca todo lo que se podría crecer sin aumentar significativamente los costos fijos.
Hoy el BROU tiene créditos en su activo por aproximadamente 8.600 millones de dólares, colocando así sólo una fracción de sus casi 22 mil millones en depósitos. Esto resulta en niveles de disponibilidades y colocaciones en el exterior que totalizan 15.000 millones de dólares, contribuyendo así a financiar la guerra de Ucrania, Irán y casas y sistemas de Salud en Estados Unidos y España, pero por supuesto a nadie se le vaya a ocurrir prestar eso en Uruguay. Quizás no sea del agrado de los agentes oficiosos de los intereses de la banca privada y de pronto de algún integrante del equipo económico.
En efecto, basta con ver qué hace la banca privada con sus depósitos para confirmar que la del BROU es una estratégica excéntrica a los principios de la banca y los intereses nacionales. Concretamente, la banca privada presta 19 mil millones contra poco menos de 26 mil millones de dólares. O sea, presta tres cuartas partes (o 75 %) de lo que capta, mientras que el “banco país” presta solo un 40 % de lo recibido en depósitos. La variable de ajuste, claramente, y tratándose de un sistema dolarizado, son las colocaciones en dólares en el exterior.
Si la banca privada lo hace, puede decir que prestar más no infringe ninguna de las reglas escritas por el BCU, aunque no puedo decir lo mismo de toda esa maraña de “reglas de juego” implícitas que se aseguran mantener permanentemente podadas a las empresas públicas.
Ese 35 % de diferencia entre BROU y banca privada marca que el BROU podría prestar otros 4 mil millones más si decidiera tener la misma estructura de balance que los privados. Y vale destacar que estos últimos ya de por sí trabajan con niveles de liquidez elevados para los estándares internacionales y la normativa nacional.
Supongamos que el BROU prestara solo la mitad, digamos 2 mil millones de dólares. Para hacerse una idea del impacto que eso podría tener, esa cifra es equivalente a todo el crédito industrial y rural del BROU. Otra manera de verlo es que tenemos casi 7 veces esa cifra colocada en el exterior.
Algún escéptico podría intentar argumentar que el problema está en la capitalización. Pero tampoco esto explica la diferencia, ya que tanto BROU como banca privada tienen patrimonio en el entorno de 3 mil millones.
No hay ilusión, ni por el BROU pasa la solución a todos los problemas, ya que claramente no alcanza con expandir el crédito en buenas condiciones. Pero es un buen punto de partida y una contribución modesta que hemos conversado en equipo para aportarla al compañero Álvaro García y a las autoridades del Ministerio de Economía.
En una próxima columna, no muy lejana en el tiempo, nos ocuparemos de las “medidas micro” que desde el BROU pueden contribuir a bajarle el costo a trabajadores, jubilados y pequeñas empresas.