Todas la naciones, casi siempre, terminan siendo reconocidas como Estados. Uruguay tiene la particularidad que primero fue Estado y luego fue forjando su identidad nacional, y lo logró. Podríamos decir que primero fuimos puerto, luego Estado y finalmente nación. Y eso, justamente, por haber sido un puerto estratégico. El puerto ha sido un protagonista esencial en todos los procesos de independencia de América.
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Veamos Argentina, por ejemplo, donde la importancia del puerto fue tal, que al contrario de lo que normalmente ocurre, el Estado nacional demoró en consolidarse a raíz de ello. Primero, por la lucha de unitarios porteños y federales del interior. Pero luego porque Buenos Aires no quería ser capital para preservar en exclusividad su puerto.
Es más, la primera Constitución argentina (1853) llevó décadas en poderse aplicar, por el puerto. En efecto, en la medida que la misma establecía que Buenos Aires sería la capital, llevó décadas antes que los ciudadanos de esta lo aceptaran. Hasta se intentó la fórmula de que la Provincia de Buenos Aires prestara la ciudad para que se estableciera el gobierno.
Dicho esto, desde Solís en adelante, se sabe que el Puerto de Montevideo tiene mejores condiciones naturales que el bonaerense. No solo porque es menos rocoso, sino porque, además, por un tema de corrientes, el de Buenos Aires precisa mayor trabajo de dragado permanente que el nuestro.
Cualquier obra, modificación de infraestructura, etc., requiere de un complejo proceso de consultas y autorizaciones de Argentina fruto de un muy especial tratado de límites del Río de la Plata. Debo decir que a Uruguay lo olvida y así lo ha hecho siempre. Pero si no fuera por el golpe de Estado de Bordaberry, el tratado no se hubiera firmado.
Perón viajó a firmarlo a Montevideo, lo ratificó el Consejo de Estado designado por el dictador. Restaurada la legalidad, fue ratificado, porque honrar los compromisos internacionales está en nuestra mejor tradición. Dicho lo cual, avisemos a los jóvenes y recordemos a algunos gobernantes que Wilson Ferreira hizo de su oposición a dichos tratados su bandera en los años 72 y 73, cuando ocupó la presidencia de la Comisión de Asuntos Internacionales.
A raíz de su oposición a las negociaciones que llevaba adelante Bordaberry, fue que este pensó en pedir su desafuero cuando Wilson denunció al orden de seguridad Nº 14 de la Armada Nacional. No olvidemos: una multitud de jóvenes acampó en avenida Brasil y la rambla para evitar que lo llevaran preso. (La consigna coreada es irrepetible).
Corremos el riesgo que esta parte de la historia se olvide. Sobre todo cuando un gobierno del que fue su partido, entre gallos y medianoches, pretende darle el monopolio del puerto a una multinacional, privatizándolo y extranjerizándolo al mismo tiempo, por más de medio siglo. Sin licitación. Sin dar la más minima explicación.
Con las cosas que he escrito, no debo advertir que me opondría totalmente raspando hasta el hueso para buscar las verdaderas razones para semejante desatino. Los primeros párrafos explican por qué. Pero aun si no se estuviera de acuerdo con mi opinión, tras el prolijo repaso de la importancia del puerto, no queda lugar a dudas que nada en este tema se puede hacer sin una gran discusión pública.
Tratar de generar consensos, claro está. Pero sobre todo nada de secretos, cláusulas reservadas y negociaciones sin acta. No, para algunos de nosotros, implica la enajenación de la soberanía nacional. Había un prestigioso fiscal que sostenía que era este el más grave delito en que se podía incurrir. Se reunía la Cámara de Transporte por el aforo de la covid, y el Ministro de Transporte no iba. Estaba en estos temas.
Fruto de una tragedia que dolió al país entero, ya el titular de la cartera no está más al frente de la misma. ¿El subsecretario Olaizola sabe de qué hablamos? ¿El nuevo ministro sabe de todo lo que se negoció? ¿Están ambos de acuerdo?
Yo quisiera saber qué piensan el sector privado, los trabajadores, las fuerzas sociales organizadas, los partidos, el Parlamento. Para empezar me gustaría saber qué opina el canciller, no voy a cometer el agravio de pensar que está de adorno y desconoce el tema.
El puerto no es poca cosa. El gobierno tiene la palabra.
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