A su vez, el financiamiento juega un papel crítico en esta agenda. Las instituciones financieras estatales de los países miembros están en una posición privilegiada para dirigir capital hacia sectores estratégicos. Con la existencia de numerosos bancos de desarrollo públicos y fondos soberanos que poseen experiencia en inversión a largo plazo y en iniciativas de desarrollo sostenible, se abre un camino fértil para la cooperación. Estas instituciones no solo deben corregir fallas del mercado, sino también actuar como catalizadores de transformación estructural, imponiendo condiciones sociales y ambientales a sus inversiones. De este modo, se puede fomentar la innovación y garantizar que el apoyo público contribuya a construir modelos económicos más inclusivos.
Un enfoque efectivo requerirá establecer objetivos claros a corto, medio y largo plazo. Por ejemplo, la meta de BRICS+ de triplicar la capacidad de energía renovable para 2030 es un paso significativo que puede guiar acciones concretas. Los países miembros deberán identificar sectores propensos a mejoras en productividad y eficiencia, aprovechando dinámicas que van desde la demanda efectiva hasta mecanismos de reducción de riesgos.
Sectores clave como las cadenas de valor para minerales críticos y bioinsumos energéticos, como el combustible de aviación sostenible, ilustran el potencial de cooperación. Países como Brasil, que ya han realizado avances en estos campos, están bien posicionados para compartir tecnología y experiencia a cambio de financiación estratégica.
La presidencia de Brasil en BRICS+ ofrece una oportunidad sin precedentes para movilizar recursos e institucionalizar esfuerzos en torno a un desarrollo sostenible y equitativo. La necesidad de un modelo de cooperación que refleje las realidades económicas del Sur Global es más urgente que nunca, especialmente en un contexto internacional marcado por el aumento del proteccionismo y la incertidumbre económica. Al centrar la estrategia en la equidad social y en el desarrollo sostenible, BRICS+ podría redefinir las normas de colaboración en la economía global, sentando las bases para un futuro más inclusivo y resiliente.