Hay un momento de convulsión en materia de derechos laborales en el mundo y particularmente en la región. ¿Qué análisis se ha hecho desde el gobierno sobre los efectos que puede llegar a tener en Uruguay? Estamos viviendo determinados tiempos en el mundo y en el Uruguay. Tenemos un alto consumismo y es una característica de estos tiempos que impacta en toda nuestra vida, un individualismo que se propone y se fomenta desde algunos sectores, una inmediatez. Yo creo que la empresa PedidosYa no es una casualidad, es un síntoma de esta época. Existe, además, un auge de la frivolidad. Vivimos en un mundo en el que es fomentada, es promovida, es impulsada como parte de una estrategia, en nuestra opinión, de cultura y de ideología. Vivimos en un mundo globalizado, y yo creo que ahí hay una batalla por la cultura, por la identidad que tenemos que dar. Y creo que también vivimos en un mundo de transversalización de ideas que ya no tienen tanta localización originaria como antes. Si hoy miramos las ideas de Donald Trump, las de Emmanuel Macron o las de Michel Temer, no son muy diferentes. A mí me duele mucho pensar que la Francia de la igualdad, la libertad y la fraternidad hoy tenga un presidente electo democráticamente que entre las primeras medidas que hizo votar fue tener cinco ordenanzas para, por decreto, hacer una de las más profundas reformas laborales que están en proceso en el mundo. Vivimos en un mundo de alta movilidad; hoy la migración es un fenómeno internacional, empiezan a desaparecer algunas fronteras aunque cada vez en el mundo hay más muros. Antes era famoso el muro de Berlín, pero nunca hubo tantos muros en el mundo como ahora: son más altos, más grandes, más largos, más gruesos y, sin embargo, vivimos en un mundo de absoluta migración y nuestro continente es de las zonas en que el fenómeno se da con mayor intensidad. Uruguay, desde 2010, dejó de ser un país de emigración para ser un país de inmigración. Éramos expertos en expulsar; ahora tenemos que aprender que la inmigración es positiva y tenemos que aprender a ver cómo incorporamos este dato a la realidad. Tenemos un mundo de acuerdos comerciales y nosotros queremos acuerdos comerciales con cláusulas laborales y cláusulas sociales. Un mundo en que las nuevas tecnologías llegan muy rápidamente y muy masivamente. Hasta hace pocos años se discutía en Uruguay si los pobres con la plata del Mides podían comprar celulares; hoy tenemos siete millones de celulares, dos por habitante. Quiere decir que algunos tienen cuatro o cinco, y hoy el celular para lo que se usa menos es para hablar por teléfono. Y estas son realidades que tenemos. ¿Cómo se hacen compatibles, entonces, esas realidades de consumismo, individualismo, inmediatez y frivolidad con la herramienta de negociación colectiva? Y ahí aparecen dos corrientes: una que es, ante todo, más diálogo y negociación colectiva o, ante todo, esto menos diálogo y menos negociación colectiva. Nosotros, como gobierno, queremos más diálogo y más negociación colectiva para encarar todas estas cosas, porque estas cosas existen y hay que encararlas, entonces por eso es que estamos en contra de lo que se impone en Brasil, Francia o Paraguay. Yo trabajé 15 años en una fábrica de madera como obrero de fábrica; trabajábamos, por ejemplo, de lunes a viernes, nueve horas, para no trabajar los sábados, y si cumplíamos 45 horas, cobrábamos 48. Estoy hablando de más de 25 años atrás. Ahora, una cosa es negociar el horario y otra cosa es que me digan que debo trabajar 12 horas y que una mujer embarazada tiene que trabajar en lugares insalubres por una ley que va a entrar en vigencia en noviembre en Brasil, que ya fue aprobada; una cosa es cómo podemos discutir algunas cosas, como por ejemplo el tema de este horario, que no es nuevo. Yo he visitado empresas en Uruguay que trabajan más horas diarias para tener cuatro días de descanso porque se necesitan trabajadores de todo el país y estos prefieren tener más días de descanso para poder ir a sus departamentos de origen alejados de la empresa, y estas son realidades que tenemos. Una cosa es si se llega por negociación y otra es si se llega por imposición. Por eso nosotros somos partidarios de la negociación colectiva y del diálogo para encarar estos procesos; la negociación colectiva promueve la igualdad y nosotros somos ideológicamente partidarios de la igualdad. La negociación colectiva promueve democracia. ¿Cuál ha sido el rol que ha tenido hasta el momento y cuáles han sido sus efectos más inmediatos? En primer lugar, es una fuente normativa, y en segundo lugar, ayuda o puede contribuir a la elaboración de normas. Pongamos algunos ejemplos: este año se hizo un convenio con COFE, con los trabajadores de la administración central, que crea un fondo social de capacitación, de formación, que implica que los trabajadores destinen una fracción de una partida de presentismo para ese fondo social. Y discutimos a ver si eso se podía lograr por convenio colectivo o necesitaba una ley, y concluimos en que podía ser por negociación colectiva, y así está funcionando. Podríamos mencionar otro ejemplo, que es el presentismo de las trabajadoras domésticas, que ya está en vigencia hace tiempo, producto de la negociación colectiva, y que implica un rol del BPS como agente recaudador, con la oportunidad que se les da a los empleadores de que declaren si existen o no las razones del presentismo. O lo que ha sucedido recientemente, el fondo social metalúrgico surge de la negociación colectiva del Consejo de Salarios, pero se transitó el camino de la ley, y la ley se aprobó. Usted ha mencionado en reiteradas ocasiones que la ronda de Consejos de Salarios de 2018 será histórica por la cantidad de grupos involucrados. ¿La negociación colectiva ha tenido un impacto en los sindicatos y en la afiliación a los mismos, o en la creación de nuevos? Somos un caso raro en el mundo también en esto, porque en el mundo disminuye la afiliación sindical y Uruguay es de los pocos países en los que aumenta, y seguramente es el único donde aumenta de esta manera, cuadruplicándose. Pero esto nos genera desafíos a todos, a los empresarios, a los trabajadores y al gobierno. A través de Inefop, y en acuerdo con las cámaras empresariales y el Pit-Cnt, hemos fortalecido el apoyo económico para la formación para la negociación colectiva. Porque si la negociación colectiva es tan importante, si es creadora de normas, necesitamos una mayor profesionalización de los actores sociales para esa elaboración y también de los funcionarios del gobierno. Nosotros estamos haciendo en el ministerio un esfuerzo muy importante de capacitación de los trabajadores del Ministerio de Trabajo para participar en este proceso. Hicimos un acuerdo con la Facultad de Derecho, en particular con Relaciones Laborales, en 2015, para que cerca de 100 estudiantes de Relaciones Laborales de cuarto año hagan pasantías en el ministerio. El año que viene tendremos 173 grupos y subgrupos, más unos cuarenta hacia fin de año, más toda la negociación del sector público por la de Rendición de Cuentas del período de gobierno. Y yo creo que eso también es muy importante destacarlo. Hasta ahora, en estos 32 meses que llevamos de este gobierno, el mayor período de negociación colectiva en el sector privado fue el segundo semestre de 2016, con 118 grupos y subgrupos; en 112 -95%-, hubo acuerdo entre empresarios y trabajadores en Consejos de Salarios. Para eso luchamos por la democracia en este país, para que en 118 ámbitos de negociación tuviéramos acuerdo de empresarios y trabajadores en 112. Es un éxito notable. Se ha quintuplicado la solicitud de participación del ministerio en los conflictos, que es otra área: una es el área de negociación de los Consejos de Salarios y otra es el área de los conflictos. ¿Eso significa que se quintuplicaron los conflictos? -No, no es que se hayan quintuplicado los conflictos. Se han quintuplicado las solicitudes de empresarios y trabajadores de que el ministerio participe en la solución, y esa es una buena cosa, primero, porque quiere decir que algo de credibilidad y de confianza generamos, porque eso que se podría arreglar afuera se nos va a pedir arreglarlo de forma tripartita, y ahí también, en eso que subió de 350 a 1.650, tenemos 95% de acuerdos. Y yo creo que esas son las cosas que dignifican el proceso de negociación colectiva en Uruguay y también de resultados para los trabajadores. ¿Cómo se traducen esos acuerdos en beneficios tangibles para la sociedad? Uruguay es el país menos desigual en América Latina, sabiendo que América Latina es el continente más desigual. El factor fundamental es el ingreso salarial y esto es producto de la negociación colectiva. El 40% más pobre de Uruguay en estos 12 años duplicó en términos reales sus ingresos y el factor fundamental de esa duplicación es el salario; todos los salarios crecieron 55% por encima de los precios y esto sigue. Tenemos un Uruguay que ha crecido, que se ha desarrollado, que ha mejorado, pero no es lo mismo el área metropolitana que el noreste del país. Ha bajado en todo Uruguay la pobreza, pero en el noreste tenemos más pobreza; ha bajado en Uruguay la informalidad, pero en el noreste tenemos más informalidad; han mejorado en Uruguay los ingresos, pero en el noreste tenemos menores ingresos. Los ingresos promedio de la gente de Treinta y Tres, de Cerro Largo, de Rivera, de Tacuarembó, son la mitad del ingreso en Montevideo y en Maldonado. Esas son prioridades que tenemos que definir para ver cómo disminuimos las brechas. ¿Mejora de la calidad del empleo, de los salarios? Cosas que se están haciendo, algunas inicialmente, algunas primariamente y que deberemos profundizar. Sin duda que el salario es un aspecto esencial, sin duda que el trabajo y la calidad del empleo son aspectos esenciales, pero empiezan a aparecer en la negociación colectiva felizmente nuevas cosas, por ejemplo, la formación profesional y la culminación de estudios. Hace poco celebramos con la FUS, con la salud privada, la entrega de certificados de culminación de estudios de trabajadores del sector, estudios primarios y secundarios, como fruto de la negociación colectiva. Hay incluso presupuestos del Sistema de Cuidados para promover la negociación colectiva hacia la igualdad. El crecimiento en la participación femenina en el mundo laboral, que es una buena noticia, debe ser acompañado de políticas que permitan, en las mejores condiciones de igualdad, la participación de la mujer, porque si todavía no hemos hecho el cambio cultural que tenemos que hacer los hombres y pretendemos que las mujeres trabajen, que además se formen permanentemente y que además cuiden a los gurises, cuiden a los viejos y cuiden a las personas con discapacidad, eso no funciona. Pero esto es un cambio cultural que tenemos que hacer, y además del cambio cultural, ver cómo creamos mecanismos. Usted mencionaba que debían impulsarse políticas que permitan mejores condiciones para la participación de la mujer. ¿Qué se ha avanzado en la inclusión de cláusulas de género en la negociaciones? Hemos quintuplicado las cláusulas de género entre 2005 y 2016, hoy tenemos 75% de convenios con cláusulas de género, pero hay que avanzar en la concreción y profundización de estas y queremos llegar en las negociaciones 2018/2019 a 100% en los convenios. Ahora, eso no depende sólo del gobierno; en el Consejo Superior Tripartito del sector privado, muchas veces, salvo la subdirectora nacional de Trabajo, no hay mujeres en los ámbitos superiores de decisión de negociación colectiva porque no las designan ni los representantes empresariales ni los representantes sindicales. Y tenemos que ver cómo también avanzamos en esto, además de las dificultades que tenemos con esto en el gobierno. Retomando el tema de la conflictividad, ¿se ha logrado avanzar en la conformación y acuerdo de un sistema de prevención? La cartera ha hecho dos propuestas, la de diciembre de 2016 y la de marzo de 2017, que están publicadas en la web del Ministerio de Trabajo y que hemos hecho llegar a todas las cámaras empresariales y al Pit-Cnt. Pero no hemos logrado avanzar en el acuerdo para las propuestas. Pero Uruguay tiene que, a partir de los buenos ejemplos (como las cláusulas que tiene el convenio de la construcción entre el Sunca y las cuatro cámaras, en las cláusulas que tiene el convenio metalúrgico entre la Untmra y las cámaras metalúrgicas y otros ramos), avanzar en un sistema de prevención de conflictos, porque estamos asistiendo a nuevas formas de conflictos en los trabajadores y en los empresarios, y la opinión del gobierno es que necesitamos generar, con diálogo y con negociación colectiva, instrumentos y protocolos de prevención de conflictos que nos permitan una profundización del desarrollo del país. Por ejemplo, cuando la primera medida que toma un sindicato es una ocupación, o como nos pasó, que tuvimos 36 horas clausurado el Puerto de Montevideo porque una asociación empresarial del transporte con dos camiones nos cerró las puertas y esto afectó las exportaciones de Uruguay. Estas son nuevas formas que están apareciendo. Los conflictos interempresariales también son nuevos y los hemos tenido que atender. El conflicto, por ejemplo, de los fasoneros de pollo y avícolas, el conflicto entre los empresarios camioneros, los empresarios arroceros y los empresarios molineros. Estas nuevas modalidades debemos incorporarlas a este proceso; creo que tenemos buenas experiencias, hay buenos ejemplos para esto. La producción de la primera draga en Uruguay la está haciendo una empresa holandesa que tiene 400 años de antigüedad y produce siete de cada diez dragas de los puertos del mundo. Y esa empresa decidió venir a Uruguay y, desde aquí, hacer mantenimiento para las dragas de los puertos del Cono Sur. La Untmra fue capaz, en el proceso de licitación para ver qué empresa uruguaya se elegía para la construcción de la draga, de hacer tres convenios con las empresas que participaron en la licitación antes de que se supiera el resultado. Yo creo que estos son ejemplos positivos de cómo se puede. Esto fue este año, y cuando inauguramos la construcción de la primera draga, en la mesa estaba el representante de la empresa holandesa, los ministros y el delegado de la Untmra, y todos dialogamos. O lo que estamos haciendo frente a la posibilidad de la tercera planta de celulosa: tenemos un acuerdo laboral marco firmado por el Pit-Cnt, por la Cámara Metalúrgica, por la Cámara de la Construcción, por UPM y por el gobierno. Y estos son ejemplos de cómo nosotros queremos hacer las cosas, de cosas que están pasando hoy en nuestro país, no solamente el lamentable y condenable ejemplo del trabajador rural de Salto; estos son los buenos ejemplos que reflejan la realidad que estamos construyendo con diálogo, con negociación, con tripartita.
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