Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.

ASOCIARME
Columna destacada |

Soberanía

Por Eduardo Platero.

Suscribite

Caras y Caretas Diario

En tu email todos los días

La semana pasada, cuando empezó a disponerse de una mayor información acerca de la epidemia que nos aflige pudimos levantar un tanto la vista. No obsesivamente preocupados por el posible contagio – preocupación que sigue vigente – y comenzando a imaginar el futuro.

Por lo menos en mi caso, que no enfermé de coronavirus, lo que sería muy complicado por la multitud de contras que significan mi edad y mi  “Historia Clínica”.

Ni enfermé de pánico. Y lo anoto como mérito. Ya que ha sido una cuestión complicada el mantenerse sereno en medio del torrente mediático de pánico.

Es cierto, el Covid 19 existe, es una enfermedad muy contagiosa y se ha extendido por todo el mundo.

No tan letal pero depende de cómo te agarre.

Invito los lectores de la Revista a poner atención en la meditada serie de artículos de mi colega Bayce.

Lo nuestro, lo que está pasando en la República Oriental del Uruguay es UNA realidad. Y lo que pasa en otros lados son OTRAS realidades.

“Parecido” no es “lo mismo”.

No  se puede trasmitir pánico haciendo alharaca de “la curva exponencial” y toda la información que se nos ha dado con la repetición machacona.

Acá la “curva” es la que estamos teniendo, la gravedad de la epidemia es la que surge de nuestros números y los medios de que dispone nuestra sociedad para enfrentar la crisis no son menguados.

Tengo respeto y me cuido.

Pero me niego a convertirme en parte de un rebaño ciego de miedo que corre sin saber bien de qué está disparando.

Cuanto más severa es una situación, más necesario es conservar la calma.

“Partidos son partidos” si te desordena un gol tempranero, lo más probable es que “te comas” unos cuantos más.

De ésta saldremos. Hay que pensar en mañana.

Temo y procuraré estar atento, por las libertades; la privacidad a la cual tenemos derecho y el funcionamiento pleno de las instituciones democráticas.

No me parece muy importante y sí un tanto exagerado eso de revolotear en helicóptero aconsejando con altavoces que los surfistas salgan del agua.

¡Quisiera saber de dónde sale el derecho de las intendencias a cerrar las playas

Con las mismas un día te cobran entrada.

No es hipótesis, estuvo en discusión en los años 60.

También me parece un exceso poco meditado reclamar el envío de la Ley de Urgente Consideración ahora al Parlamento.

Muchas cosas tiene esa Ley que habrán de ser evaluadas teniendo en cuenta la nueva situación post-coronavirus.

No se puede discutir algo tan trascendente en medio de una epidemia que obliga al distanciamiento social y tiene a los principales legisladores en su casa.

Ni las disposiciones relativas al accionar policial,  ni ninguna de las que se pensaba incluir son prioritarias ahora. Lo prioritario es mantener la Unidad Nacional para enfrentar la crisis.

Los depositarios del Poder Armado  son quienes tienen mayor responsabilidad siempre y en situaciones como esta quienes más están obligados a  actuar con  prudencia.

“A las armas las carga el Diablo”  ciudadanos que ocupan ministerios.

Y a las libertades las defenderemos, si preciso fuera, en todo terreno.

No atribuyo a nadie en particular la tentación de aprovechar el barullo para alzarse con lo que no le corresponde pero, para repetir sentencias: “La ocasión hace al ladrón”

Por lo demás, el conjunto de nuestra sociedad está presionado por esta crisis que, sin duda, dejará un país diferente en un mundo diferente.

¡Pensemos en ello!

Esta era la ocasión precisa para probar la valía del ordenamiento jurídico institucional de nuestro mundo.

¡Una birria! Una muy pobre actuación. Palabrerío muchas veces altisonante y siempre hueco. Incluso, vacío de contenidos proactivos.

Toda esa inmensa burocracia instalada en cómodos sillones y con superiores niveles salariales no ha servido de nada. Las naciones tuvieron que enfrentar las cosas a pecho.

Cada una como pudo.

Aterra el solo pensar en los países más desprotegidos. ¡En los campamentos de refugiados en los que se hacinan como en un Campo de Concentración (sin Crematorio) millones de seres humanos.

No hay ninguna previsión

Ya era una infamia su hacinamiento y ahora es un horror el solo pensar en lo que podría ocurrir.

Coronavirus, dengue, fiebre amarilla, ¡sarampión!, tuberculosis, ¡puede pasar de todo!

Los sueños de una  suave y efectiva “Gobernanza Mundial” que  acunaron la construcción de Naciones Unidas no fueron otra cosa que sueños.

Luego de cada hecatombe los vencedores intentan igualar las cosas de manera que no se vuelvan a repetir las matanzas.

Sin ir demasiado atrás, a la derrota definitiva de Napoleón, Metternich el Ministro Austríaco reunió a los vencedores (incluyendo a la Francia Borbónica) para establecer un sistema equilibrado e inamovible.

El Congreso de Viena estableció límites y definió la “legitimidad” creyendo que estaba construyendo una Paz interna e internacional inamovible.

Hubo que aplastar a Riego, sublevado en España contra el absolutismo de Fernando VII y se hizo a sangre y fuego con la ayuda de Francia que aprovechó la ocasión para rearmarse.

No duró la Casa de Borbón en Francia y con la complicidad inglesa, que era dueña de los navíos y no los facilitó para trasladar tropas, aquí, en América nos independizamos.

En pocos años la obra del Congreso de Viena  no fue más que un recuerdo

Recuerdo en el cual encontró inspiración Henry Kissinger para intentar establecer un Orden Mundial fundado en el poderío económico y militar de los Estados Unidos.

No pudo; como no pudieron la Sociedad de Naciones erigida luego de la Gran Guerra ni las Naciones Unidas  nacidas en el 46 en San Francisco.

Nunca han sido las pequeñas naciones las culpables de vaciar de contenido a las instituciones que pretenden ser una “Gobernanza” mundial.

Han sido las potencias quienes con su egoísmo y su ambición de gobernarlo todo, quienes rompieron el equilibrio.

Por otra parte, a las pequeñas entidades nacionales nunca les ha sido fácil la convivencia con las potencias hegemónicas.

No hubo, ni habrá “Gobernanza”  justa y equitativa en tanto los intereses particulares de las grandes potencias primen por encimo del interés general.

Bueno, ya que estamos, cada vez me parece más redundante hablar de “Capitalismo Salvaje”. Será porque no encuentro ningún ejemplo de “Capitalismo Bienhechor” y justo.

Si de lo que se trata es de apoderarse del valor que le agregan a las cosas el trabajo de los hombres, ¿Cuándo ese despojo no fue “salvaje”?

Distinguir entre robo y rapiña estará bien para la Justicia Penal que debe administrar el castigo. No discuto. Pero, ¡un robo es un robo!

Salvaje en tanto irrespetuoso de las víctimas.

Avizoro un mundo mucho más cerrado, con un proteccionismo de las grandes potencias que avasallen a las pequeñas economías.

Ya se viene dando desde que los Bush decidieron controlar el petróleo de Medio Oriente. Y desde que los States imponen sanciones y cercos comerciales cuando y donde se les antoje.

Pero ahora serán los alimentos.

¡Ojo al Santo!

Somos los felices productores de alimentos para cuarenta veces nuestra población…¿Venderemos todo lo que producimos y compraremos todo lo que necesitemos?

Sería la situación ideal, según el Ministro Uriarte, portavoz entusiasta de los intereses de los grandes productores agropecuarios.

Cuando digo “grandes” quiero decir exactamente eso: los grandes explotadores de la agropecuaria. El “Complejo Agroexportdor” que más allá de sus querellas por el reparto se presentan como un sólido bloque a la hora de exigir.

Poca cosa, son sencillos: “Impuestos bajos-Dólar alto”. Ninguna traba a la exportación. Carreteras buenas y que a nadie se le ocurra pensar en detracciones.

Ah, y nada de meterse en las relaciones laborales que ellos son uno sólo con los peones. Ellos duermen tranquilos en el galpón y yo en “el Casco”.

Gente sencilla, con reclamos sencillos.

En épocas del auge de la Industria Textil tuvimos dificultades cada vez que la lana alcanzaba buenos precios internacionales.

El República, ese “salvavidas universal” tenía que financiar, con interese bajos la compra del stock que cada hilandería necesitaba so pena de que, en medio del año, se quedasen sin materia prima.

¡Comimos pan negro en el 44 y endulzamos con azúcar negra! Luego vinieron los precios oficiales y el Granero oficial.

Hemos pasado por Vedas de carne y henos comido pan con más sorgo que trigo.

Soberanía es asegurar a los habitantes los medios de subsistencia y la materia prima para trabajar.

Si ahora no empezamos a pensar en ello, cuando todo esto pase, nos encontraremos con un país abierto al mundo y ciego a las necesidades propias.

Soberanía no es reverenciar la bandera y el escudo y entonar patrióticamente el Himno. Esos son símbolos representativos del país establecidos por Ley.

Soberanía es asegurar a todos los habitantes pan, trabajo, educación, vivienda, salud y retiro adecuado.

La Patria es el Pueblo, proclamó Seregni hace 49 años. La patria somos nosotros: el Pueblo.

No está demás tenerlo presente en la hora en que se restablezca la normalidad.

¡Otra “Normalidad”!

Dejá tu comentario

Forma parte de los que luchamos por la libertad de información.

Hacete socio de Caras y Caretas y ayudanos a seguir mostrando lo que nadie te muestra.

HACETE SOCIO