Los analistas detectaron que los mensajes discriminatorios ya no se limitan a espacios marginales: hoy se viralizan, reciben miles de visualizaciones y se instalan en la conversación pública. Los estigmas clásicos —acusaciones sobre características físicas, teorías conspirativas sobre poder económico y referencias a supuestas victimizaciones— reaparecen con fuerza, reciclados en el contexto de la limpieza étnica, asesinato a periodistas, socorristas y civiles, que el politólogo llama simplemente "conflicto" o "guerra" en su análisis.
En este contexto, el antisemitismo creció en paralelo a la indignación internacional contra Israel por sus crímenes de guerra, incluída la hambruna impuesta por el bloqueo de las fronteras.
De lo digital a la vida cotidiana
Uno de los puntos centrales del informe es la conexión entre lo que ocurre en las redes y las consecuencias en la vida real. Seidler advirtió que “la línea entre lo online y lo offline se volvió difusa” y que en comunidades judías de distintas regiones ya se detectan agresiones a personas, ataques a instituciones religiosas y profanaciones de cementerios vinculadas al aumento de odio en internet.
Si bien Uruguay aún no registra episodios de esa magnitud, la alerta es clara. El Observatorio mantiene reuniones con autoridades de distintos países, incluido Uruguay, para impulsar estrategias preventivas en tres áreas: educación, legislación y capacitación de funcionarios. La idea es generar mecanismos que permitan detectar tempranamente los discursos de odio antes de que se conviertan en violencia concreta.
En América Latina ya se trabaja en conjunto con gobiernos para identificar riesgos de radicalización. En Uruguay se conoció el caso de un adolescente de Lascano, Rocha, detenido tras mantener contacto con presuntos grupos terroristas islámicos y amenazar con un atentado. Aunque aislado, el episodio evidenció que la radicalización digital también es un riesgo en el país.
El peso de la comunidad judía en Uruguay
La comunidad judía representa alrededor del 1% de la población uruguaya, concentrada en Montevideo y con una presencia significativa en Paysandú. El informe aclara que, pese a los niveles de antisemitismo en el debate digital, la vida judía en Uruguay sigue siendo posible y relativamente plena. Sin embargo, advierte que el crecimiento del odio hacia los judíos marca una nueva fase “preocupante” en la región y no debe ser minimizado.
En una carta reciente publicada en Búsqueda, el ingeniero Ariel Erlijman describió la sensación de incomodidad creciente: “Cuando tu hijo sale a la calle, tenés que revisar si lleva un símbolo judío para evitar insultos o golpes. En las escuelas se escuchan agravios. Y los medios reproducen discursos parcializados que, entre líneas, transmiten odio hacia todo el pueblo judío” “Cuando tu hijo sale a la calle, tenés que revisar si lleva un símbolo judío para evitar insultos o golpes. En las escuelas se escuchan agravios. Y los medios reproducen discursos parcializados que, entre líneas, transmiten odio hacia todo el pueblo judío”.
Antisemitismo
Un aspecto clave planteado por Seidler es la diferencia entre criticar a Israel y responsabilizar a las comunidades judías por las acciones de ese Estado. “En Argentina nadie culpa a un ruso por lo que haga Putin en Ucrania, ni a un venezolano por lo que haga Maduro. Pero sí se responsabiliza a los judíos de Uruguay o de cualquier país por lo que haga Israel. Eso es antisemitismo”, remarcó.
El señalamiento cobra fuerza en un escenario donde las comparaciones entre el gobierno de Benjamín Netanyahu y la propaganda nazi se multiplican en redes sociales y en expresiones artísticas. Para las organizaciones judías, este tipo de paralelismos exceden la crítica política y terminan alimentando el odio étnico-religioso.
La postura del gobierno uruguayo
El gobierno uruguayo, en línea con la mayoría de los países de Occidente, ha endurecido sus críticas a Israel en los últimos meses. En foros internacionales, Uruguay denunció la “violación” del derecho internacional por parte del gobierno de Netanyahu, exigió el acceso urgente de ayuda humanitaria y repudió el plan israelí de tomar el control de Gaza por considerar que obstaculiza una salida pacífica al conflicto.
Ese posicionamiento oficial, aunque reconocido como legítimo en términos de política exterior, genera tensiones en la comunidad judía local, que percibe que los cuestionamientos a Israel se trasladan fácilmente al terreno del antisemitismo.
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El Congreso Judío Latinoamericano promueve la creación de mecanismos regionales para monitorear y frenar los discursos de odio en línea, con foco en prevenir la radicalización. En junio organizó en Estados Unidos un encuentro con gobiernos latinoamericanos para intercambiar buenas prácticas en la detección temprana de extremismo. “El gran interrogante es cómo esta tendencia, ya visible en Europa y Estados Unidos, repercutirá en América Latina. Queremos que nuestros países estén preparados antes de que sea demasiado tarde”, expresó Seidler.