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Sociedad violencia | género | Economía

Economía, género y violencia

¿Qué es la violencia económica contra las mujeres?

La violencia económica es la menos visible y más difícil de detener; puede continuar inclusive luego de que exista una separación.

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Algunos aspectos que se destacan son las dificultades que se generan para quienes sufren diversos tipos de violencia de género de participar en diferentes ámbitos y en particular a nivel laboral para poder desarrollar capacidades y tener niveles de productividad adecuados. Quienes sufren de situaciones de acoso y violencia sexual son víctimas de restricciones de diferente tipo, desde poder desempeñarse, desplazarse, participar de determinados ámbitos.

Otros aspectos tienen que ver con los propios niveles de desigualdad entre hombres y mujeres en el plano económico, que se dan a nivel de los trabajos y hasta en la propia interna de los hogares. Sin dudas el trabajo contra la desigualdad económica entre hombres y mujeres es una de las principales medidas que deberían ser abordadas para bajar la violencia contra las mujeres y niños y niñas.

Un tipo más de violencia de género

La violencia económica contra las mujeres es un tema de sumo impacto en las mujeres y niños que afecta todas las dimensiones del desarrollo individual teniendo consecuencias en la salud, educación, aspectos laborales e integración social. A su vez, muchas veces va de la mano de otro tipo de violencia simplemente como un aspecto más de la manifestación de la violencia o reforzando otros tipos de violencia como la física, psicológica, emocional o sexual. Es posible imaginar cómo después de una situación de violencia y golpes una mujer puede hacer frente a atender sus hijos, puede ir a trabajar y puede estudiar. Seguro no es en iguales condiciones que si no hubiera pasado, seguro es con dolor físico y angustia.

Qué es la violencia económica y cómo se manifiesta

La violencia económica de acuerdo con ONUMUJERES es una forma más de violencia contra mujeres y niñas en el ámbito privado “consiste en lograr o intentar conseguir la dependencia financiera de otra persona, manteniendo para ello un control total sobre sus recursos financieros, impidiéndole acceder a ellos y prohibiéndole trabajar o asistir a la escuela”.

Muchas veces la violencia económica es la menos visible y más difícil de detener pudiendo continuar inclusive luego de que exista una separación y hasta un impedimento de acercamiento, o hasta sea más importante. Sumando al hecho de que cuando existen niños, son los primeros afectados y muchas veces las propias separaciones incrementan este tipo de conductas.

La autonomía económica de las mujeres como desencadenante de las situaciones de violencia y de la búsqueda de las mujeres de cortar con estas realidades

Un tema que surge cada vez más en nuestras sociedades tiene que ver con las mayores autonomías y posibilidades de las mujeres en términos de ingresos y educación. Las mujeres hoy en un porcentaje importante tienen ingresos y autonomía y esto les da mayores posibilidades de cortar con situaciones de violencia. Pero a la vez, existen comportamientos en los cuales mediante otras prácticas los hombres buscan atentar contra estas autonomías, con restricciones, generando culpas de situaciones inexistentes, coartando autonomías a través de categorizaciones. La conducta machista controla gastos y hasta obliga a la afectación de los ingresos, en hogares como los actuales donde trabajan las dos personas se dan situaciones en las que la carga del pago de obligaciones y cuentas está sobre las mujeres y los hombres eligen que dinero aportan y hasta generando controles y restricciones a los gastos que las mujeres pueden hacer en sí mismas o coartando la posibilidad de elección.

El control económico es una de las manifestaciones, cuando el violento obliga a rendir cuenta de todos los gastos, los generales o los personales. Existen muchas situaciones donde existe un control total de los gastos o cuando se generan acusaciones respecto a gastos personales catalogado de consumistas o gastadoras.

En otro nivel esta lo que mencionamos como coartar y dejar bajo la responsabilidad de la mujer los gastos con justificaciones de “no me alcanza el dinero”, “paga vos que hoy no tengo”, no hacerse cargo de responsabilidades de gastos de los hijos incluso cuando incluyen documentación y comida. Existen muchas situaciones donde los gastos más altos y complejos los soportan las mujeres quedando los hombres sin responsabilidad y pudiendo disponer de su ingreso de acuerdo con intereses diferentes a los gastos comunes del hogar.

Otra manifestación es la que se llama sabotaje laboral el que puede darse de diferentes formas. No permitiendo que trabajen con lo cual quedan en situación total de dependencia. Generando comportamientos que provocan que despidan a las mujeres de sus trabajos como dejando el total del cuidado de los hijos, inclusive días de vacaciones o enfermedades, o generando otras situaciones de violencia que hacen imposible a una mujer concurrir a trabajar. Existen casos extremos en los que las mujeres llegan a pagar cuidados de sus hijos mientras los padres duermen o están en horas de ocio. Las situaciones de enfermedad de los niños, los traslados a los centros educativos u otras actividades, así como los tiempos libres y fines de semana.

Además, ante situaciones de separaciones es común que estas situaciones se agraven y son las mujeres salvo en situaciones de mutuo acuerdo equilibradas que cargan con la mayor o casi la totalidad de la responsabilidad. Inclusive en situaciones donde hay hasta demandas de visitas y de pensiones alimenticias, que se manejan por separado y que nunca condicionan las visitas al aporte económico. Inclusive cuando no es cumplen con los mínimos acordados o establecidos. Un ejemplo bastante gráfico, cuando no se cumple con una visita o el retiro de la escuela es la madre y su entorno que deben cubrirlo hasta perdiendo actividades u horas de trabajo. Inclusive en caso de pensiones con porcentaje de retención si existen faltas que hacen bajar ese ingreso es el niño o los niños que terminan recibiendo un menor porcentaje. O en otras oportunidades suspendiendo o demorando pagos incluso cuando existen resoluciones que obligan al pago.

Los tiempos de los juzgados, la necesidad de demostrar evidencias, la realidad misma de los hijos y lo laboral genera limitaciones y terminan amedrentando la posibilidad de defender los derechos.

La violencia económica es difícil de mostrar, pasa desapercibida, no existen las figuras jurídicas para materializarlas, pero sobran evidencias.

Una opinión que es bastante clara de esto es de Susana Gisbert, fiscal delegada de delitos de odio en Valencia que afirma:

“El retraso intencionado en el pago de una pensión, el dejar de pagar una deuda común o entablar pleitos por cada gasto del hijo o la necesidad del mismo, pueden constituir un modo de minar la moral de la que fue pareja sin necesidad de incurrir en un tipo delictivo. Incluso pueden ser un modo más sibilino de continuar con un maltrato psicológico difícil o imposible de apreciar y, todavía más, de darle encaje penal. Porque pocas cosas pueden causar más angustia que no saber si en el momento convenido habrá llegado el importe de la pensión destinado a la manutención de los hijos, de ver embargado un sueldo o perder una vivienda por falta de pago de la otra parte obligada. Y también puede suponer un modo de obligar a la mujer a ponerse en contacto con quien fue su maltratador simplemente para reclamarle –y a veces hasta suplicarle- que haga frente a los gastos a los que está obligado”.

Sin dudas las mujeres que disponen de mejores niveles educativos y de ingresos, y otras coberturas familiares tienen una mejor posición relativa para enfrentar estas situaciones. Y mujeres de menores ingresos tienen lazos de dependencia que muchas veces son los obstáculos para salir de situaciones de violencia. Pero lo que es común a ambos casos es que se ven afectadas todas en su potencial.

La educación y las redes de contención en los diferentes ámbitos es fundamental para combatir la violencia económica y de género en todas sus formas. Las familias, las amistades, los ámbitos laborales son fundamentales. Tener un trabajo es un valor importante para contrarrestar situaciones de violencia y lograr el empoderamiento. Cuando las mujeres son independientes y tienen sus propios recursos es mucho más fácil que puedan salir de situaciones complejas. Aunque muchas veces los propios violentos atentan contra esto y los mismos contextos machistas terminan despidiendo una mujer o segregándola como parte de un resguardo consciente o inconsciente de conductas propias.

El testimonio de Julia:

"Me estaba enfrentado a diez autoridades de la empresa donde trabajaba. Había cometido el error de contarles la dura separación y supuestamente iba a tener que explicar una más de las acusaciones falsas que había realizado el hombre. Pero no me dieron ni esa chance, simplemente me desvincularon. Después de más de un año y medio sola, sin ningún otro apoyo económico que mi buen salario, pensé dos cosas me aguanto por dignidad y tengo que llegar a buscar a Juan a la escuela. Bueno, me tengo que ir les dije y les firmé no sé qué cálculo de despido, ninguno pidió una explicación ni preguntó. Las llamadas que recibí después eran para presionarme por la firma del acuerdo ya que eran conscientes de un despido abusivo”.

Las mujeres inclusive en situaciones extremas sacan fuerza y salen adelante, pero con más educación y derechos más claros podrían evitarse y se podría construir una sociedad más equitativa entre hombres y mujeres de todas las edades.

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