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Editorial

Un paseo organizado por la CIA en Uruguay

Por Leandro Grille.

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Esta semana anduvo de visita por Uruguay una contrarrevolucionaria cubana  llamada Rosa María Payá. Esta joven cubana es completamente desconocida en Uruguay, pero eso no impidió que protagonizara un impresionante raid de medios en pocas horas y fuese invitada a todos los canales de televisión privados, entrevistada por varias de las radios más importantes de AM y FM en horario central y los principales medios de prensa escrita. Vino a presentar un libro que habría  escrito su padre, el militante opositor Oswaldo Payá, quien, de acuerdo a nuestros periodistas, “murió de forma misteriosa” en Cuba en julio de 2012,  y según Rosa María fue asesinado por el gobierno cubano.

 

A Rosa María Payá la trajo Cadal Uruguay, el “Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina”, una fundación cuya sede central se encuentra en Argentina y que fue denunciada en ese país (“Una base de operaciones anticastristas”, Página 12. 27 de febrero de 2012)  por ser una organización financiada por la Fundación Nacional por la Democracia (NED), institución creada por el Congreso de Estados Unidos para dar dinero a la lucha anticomunista que hasta 1983 (cuando se crea la NED) la financiaba la CIA. En suma, Cadal es una organización cuyo cometido es hacer campaña contra la Revolución Cubana y ahora también contra Venezuela, financiada por el gobierno de Estados Unidos, con sedes en Argentina y Uruguay, que frecuentemente organiza actividades en nuestro país también financiadas por agencias norteamericanas. Su coordinador académico en Uruguay es el politólogo Adolfo Garcé, que ahora se candidateó para ser decano de la Facultad de Ciencias Sociales, y cuya campaña al decanato comenzó con una entrevista en la radio donde protagonizó un insólito derrape, afirmando que había creído que los jóvenes pobres que ingresaban a esa Facultad a usar la sala de informática eran extranjeros, porque no eran blancos ni de clase media.

 

En su desfile por los medios Rosa María Payá habló de su plataforma Cuba Decide y de las organizaciones que dirige para oponerse al proceso de reforma constitucional que se está desarrollando en Cuba en estos momentos. Insistió con la denuncia de que a su padre lo mataron por haber promovido el “Proyecto Varela”, un proyecto de iniciativa popular acompañado por 35.000 firmas en 2002 para terminar con la Revolución, proyecto que según ella, pese a haberse organizado de acuerdo a las normas de la Constitución de Cuba, nunca fue tratado en la Asamblea Nacional y nunca fue respondido, salvo porque el “régimen” incluyó un artículo en la Constitución declarando el carácter irrevocable del socialismo de forma “arbitraria”.

 

Pues bien, Rosa María Payá vino a mentir, mintió y se fue. Y como mintió y ninguno de los periodistas que la entrevistaron  la contradijeron en sus mentiras, me tomo el trabajo de desmentir sus afirmaciones más gruesas sobre hechos conocidos, objetivos y comprobables. La primera mentira es que a su padre lo mataron. Su padre murió en un accidente de tránsito en la ruta, mientras viajaba en un auto que chocó contra un árbol, conducido por el joven dirigente del Partido Popular español Ángel Carromero. El caso fue extremadamente conocido porque Carromero era una figura muy cercana a la entonces presidenta de la Comunidad de Madrid, la aristócrata y franquista Esperanza Aguirre. Carromero fue procesado y condenado a cuatro años de prisión en Cuba porque se demostró que en su país se le había retirado la licencia de conducir por cometer múltiples y graves infracciones a las normas de tránsito, por lo cual no tenía autorización para manejar en ningún lugar del mundo. El señor Carromero reconoció su responsabilidad y, producto de un Convenio entre España y Cuba, pudo regresar casi de inmediato a cumplir la pena en su país, gobernado por su partido y sus amigos. En España cambió su declaración e inventó la historia de que en Cuba habían sido perseguidos y el accidente no había sido un accidente sino un atentado, pero hasta el Consejo de Ministros de España rechazó sus dichos y se negó al indulto. La familia de Payá intentó beneficiarlo iniciando una causa judicial ante la Audiencia Nacional de España y tanto la fiscalía como el juez en primera instancia y después la propia Audiencia Nacional se negaron a avalar la hipótesis de atentado y consideraron que toda la versión era incompatible con los hechos probados. En Suecia, de donde era originario otro de los militantes de derecha que viajaban en el auto accidentado, también rechazaron la idea del atentado y desde entonces los Payá han llegado a decir la ridiculez de que Cuba compró a los gobiernos de Suecia y España. Con esto queda claro que Payá no murió en “circunstancias misteriosas” como se afirmó en reiteradas ocasiones en nuestros medios de comunicación ni fue asesinado por el gobierno, sino en todo caso por el joven fascista español Ángel Carromero, cuya forma de conducir temeraria ya le había costado el retiro de la licencia en su propio país, y por lo cual recibió condena en Cuba y debió cumplirla incluso en España.

 

La segunda afirmación que hay que desmentir es que la Asamblea Nacional de Cuba no haya respondido al Proyecto Varela y haya incluido arbitrariamente el carácter irrevocable del socialismo en Cuba. Muy por el contrario, la incorporación en 2002 de esa enmienda constitucional fue solicitada mediante firmas por más de 8 millones de cubanos. Incluso los cubanos que residimos en el exterior pudimos firmar y aún en Uruguay se recogieron firmas en la Embajada. El proyecto Varela tuvo 35.000 firmas según Payá (a la Asamblea Nacional presentaron sólo 11.000), pero la propuesta de enmienda constitucional para mantener el socialismo tuvo más de 8 millones, así que la cuenta es clara: ganó el socialismo y fue incorporado por la Asamblea Nacional por votación de la inmensa mayoría de los diputados del cuerpo.

 

En suma, vino Rosa Payá, que vive en Miami porque quiere y viaja a Cuba cuando quiere,  en el marco de una gira financiada por agencias de los Estados Unidos, fue recibida calurosamente por los medios en un desfile “inexplicable”, para hacer campaña contra Cuba y promocionar un libro que ni siquiera se va a vender en las librerías, presentado por el senador Javier García y la intendenta de Lavalleja Adriana Peña, y fue recibida por  Lacalle Pou y por el presidente de la Cámara de Diputados Jorge Gandini, que parece que le preocupa la “dictadura” cubana, pero hace unos días defendía los logros de la dictadura uruguaya. Todo eso hizo bajo el auspicio de esa base de la CIA que es Cadal, que es coordinado por un politólogo que quiere nada menos que ser decano de Facultad. Todo esto pasó en Uruguay esta semana mientras algunos incautos creen que la CIA no existe, que la NED no existe, que no actúan en Uruguay y que no tienen contactos con nuestros medios, nuestros políticos y nuestra academia.

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