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Usuarios en Occidente abandonan Facebook, pero la red social reina en África

La red social se ha convertido para muchos africanos en una herramienta multifuncional para resolver sus problemas cotidianos, aunque no está exenta de riesgos.

La popularidad de Facebook entre los usuarios en Occidente se ha visto reducida en vista de la imagen estropeada de la plataforma por todo tipo de fallos, que incluyen la falta de privacidad y su papel en el aumento de tensiones políticas por los algoritmos que priorizan cierto tipo de contenido.

La población juvenil en los países desarrollados se inclina cada vez más por plataformas alternativas como TikTok, Instagram y Snapchat. Según el testimonio de Frances Haugen, exingeniera de Facebook que acusó a la red social de anteponer las ganancias a la lucha contra la desinformación y el odio, la red social está al tanto de su declive y se desplaza a otros mercados para crecer.

Uno de esos lugares es África, donde Facebook está en auge y es usado por la gente como una herramienta multifuncional para resolver sus problemas cotidianos. Un material publicado en el diario británico The Guardian este 20 de enero revela los pormenores de tal éxito.

Una versión limitada, pero omnipresente

Una de las claves que contribuyen al dominio de Facebook en el continente es Free Basics, el servicio de Internet lanzado en 32 países africanos por la red social desde 2015 que permite acceder a algunas populares páginas web o aplicaciones (incluido el mismo Facebook) incluso con un saldo cero en las tarjetas SIM de los usuarios.

Free Basics fue elaborado teniendo en cuenta que la mayoría de los africanos usan Internet mediante teléfonos celulares —solo un 8 % tiene computadoras personales— a muy bajo costo. Dadas estas circunstancias de precariedad, el servicio ofrece una visión limitada de Facebook: sin fotos, audios, ni videos.

Ejemplos concretos

Pese a la aparente escasez del contenido, los usuarios recurren a Facebook para satisfacer sus necesidades sociales, económicas y políticas. Este es el caso de Balquees Awad, residente de un barrio remoto de la ciudad de Jartum (capital de Sudán), que usa un grupo cerrado en la red social y cuyos miembros pasan una especie de chequeo antes de ser aceptados.

«Cuando una panadería recibe una entrega de pan, o una gasolinera repone su combustible, siempre hay alguien en el grupo. Incluso nos avisan cuando hay mayor presencia policial en ciertas zonas. Las patrullas de seguridad a veces detienen a la gente sin motivo y la extorsionan o la detienen», relató.

Además, algunos pudieron utilizar la plataforma durante el golpe de Estado en Sudán en octubre pasado para transmitir en vivo las protestas, pese a que los golpistas militares cortaron Internet.

Mientras, al inicio de la pandemia en 2020, Facebook se utilizaba en Egipto para pedir comida, dar con números de teléfonos, contactar con empresas o buscar información sobre las vacunas anticovid.

No todo es un camino de rosas

Desde Facebook presentan sus logros como actos de filantropía, proporcionando el acceso gratis a los más pobres. No obstante, los críticos de la plataforma advierten sobre los peligros que supone su propagación.

Según un estudio realizado por la organización sin ánimos de lucro Global Voices en 2017 sobre el funcionamiento práctico de Free Basics, que abarcó a Ghana y Kenia, entre otros países, las actividades de Facebook constituyen «colonialismo digital». En particular, se anota que a los usuarios les proporcionan el contenido en su mayoría proveniente de Occidente, haciendo prácticamente caso omiso a las noticias locales.

Por otra parte, la plataforma experimenta problemas con la moderación del contenido, lo que pone de relieve el caso de Etiopía, donde hay más de 80 lenguas. La escritora y activista keniana Nanjala Nyabola señaló al medio que actualmente menos de 100 personas trabajan como moderados en el país, lo que refleja el fracaso de Facebook de «invertir en lenguaje y el entendimiento del contexto local».

Uno de los efectos adversos de tal negligencia radica en que los regímenes autoritarios y los grupos de milicias armadas recurren a la red social para difundir su propaganda.

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