Noam Chomsky en Montevideo

“Mujica es un ejemplo único en el mundo”

Una larga y variopinta fila de asistentes se escurría desde el singular piso 1 y ½ de la intendencia capitalina, bajaba por las escaleras, recorría el atrio y se extendía hasta la explanada municipal para escuchar las palabras de un célebre nonagenario estadounidense, que no tenía mucha idea de qué cosa era Uruguay, a gatas sabía de la existencia del Frente Amplio y se pasó los últimos cincuenta años de su vida hablando en contra del capitalismo financiero y el poder global de las transnacionales. Además, es el padre de la lingüística moderna, aunque muy a pocos de los asistentes les importara eso.

En la larga ristra había de todo, como en botica. Ministros, exministros, directores de entes, jubilados, jóvenes chic, otros no tanto, diputados, senadores y algo parecido a eso que antes se llamaba pueblo y hoy responde a la difusa categoría de “gente”. La muchedumbre soportaba estoica el frío para asistir a la primera y probablemente única presentación de Noam Chomsky en Montevideo, ciudad de la que no sabía absolutamente nada antes de tomarse el avión, pero de la que se fue muy motivado, no sólo por la repercusión de sus palabras, que fue mucha, sino por los paisajes que pudo ver durante el feriado del martes cuando recorrió parte de Carrasco antes de almorzar un buen ojo de bife con papas y boniatos al romero en el restaurante Burdeos. Como no estaba muy habituado a deglutir semejante porción de carne vacuna, compartió el pedido con su muy simpática esposa brasileña Valeria. Ambos, además, tomaron un par de cervezas Corona, para hacerles honor a los chicanos, de los que habló parcialmente durante su intervención municipal. El postre, volcán de chocolate. Noam Chomsky, que llegó a Montevideo para brindar una conferencia sobre las posibilidades de la democracia y el capitalismo financiero, el cambio climático y el futuro cada vez más sombrío, fue contundente y lapidario sobre la realidad.   El guerrero Chomsky llegó a Uruguay para filmar un documental con el otro sabio de la aldea global, Pepe Mujica. Uno del hemisferio norte, otro del sur. Entre ambos se acercan a los dos siglos de existencia, pero la mayoría de las veces lucen más jóvenes y despiertos que buena parte de la población. En su disertación en la intendencia, luego de un convite que el expresidente Mujica le hiciera a la Fundación Liber Seregni para que aprovechara la visita, Chomsky habló sobre “Los desafíos para construir democracias solidarias”. Se refirió a la democracia actual y a los riesgos que se ciernen sobre el planeta. En este marco, Chomsky afirmó que una guerra mundial con el uso de armas nucleares y una catástrofe ambiental –como el calentamiento global– son amenazas inmediatas y para enfrentarlas se requiere una democracia fuerte. Y sus palabras fueron contundentes desde el inicio, al considerar que “nunca estuvimos tan cerca de la destrucción total” como en “la era Trump”. Dijo que, al contrario de lo que sucede en el mundo, en Estados Unidos “ha resurgido el boom del petróleo”, con una producción que alcanzará los 9.000 millones de barriles por día, más que Arabia Saudita. “Mientras todo el mundo toma acciones para sobrevivir, la nación más rica de la humanidad se dirige con mayor entusiasmo hacia la destrucción definitiva” del mundo. “Estados Unidos se dedica a destruir el mundo [y] todo el mundo mira a China para que lo salve”, dijo. Destacó que “los esfuerzos para evitar la catástrofe están liderados por las naciones más primitivas”. Sin embargo, Chomsky valoró que en este caso el problema “no es sólo Trump”, sino que “son todos los líderes republicanos”. “Cada uno de los candidatos, sin excepción, o negaban el cambio climático o decían que quizás estuviera pasando, pero que no había que hacer nada al respecto”. Es más, “los medios de prensa, incluso los liberales, también siguieron este juego”, ya que durante la campaña electoral “no se le hizo ninguna pregunta sobre el cambio climático, ninguna pregunta sobre políticas importantes sobre el medioambiente”, cuando “esta amenaza es muy seria”. Pero además, el intelectual se refirió a los riesgos de un conflicto mundial. Tuvo palabras sobre la seguridad: “Se ha hablado mucho sobre seguridad, pero no nos referimos a la seguridad de la población, sino a la de los núcleos de poder; la seguridad de la población es una preocupación mínima […]. Opciones por la paz han sido descartadas y ni siquiera fueron tenidas en cuenta”.   Señaló que desde el gobierno de Estados Unidos se promueve la idea de obligar a Corea del Norte a congelar sus programas nucleares y militares con la amenaza de un ataque directo “que tendría consecuencias terribles”. A su entender, los líderes norcoreanos serían proclives a aceptar este proceso porque podrían destinar fondos para el desarrollo económico del país, pero para eso tanto Corea del Norte como China solicitan el compromiso de Estados Unidos de detener sus ejercicios militares en la frontera norcoreana. “Estas iniciativas fueron rechazadas hace dos años por la administración Obama” y también ahora. “Aceptar esta propuesta podría reducir la amenaza y la crisis”, señaló Chomsky. También habló de la democracia. Dijo que las políticas generadas en la época neoliberal han potenciado la amenaza que se cierne sobre el mundo, ya que “estas políticas excluyen a la población general en el proceso de elaborar políticas”. “La concentración de la riqueza y del poder político […] es una forma de afectar las instituciones y de disminuir la democracia real”, afirmó. En este sentido, sostuvo que la campaña de Bernie Sanders durante la última elección presidencial en Estados Unidos fue lo más importante que aconteció en 2016, dado que “rompió con el modelo prevalente de más de un siglo de política”. En Estados Unidos “las elecciones se compran, con la financiación de la campaña ya podemos predecir cuáles son las probabilidades de quienes van a ganar el congreso y la presidencia”. “La campaña de Sanders rompió con este modelo; era apenas conocido, no tenía fuentes de apoyo, no tenía cobertura de los medios, utilizó el término socialismo y hubiera ganado la interna si no fuera por los embustes de los jefes de campaña de [Barack] Obama y [Hillary] Clinton”, dijo. Chomsky dijo que la democracia estadounidense desconoce a quienes están más por debajo en la escala social, y que por eso más que democracia debería llamarse plutocracia, y se refirió a los efectos regresivos de las políticas neoliberales sobre los salarios de los trabajadores. “Bajo estas condiciones la democracia apenas puede ser tolerada. En Europa, bajo el concepto de austeridad liberal, los burócratas […] escuchan a los bancos ricos del norte”. Y afirmó que el neoliberalismo promueve una “agenda de políticas económicas que llevan a políticas destructivas”. Destacó que la población nunca votaría a favor de reformas que afecten sus derechos laborales, por lo que para llevarlas adelante “debe sacrificarse la democracia” y se traslada la toma de decisiones a organismos que no han sido elegidos por el voto popular. “Estas políticas neoliberales apuntan a socavar el poder regulatorio de los países y a disminuir la resistencia a los golpes de esta maquinaria de dominación […]. Disminuir la democracia es una característica típica de los programas neoliberales; la concentración del poder económico se traduce en concentración del poder político”, enfatizó. Afirmó, además, que las instituciones políticas de centro han sido desacreditadas, hay decepción, miedo y enojo, lo que conlleva a un aumento de los partidos neofascistas en Europa. Pero, sobre todo, implica que la toma de decisiones pasa desde el sector público a los mercados, y se hace creer que esto contribuye a la libertad individual, pero es al revés, se pasa el poder a las tiranías privadas sobre las que la gente no tiene ningún control […]. La concentración de poder privado está libre del control del poder público”, argumentó Chomsky.   El reposo La estancia montevideana de Chomsky también tuvo momentos de reposo. Después de decir que la humanidad estaba al borde del precipicio existencial, y simultáneamente a que el canciller Nin Novoa dijera en los festejos de un nuevo aniversario de la Jura de la Constitución que Uruguay era un país súper seguro porque condujo su economía con “pulso firme y serenidad”, el lingüista estadounidense dedicó buena parte de la tarde del martes a recorrer la ciudad, almorzar comidas típicas y filmar parte del documental Lula y Pepe. Mano a mano, que se está realizando en estos meses y que, como su nombre indica, versa en torno a la vida y obra de los exmandatarios uruguayo y brasileño. Precisamente en este marco es que quien esto escribe pudo compartir algunas horas con Noam Chomsky, entre filmaciones, maní, castañas, sándwiches, jugos, agua y productores de cine. Chomsky habla mucho y bien. Tiene bastante agilidad para sus 88 abriles. Reúne aplausos a su paso y parece muy bien dispuesto para cumplir los pedidos que se le hacen. Así como acepta tocar un tambor para la tapa de Caras y Caretas, responde cada pregunta con serenidad y sin escatimar en tiempos. En el documental hablará sobre Lula, sobre Pepe, sobre el moderno Plan Cóndor, sobre la globalización, sobre el cambio climático, sobre el Reloj del Apocalipsis elaborado por el Boletín de Científicos Atómicos de la Universidad de Chicago, sobre el presente, sobre el futuro. Precisamente sobre el presente de ese nuevo Plan Cóndor, o Plan Atlanta, que es la versión actual, y sobre José Mujica respondió Chomsky en estos términos: “Tenemos algo parecido a un Plan Cóndor. El Plan Cóndor estableció que, después de que Estados Unidos apoyara la dictadura chilena, cualquier líder político o figura política a lo largo de toda Latinoamérica que contrariara los deseos de Estado Unidos podía ser asesinado. Eso pasó y fue una operación terrorista. Hoy Estados Unidos lleva adelante algo como eso, sí, como ese Plan Cóndor, y lo hace con la aprobación y el apoyo de las grandes potencias y la opinión liberal, los medios de prensa liberales. Se llama Drone campaign [campaña de drone] y es una campaña en la que el Ejecutivo de Estados Unidos decide cada martes de mañana, literalmente, a quién va a asesinar. La intención explícita, visible y pública es asesinar a personas que, según afirma el Ejecutivo, intentan dañar a Estados Unidos. Ese es el Plan Cóndor, pero masivo. Si cualquier otro país estuviera haciendo esto, probablemente iríamos a la guerra. Supongamos, por ejemplo, que Irán estuviese llevando adelante una campaña pública para asesinar figuras políticas que, según afirma, pretenden dañar a Irán. Es fácil encontrar a esas personas, puedes leer editoriales en los grandes medios como The New York Times o The Washington Post, en los que dice que debemos bombardear Irán ahora mismo, sin espera. Esas son personas y periódicos que obviamente pretenden dañar a Irán. Entonces supongamos que Irán diga ‘Ok, mandemos escuadrones de asesinato para matarlos y volar The New York Times y The Washington Post‘ ¿Cómo reaccionarían las personas en Inglaterra, en Uruguay o en Alemania frente a eso? Sería considerado como el retorno del Nazismo. Nosotros lo hacemos todos los días. Literalmente, cada martes de mañana hay una reunión en la cual se hace esto. Y es aceptado, porque nos hemos subordinado al poder de una forma tan extrema que no podemos ver lo que está frente a nuestros ojos. Y por cierto, esto es de Obama, no de Trump, aunque, por supuesto, Trump lo lleva adelante”. Ese Plan Cóndor es el que hoy busca, sino asesinar, horadar buena parte de la legitimidad del poder si este es ejercido por gobiernos con orientaciones progresistas. Es la ofensiva de las derechas y el gran capital a escala continental. Es la alianza del poder económico con sectores del poder judicial y la totalidad de los medios de comunicación hegemónicos para recuperar sus tasas de ganancia. Y es motivo de análisis en los ambientes políticos y sociales que ven cómo se degrada la democracia tal y como la conocemos. De esto también habló Chomsky en el salón Azul de la intendencia. Sobre José Mujica dijo: “En la larga y compleja carrera de Pepe Mujica, particularmente durante sus años como presidente o senador, fue, con sus ideas y su ejemplo de vida, un proveedor de un modelo de propiedad, honestidad y entrega que mostró a las personas cómo deben ser los líderes. Él es un ejemplo en Latinoamérica y en el mundo”. Y después de semejante elogio, que hasta al propio Mujica debe haber sorprendido, habló del documental que preparan junto al expresidente brasileño Lula Da Silva: “Ambos, Lula y Pepe, han tenido un rol muy importante, mejorando la idea de un futuro satisfactorio para Latinoamérica. El documental se enfocará en ellos, pero no debemos pasar por alto los defectos y errores que fueron cometidos durante la llamada década ganada. La gente en América Latina debe aprender de ellos, pero para superarlos. Se debe tomar el legado que Lula y Pepe dejaron y usarlo como base para obtener mejores logros, tanto en materia de justicia social, como de bienestar económico y del medioambiente, la paz y la amistad entre los pueblos”. Algunas horas después de la filmación, el reconocido lingüista abandonaba Montevideo. A su paso dejó la sensación de que otra política es posible. Levantó la mirada, planteó nuevas preocupaciones, más serias, menos mundanas. Lo aplaudieron radicales y moderados, lo insultó la derecha, lo acompañaron algunos miles de uruguayos un lunes a las diez de la mañana y demostró que en tiempos de mediocres preocupaciones por la coyuntura electoral, la izquierda tiene mucho que recuperar si apuesta a sus pasiones fundacionales. Al fin y al cabo, lo demás es puro cuento.

Perspectivas de supervivencia
En el marco del ciclo de conferencias que lleva adelante el Frente Amplio, Noam Chomsky habló sobre perspectivas de supervivencia de la humanidad ante las amenazas de guerra o devastación cada vez más evidentes. Compartió escena con el expresidente José Mujica, el presidente del Frente Amplio, Javier Miranda, y el presidente de la Fundación Liber Seregni, Agustín Canzani.

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