Por Edgardo Buggiano
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Esta Copa América se termina de jugar con el formato de tres grupos y en un solo país, ya que la próxima se jugará en dos grupos y en dos países distintos, Argentina y Colombia.
Una próxima Copa América se jugará el año que viene y de allí en adelante pasará a realizarse cada cuatro años, quedando separados Mundial y Copa por dos años.
A su vez el próximo torneo continental repartiría, según el cálculo de la Conmebol, doce millones de dólares fijos, sólo por jugar. En esta Copa fueron cuatro millones, por lo que se triplica la suma. Obviamente también aumentarán el resto de los premios, pero seguramente en menor porcentaje.
Este es el ítem que más importa en Conmebol, el dinero, eso queda claro en cada una de las acciones que realiza, pasando por arriba de cualquier aspecto deportivo y de público. De hecho estaban muy contentos con la recaudación, cuando los estadios estuvieron vacíos porque las entradas eran muy caras.
Pero además, esta terminó siendo una copa sospechada con el VAR, que fue variando su aplicación en la medida de las grandes protestas que se fueron dando por parte de los protagonistas y la gente.
En las dos primeras fechas los asistentes tenían los brazos enyesados, no cobraban una posición adelantada y el VAR paraba el partido permanentemente. A partir de la tercera fecha cambiaron, ya no se revisaban todas las jugadas, se dejó jugar un poco más, pero apareció el VAR cobrando jugadas polémicas, con las que comenzaron las críticas. Una cosa quedó clara: no estaban prontos para ponerlo en práctica en el torneo más antiguo del mundo y más importante del continente.
En cuartos de final se comenzó a desatar la tormenta y la frase más escuchada era que “le estaban limpiando el camino a Brasil”, cuando quedaron eliminados Colombia y Uruguay, sobre todo en el partido de los celestes, en el que anularon tres goles, dos de ellos muy dudosos.
Después se llegó al partido de Brasil con Argentina, donde el árbitro ecuatoriano Zambrano manifestó que el VAR uruguayo, Leodán González, le dijo que en la incidencia del penal de Arthur a Otamendi era “una jugada gris de 50 y 50 por ciento” y el ecuatoriano no la revisó.
El comunicado de la Conmebol, donde no habla de nombres y apellidos, dice que hay que saber ganar y perder, es cierto, sobre todo porque el lío es entre los grandes, entonces hoy le toca a Brasil que maneja en buena parte la Conmebol, luego que por décadas lo hiciera Grondona.
Futbolísticamente Brasil estuvo un escalón por arriba de sus rivales, uno nunca sabrá qué habría pasado si enfrentaba a Uruguay o Colombia. Por lo tanto fue un justo campeón.
Pero el juego no fue vistoso; después, si fue bueno, es otra historia. Las defensas fueron protagonistas sobre los ataques, el mismo Brasil, que encontró algunos jugadores que comenzaron a tener más visibilidad en semifinales, tuvo un juego más de equipo, ya que no contaba con su principal figura, Neymar.
En realidad, cuando Everton comenzó a tener más minutos, jugaron mejor aprovechando el ancho de la cancha.
Pero las figuras de este equipo fueron el arquero Alisson, el lateral derecho Dani Alves y el volante Arthur.
Lo mismo sucedió en Uruguay, Colombia, Chile y Perú, toda la base fue defensiva, no hubo goles de pelota quieta de los costados, hablando de jugadas preparadas, ni de tiros libres directos.
Pero lo grave son las sospechas que esta vez sonaron muy fuerte; el VAR que ayudó a esas sospechas y lo que se ha hecho con este torneo, jugándolo a cada rato y quitándole prestigio en los cambios, según las conveniencias políticas, pero lo peor es que no hubo gente en las tribunas.