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Política

Cipriani y el cuento de la buena pipa

A principios del año 2018 el empresario italiano irrumpió en la escena nacional con un proyecto hotelero-edilicio que rompía todas las barreras.

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Minutos antes de vencer el plazo de la segunda y última prórroga otorgada por el gobierno, el abogado Pablo Monsuárez apoderado del empresario Giuseppe Cipriani, firmó con el Ministerio de Economía y Finanzas el contrato por el cual se otorga el permiso para operar un casino privado.

Ahora Cipriani tiene la tierra y el permiso para el casino, pero no tiene ni el dinero suficiente para la inversión, ni el proyecto edilicio, ni las autorizaciones pertinentes para construir.

Curiosamente la inversión de 450 millones de dólares anunciada por él mismo cuando presentó su proyecto, cuatro años después se redujo a la mitad, según informaron fuentes del MEF.

A principios del año 2018 el empresario italiano irrumpió en la escena nacional con un proyecto hotelero-edilicio que rompía todas las barreras, tanto en inversión como en altura.

El italiano anunció que habia culminado las negociaciones para comprar el viejo hotel San Rafael y todos los predios que lo circundaban, una manzana entera frente al mar en la parada 11 de Playa Brava.

El monto de la operación rondó los 50 millones de dólares que comprendían la adquisición a la anterior propietaria Yolanda Manoukián de Merlo de todas las acciones de Fosara S.A, , el pago de tributos adeudados y la compra a la Intendencia de tierras usadas por el hotel pero de propiedad pública.

Allí se levantaría el “Cipriani Ocean Resort and Club Residences Punta del Este”. Incluía la reconstrucción completa del ex hotel, la construcción de una torre de 237 metros de altura (60 pisos) más dos edificios horizontales de 100 metros de ancho y 26 pisos. En total unos 123 mil metros cuadrados. Tendría un teatro para 1.000 espectadores, piscinas interiores y exteriores, fuentes de gran magnitud, un estacionamiento bajo tierra para 2.000 autos, un spa de lujo, centro de convenciones y casino privado.

El 30 de mayo de ese año Cipriani y su socio, el arquitecto uruguayo Rafael Viñoly, se presentaron en la Junta Departamental de Maldonado para mostrar su proyecto. En realidad sólo llevaron una maqueta y unos dibujos a lápiz.

Pero eso bastó para que el gobierno departamental encabezado por Enrique Antía lanzara campanas al viento anunciando una “nueva era” para Punta del Este.

Unos pocos, apenas unos pocos, ediles frenteamplistas mostraron su desconfianza y afirmaron con lógica que primero había que gestionar todos los permisos y como el proyecto era único en sus características se debían discutir las excepciones a entregar.

El proyecto comprendía la demolición del hotel San Rafael y su reconstrucción exactamente igual. En este caso algunos ediles más se animaron a reclamar garantías antes de votar la autorización para demoler.

El argumento para demolerlo era su estado ruinoso que “representaba riesgo de derrumbe”.

La intendencia autorizó las tareas sin reclamar ninguna garantía.

El 5 de abril del 2019 comenzó la demolición del viejo hotel. Que como se pudo apreciar no estaba en ruinas y la tarea debió extenderse casi hasta fines de ese año.

Cipriani comenzó a recorrer el mundo tratando de conseguir compradores. Pero no tuvo mucha suerte. Entre otras cosas porque nunca presentó un plano, ni cómo serían las propiedades.

En marzo del 2020 estalló la pandemia en Uruguay, se cerraron fronteras acá y en el mundo y seguramente eso complicó sus planes.

En diciembre de ese año el gobierno le adjudicó el permiso para operar un casino privado. Alcanzaba con superar, como establecía el decreto, los 160 millones invertidos por Baluma S.A. para construir el hotel Conrad con casino. Pero ahora con un agregado: se le autorizaría el juego on-line. El proyecto de ley está a estudio parlamentario.

A principios del 2021 se anunció una nueva modificación al proyecto original y con ella una sustancial reducción de la inversión prevista originalmente. Ahora apenas llegaría a los 220 millones de dólares. Pero esta vez ni siquiera se dieron a conocer dibujos, ni en la intendencia se ha presentado nada. Se desconoce que quedó del proyecto arquitectónico original.

Entonces el inversor dijo que “tenía a empresarios chinos y rusos interesados en operar el casino”. Curioso porque ni en China ni en Rusia hay casinos y los “empresarios” de esas nacionalidades que los operan en otros lugares del mundo, generalmente están asociados a mafias.

De Giuseppe Cipriani poco o nada se supo en los últimos dos años No hubo contactos ni personales ni telefónicos. Más que dos comunicaciones para solicitar prórrogas para firmar el contrato por el casino. La primera porque tenía covid y la segunda sin motivos.

.La desazón creció y muy pocos creían que ese proyecto se fuera a concretar.

“Algo tendrá que hacer” dijo el intendente Enrique Antía y agregó “aunque sea poner una carpa”.

Pero el viernes todo era alegría en el gobierno departamental, tanto que emitió un comunicado público en el que señala “La Intendencia de Maldonado recibió con gratitud y satisfacción la noticia de la firma del contrato entre el Ministerio de Economía y Finanzas y Fosara S.A. que permite avanzar en la construcción de un importante proyecto en San Rafael. La administración encabezada por el intendente, Enrique Antía, apuesta permanentemente al desarrollo y al progreso de sus ciudadanos”.

¿Con gratitud? ¿qué le debían?

El asunto era grave porque a Cipriani se le otorgó el permiso de demolición del hotel San Rafael sin ninguna garantía y, peor, sin haber presentado ningún plano, sin gestionar las excepciones a la ordenanza que son muchas, ninguna autorización de obra y sin siquiera un estudio de impacto ambiental.

Sólo creyeron en la palabra de un empresario cuyo intento de operar el hotel Mantra, en Manantiales, en el 2003 apenas duró un año porque no pudo integrar el capital que le requerían sus socios.

No hay lugar para un proyecto de tal magnitud”

Esta misma semana el diario El País publicó una interesante entrevista al desarrollador inmobiliario Sergio Grosskopf, quién acaba de inaugurar las dos primeras torres del complejo Fendi Chateau y tiene la experiencia de haber levantado varias lujosas torres en Punta del Este y muchas más en Buenos Aires y Miami.

Cipriani le ofreció asociarse a su proyecto San Rafael y su respuesta fue: “Es un proyecto muy grande para la situación, el mercado actual, para el mercado del país y para los problemas que tiene el desarrollo del sector. Es imposible de llevarlo adelante”.

Grosskopf recordó otra conversación que había mantenido con el italiano antes de anunciar su proyecto. “Lamentablemente se lo aconseje, con todo mi corazón, antes que ponga la primera firma. Le dije que se estaba confundiendo, que era un proyecto muy grande para realizarlo. Pero evidentemente, aunque hay una amistad y un respeto como empresarios, prevaleció su pensamiento de hacerlo. El riesgo del empresario lo asume cada uno, ¿no? Yo le dije de corazón que no se meta porque iba a ser feo para él. Muy pesado. Imposible de llevarlo adelante. No tiene un mercado en Punta del Este para hacer eso. Ni lo mío, que es importante, hoy lo tiene”.

El stock inmobiliario de Punta del Este tiene miles de metros construidos y a construir sin comercializar. La tendencia de muchos extranjeros que han venido a radicarse son las casas en clubes de campo cerrados.

Si a eso se le agrega que la operativa hotelera pasa por uno de sus peores momentos y no sólo por la pandemia, y que la situación operativa del hotel Enjoy es muy compleja e incierta porque no logra atraer un número importante de clientes, los consejos de Grosskopf suenan como razonables.

El único que necesitaba desesperadamente de alguna confirmación es el intendente Enrique Antía. Porque así podrá seguir adelante con sus falsas promesas de campaña y soñando con colocar a sus votantes en los desarrollos que él autoriza.

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