Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.

ASOCIARME
Columna destacada |

VIII Congreso Ordinario José "Pepe" Mujica

El mandato ético de gravar al 1 %

Si bien el Gobierno no parece dispuesto a aplicar la modificación tributaria reclamada por el movimiento sindical y por buena parte de la izquierda, ello no obsta a que el tema no sea discutido internamente y sostenido como propuesta.

Suscribite

Caras y Caretas Diario

En tu email todos los días

En 1971, cuando yo estaba saliendo de la adolescencia, escuché por primera vez un single publicitario que quedó grabado en mi memoria: “Con el Frente Amplio no nos moverán, con los obreros y los estudiantes no nos moverán, con un golpe de Estado no nos moverán”. Cincuenta y cinco años después, y luego de haber gobernado dieciséis años y medio tras romper la centenaria hegemonía de los partidos tradicionales en 2005, la coalición de izquierda es la primera fuerza política, por más que las encuestas que miden la aprobación del gobierno de Yamandú Orsi a diecisiete meses de su instalación no sean demasiado auspiciosas, aunque son meramente coyunturales. Aún quedan 38 meses de gobierno, que son 1.140 días, y hay muchas tareas y desafíos pendientes.

Ese single, que recuerdo con emoción, me induce a evocar una pieza publicitaria emblemática: “Hermano, no te vayas, ha nacido una esperanza”. Esa esperanza nació cobijada bajo la bandera de Otorgués, la enseña de la revolución artiguista que fue izada por primera vez por Fernando Otorgués, el 26 de marzo de 1815.

Por supuesto, crecí al calor de la militancia de miles de uruguayos que pugnaron por la consecución de una sociedad más justa y sin radicales asimetrías sociales, de una fuerza política joven que, aún desde la clandestinidad, desde el exilio y con miles de presos políticos encarcelados y torturados por los mastines militares, sobrevivió a la pesadilla de la dictadura.

El Frente Amplio emergió, hace más de medio siglo, como una respuesta a un proyecto de país conservador devaluado por la crisis y la corrupción, desafiando, desde aquel lejano febrero de 1971 y en el contexto del gobierno autoritario de Jorge Pacheco Areco, la lógica oligopólica del poder de los partidos tradiciones.

Promediando el segundo año de su cuarto gobierno, el FA celebró su VIII Congreso Ordinario José “Pepe” Mujica, en el cual ratificó, una vez más, su inveterado compromiso con la clase trabajadora, respaldó la propuesta de gravar con un 1 % al 1 % más rico, mediante un espacio de diálogo que permita arribar a consensos, e instó a fortalecer el rol articulador de la fuerza política entre el gobierno y su base social.

Al respecto, si bien el Gobierno no parece dispuesto a aplicar la modificación tributaria reclamada por el movimiento sindical y por buena parte de la izquierda, ello no obsta a que el tema no sea discutido internamente y sostenido como propuesta.

En un pasaje de su alocución, el reelecto presidente del FA, Fernando Pereira, denunció el talante inconstitucional de la LUC, aprobada en 2020 por el Gobierno derechista. La ley fue sancionada casi sin debate, en plena emergencia sanitaria, cuando el país estaba semiparalizado, las calles estaban casi desiertas, se multiplicaba la pobreza y la indigencia, los hospitales estaban saturados de enfermos, los CTI estaban casi colapsados y las morgues atestadas de cadáveres.

Obviamente, no soslayó críticas a la Administración multicolor por haber aplicado rebajas salariales durante cuarenta meses, entre 2020 y 2022. “Nos olvidamos tal vez, pero 40 meses de rebaja salarial es casi media década perdida”, dijo.

Al referirse a la estafa de Cardama devenida de una operación oscura para adquirir dos patrulleras oceánicas, fue muy indulgente con Luis Lacalle Pou al atribuirle únicamente la responsabilidad política. “La responsabilidad política principal la tiene Lacalle Pou. No es nada personal, tomó una decisión equivocada. No verificaron que las garantías fueran garantías”, afirmó.

Es obvio que tan o más grave que la aceptación de garantías truchas fue el sospechoso proceso de adjudicación a la empresa gallega, salteándose todas las normas del Tocaf, pese a que el astillero adjudicatario carecía de experiencia en la construcción de embarcaciones de esas características y de solidez financiera.

En ese marco, criticó la lentitud del proceso penal e ironizó: “¿Se acuerdan que decían que la Fiscalía era un comité de base? De un día para otro dejó de serlo”.

En efecto, es absurdo que la Fiscalía de la Nación sea un comité de base como lo afirma la derecha, una aseveración que no tiene ningún sustento empírico. Muy por el contrario, hay causas congeladas que involucran al gobierno de Luis Lacalle Pou, como la relacionada con la supuesta destrucción de documentos por parte del exasesor presidencial Roberto Lafluf para ocultar a la Justicia que el Gobierno estaba en conocimiento del prontuario del narco Sebastián Marset, pese a lo cual le otorgó un pasaporte en tiempo récord que le permitió escapar de una cárcel emiratí.

Otro de sus aspectos trascendentes del discurso fue su referencia a la propuesta de gravar con un adicional del 1 % del Impuesto al Patrimonio al 1 % más rico. “No nos pueden obligar a no discutir los impuestos a los más poderosos. No puede ser un problema o un pecado discutir que el que más tiene más pague para que los niños pobres salgan de la pobreza”, afirmó.

Pereira ratificó la postura antiimperialista del Frente Amplio, fustigando el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro, la injerencia de la Casa Blanca en las elecciones brasileñas, además de condenar el genocidio perpetrado por Israel en la Franja de Gaza y al bloqueo a Cuba. “Hoy, más que nunca, somos antiimperialistas”, proclamó enfáticamente.

Obviamente, defendió la gestión del Gobierno, reivindicando la creación de 31.000 puestos de trabajo en el primer año y las 95.000 personas que salieron de la pobreza. “La forma de defender los derechos de lo que hemos conquistado es con más y mejor Frente Amplio”. Además, en referencia a las actitudes destempladas y propias de patotas de la oposición, dijo que “a la violencia se le enfrenta con ideas”.

Fue un discurso de izquierda, acorde con la historia y las mejores tradiciones de la fuerza política, cuyas propuestas deberían ser más atendidas por quienes toman decisiones, particularmente las procedentes desde las bases, que militan cotidianamente a nivel territorial, intentando sintonizar con las inquietudes y demandas de los ciudadanos que sufragaron por el FA pero no aprueban la gestión del Gobierno. Sólo de ese modo se podrá revertir el bajo nivel de aprobación que expresa la ciudadanía en las encuestas con respecto a la Administración encabezada por Yamandú Orsi.

Lo fundamental es que la fuerza política está viva y consciente de la necesidad de volver a enamorar a los uruguayos, en un contexto de confrontación cotidiana con una derecha cada vez más hostil y virulenta. Por supuesto, el FA ha salido airoso de situaciones bastante más complejas en el pasado. Su fortaleza está en sus ideas, en su cercanía con la población, particularmente con la socialmente más carenciada y vulnerable y su admirable militancia de a pie, que lo da todo a cambio de nada, porque el frenteamplista genuino es sensible y solidario, a diferencia de la derecha, que vive en su burbuja privilegiada y ajena a la realidad de la mayoría de nuestros compatriotas.