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Columna destacada |

Sobre linajes y circunstancias

Luis Lacalle: su circunstancia y el Juego de los Tronos

Luis Lacalle Pou, o mejor dicho Luis Alberto Aparicio Alejandro Lacalle Pou es él y su circunstancia.

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Luis Lacalle es el candidato de las familias poderosas y defiende sus intereses. Es leal a su clase social. Quien no comprenda esto, no comprenderá nada. Luis sin apellido se puede abrazar con obreros mostrando su mango de madera; pero jamás podrá ocultar su cabeza de metal.

“Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”.

Ortega y Gasset, 1914. Del libro “Meditaciones del Quijote”.

Nuestro cuerpo, nuestro color de piel, e incluso nuestra conciencia, nos son dados por la familia en que nacemos y el ambiente en que nos educamos.

Si naces en una familia negra o mestiza pobre, tus problemas serán comunes a todos aquellos que tengan un origen similar. Si naces en una familia rica y blanca, tus problemas y oportunidades serán muy diferentes. La parte física podrá mejorarse, aunque jamás del todo, mediante deportes y alimentación saludables; las convicciones serán tanto o más difíciles de modelar, aunque no vengan predeterminadas de manera fatalista.

El hecho es que todo lo que hemos padecido o disfrutado, cada uno de nuestros errores y aciertos, cada circunstancia, nos ha convertido en lo que somos hoy.

“Todo lo que hiciste te ha traído a donde estás ahora... en casa”- le dice el parapléjico Bran Stark a James Lanister, quien lo arrojara desde lo alto de una torre cuando era niño.

Luis Alberto Aparicio Alejandro Lacalle Pou es él y su circunstancia.

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Lacalle Pou

Lacalle Pou

El poder reside donde los hombres creen que reside.

Es un truco, una sombra en la pared.

Un hombre muy pequeño puede proyectar una sombra muy grande.

(Lord Varys) The Game of Thrones.

Luis nació en Montevideo el 11 de agosto de 1973. Muy poco antes, el 27 de junio de ese año, el presidente colorado Juan María Bordaberry había disuelto las Cámaras de Senadores y Representantes con el apoyo de las Fuerzas Armadas, anunciando la creación de un Consejo de Estado con funciones legislativas, constituyentes y de contralor administrativo. Se iniciaba así la sangrienta dictadura cívico militar que se extendería hasta marzo de 1985, cuando se dio lugar a una “democracia tutelada” con la presidencia de Julio María Sanguinetti, del mismo partido del golpista.

Como representantes del sector civil, participaron del gobierno dictatorial connotadas figuras de los partidos Colorado y Nacional y hasta del diario El País, lo que no quiere decir que todos los dirigentes de los partidos tradicionales hubieran sido cómplices del régimen.

Entre los que resistieron y enfrentaron a los traidores a la patria, el líder blanco que lo hizo con más fervor fue Wilson Ferreira Aldunate, a quien le habían robado las elecciones en 1971 para favorecer al Partido Colorado. Sin embargo, los integrantes del movimiento sindical y el flamante Frente Amplio (fundado en 1971) fueron los que más sufrieron la persecución del régimen, pagando con cárcel, torturas y muertes su lucha por la libertad. El herrerismo (que con el retorno de la democracia sería representado por los Lacalle) jamás “tragó” a Wilson.

Luis es hijo de ese tiempo. Creció en un hogar donde las lecturas obligadas eran la Biblia y El País y afuera no estaba el Cuco, sino los tupamaros; un país donde la gente de bien era propietaria de grandes extensiones de campo, los peones debían trabajar de sol a sol por tres monedas y las empleadas domésticas, entonces llamadas sirvientas, carecían de derechos laborales. Es más, esas familias creían que aquel régimen de explotación era un acto de caridad con los más necesitados. Muchos peones eran despedidos sin poder reclamar absolutamente nada como indemnización, y aquel que hablara de sindicalizarse era echado de inmediato.

Luis creció en Pocitos junto a su hermana Pilar y su hermano Juan José, bisnietos de Luis Alberto de Herrera por el lado paterno y descendientes directos del presidente colorado Joaquín Suárez por línea materna.

En 1990, cuando su padre asumió la presidencia de la República, se mudaron a la residencia de Suárez y Reyes. Luis cursó primaria y secundaria en uno de los colegios más costosos del país: The British Schools. Ya siendo adulto, pasó a vivir en el exclusivo barrio La Tahona.

Pese a que a los 14 años un estudio realizado en Estados Unidos reveló que tenía un problema hormonal que impedía su crecimiento, gracias a un tratamiento con hormonas, siendo adulto logró alcanzar una estatura de 1,70 metros, o sea, una estatura promedio en Uruguay. Su sana costumbre de practicar deportes (sobre todo surf) y haber abandonado a tiempo el consumo de drogas, le permitió desarrollar una excelente presencia física, la cual, sin dudas, le ayudó a conquistar sus objetivos políticos.

Se casó con la hermosa paisajista Lorena Ponce de León y tuvo con ella tres hijos.

El abogado Luis Alberto Ramón Lacalle de Herrera (Montevideo, 13 de julio de 1941) fue Presidente de la República entre el 1° de marzo de 1990 y el 1° de marzo de 1995, o sea, en el lapso intermedio entre las dos presidencias de Julio María Sanguinetti.

El hijo del expresidente (abogado igual que aquel y egresado de la Universidad Católica del Uruguay en 1998) asumió el 1° de marzo de 2020 como el 42° presidente de la República. Su madre, María Julia Pou Brito del Pino, había logrado imponerlo como Representante Nacional por Canelones entre 2000 y 2015.

Su apellido, obviamente, pesaba y mucho; sin embargo, el resto de su carrera política se debió a mérito propio y al firme acatamiento a las directivas de los sectores más poderosos del país.

Entre 2011 y 2012 fue presidente de la Cámara de Diputados. En Canelones fundó Aire Fresco, sector político del Partido Nacional identificado con la lista 400, el cual se extendió a Montevideo con la lista 404 y luego al resto del país. Fue senador entre 2015 y 2019, recibiendo críticas por no ir casi nunca a trabajar.

En 2010 se postuló a intendente de Canelones por el Partido Nacional; pero solo obtuvo el 22,82% de los votos, perdiendo estrepitosamente contra el 52,49% del frenteamplista Marcos Carámbula.

En las elecciones internas de 2014, con el 54.3% de los votos, venció a Jorge Larrañaga y fue elegido candidato único a la presidencia por el Partido Nacional para las elecciones nacionales del 26 de octubre de 2014. Lacalle Pou fue derrotado por el frenteamplista y expresidente Tabaré Vázquez, lo que lo llevó a ocupar una banca en el Senado.

Esta derrota en particular lo impulsó a pulir su estilo personal. Modificó y relativizó parte de sus propuestas, adoptó las sugerencias de especialistas en marketing político, aprendió a prometer puentes donde no había ríos, se sacó cientos de miles de selfis con quienes se le acercaban, pasó de ser Luis Lacalle Pou a, simplemente, Luis, aprendió los secretos del lenguaje no verbal, su equipo le pidió al expresidente que no se metiera en la campaña de su hijo y Luis quedó listo para la revancha en las urnas. En las internas de 2019 venció a los precandidatos Jorge Larrañaga, Juan Sartori, Enrique Antía y Carlos Lafigliola, logrando el 53% de los votos.

Aunque en la elección nacional, realizada el 27 de octubre de 2019, sacó el segundo puesto, con menos del 29% de los votos en la primera vuelta, en la segunda (24 de noviembre) logró vencer al frenteamplista Daniel Martínez Villamil con el 50.79% de los sufragios contra el 49.21% de su contrincante y ex intendente de Montevideo.

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Desde Unasev sostienen que Lacalle debería ser multado.

Desde Unasev sostienen que Lacalle debería ser multado.

Luis no solo fue lo suficientemente inteligente como para “enamorar” a la cantidad necesaria de votantes; también fue muy hábil para tejer alianzas con la derecha y ultraderecha del espectro político.

Si bien se muestra como una persona moderna y actualizada en algunos aspectos, es profundamente conservador en otros. Es un hombre de derecha.

Como legislador opositor al gobierno frenteamplista, se opuso al matrimonio entre personas del mismo sexo y a la regulación de la jornada laboral de los trabajadores rurales. Se opuso también a la despenalización del aborto y apoyó la consulta popular para derogar la ley 18.987; sin embargo, cuando llegó a presidente, y aunque mantuvo su postura, optó por no derogar la ley existente. Llegó a decir que si por él fuera no seguiría con la búsqueda de los detenidos desaparecidos durante la dictadura; pero, tras ver que la gente se le puso en contra, reconoció que fue un error y cambió de postura.

Existen dos Luis. Uno es digno de admiración. Es el deportista, el veterano que aparenta diez años menos, el que conquistó a una mujer bonita y agradable que le subía el puntaje cada vez que subía con él a un escenario, el que nos dio pena cuando ella lo abandonó, el que nos alegró porque logró que volviera y nos volvió a entristecer cuando se le fue de nuevo, el que va a visitar a una anciana desconocida en su cumpleaños, el que se abraza con negritos del África, el que pasa la Navidad con sus soldados en el extranjero, el que derrota la alopecia, el que sabe qué vestimenta usar en cada ocasión, el que duerme sobre un apero en una estancia, el que cruza un alambrado en lugar de abrir la portera, el que domina una pelota, el que habla con los paisanos campechanamente, el que tutea a los periodistas, el que cuando Ismael Cala le preguntó a quién le atendía siempre las llamadas, respondió “a mi madre”... o sea, el crack.

Luego está el otro Luis; el que no tiene piedad con los débiles al momento de definir sus prioridades económicas.

Los dioses no tienen piedad, por eso son dioses” -decía Cersei Lannister.

Los poderosos siempre se han aprovechado de los débiles, así es como se volvieron poderosos” –sentenciaba por su parte el genial “gnomo” Tyrion Lannister.

Luis pertenece a la oligarquía, es un producto de la oligarquía y es lo que es gracias a la oligarquía. Esperar que priorice las necesidades de su pueblo sobre los privilegios de sus cortesanos, es, sencillamente, un delirio.

Para las familias dominantes, los términos sindicalismo, huelga, reclamo, subversión, derechos, igualdad u ocho horas, eran malas palabras. En su lógica, el pobre es pobre porque quiere, algo fácil de decir para el que iba a un colegio privado con chofer y al regresar lo esperaban las mucamas con la merienda.

Luis creció con un padre que adoraba al dictador Francisco Franco. Creció viendo totalmente normal que los políticos acomodaran a familiares y correligionarios en cargos públicos o facilitaran a los amigos las licitaciones y compras directas.

En ese mundo, ser “hijo de” es muy importante; razón por la cual cuando dicen su nombre le agregan varios apellidos notables y te tiran con todo su árbol genealógico.

En ese mundo selecto, frívolo, católico apostólico romano y cristiano de la boca para afuera, alguien con un nombre como Luis Alberto Aparicio Alejandro Lacalle Pou ya tenía, desde la cuna, un futuro asegurado en las cimas del Olimpo. Sólo con esto ya alcanza para comprender por qué apenas llegó al gobierno los trabajadores perdieron salario real y poder de compra o por qué, cuando surgió la pandemia de Covid, se negó a tocar el bolsillo de los “malla oro”.

Él representa al herrerismo, a las familias acomodadas y jamás a las humildes. Odia a los sindicatos, coarta la libertad de expresión (recordemos, a modo de ejemplo, la llamada desde Torre Ejecutiva al diario El Observador para que no publicara una noticia), rebaja salario real a trabajadores y aumenta el de los jerarcas, quita la copa de leche en escuelas rurales y compra 1000 ametralladoras, le miente a los uruguayos al decir que heredó un desastre y luego reconoce con documentos en la mano ante inversores extranjeros que heredó un país en excelente situación; prometió hacerse cargo y pasa culpando al gobierno anterior; alarma hablando de auditorías y apenas encuentra café vencido y alguna tontería, pero no investiga a las intendencias blancas, plagadas de corrupción...

Es el candidato de las familias poderosas y defiende sus intereses. Es leal a su clase social. Quien no comprenda esto, no comprenderá nada. Luis sin apellido se puede abrazar con obreros mostrando su mango de madera; pero jamás podrá ocultar su cabeza de metal.

“El bosque seguía muriendo tras cada golpe del hacha,

y los árboles seguían pidiendo que ella fuera su líder.

El hacha era astuta, pues los había convencido de que,

por tener el mango de madera, era uno de ellos”.

Cuento atribuido a la cultura turca