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¿Maniobra de Marset o con Marset?

La tan anunciada entrevista al narco Sebastián Marset deja planteadas una serie de preguntas al respecto.

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Primero lo primero. Felicito a Patricia Martín, productora y periodista del programa Santo y Seña, por haber tenido la oportunidad de entrevistar a uno de los criminales más buscados del continente. Otro tema es el papel desempeñado por el conductor del programa; lo que analizaremos luego de este punto.

Obviamente, el programa lanzó al estrellato a un narcotraficante acusado de varios crímenes y dejó planteado el dilema ético; pero, así como un dentista o médico pueden atender a cualquier persona sin considera su situación, los periodistas también pueden realizar su tarea por más cuestionable que sea el entrevistado.

En el año 2003, fui galardonado con dos Libros de Oro de la Cámara del Libro de Uruguay por El Pozo de Pandora y Las Reglas de la Mafia. ¿Alguien cree que hubiera podido escribir esos libros si no me hubiera reunido con delincuentes buscando información? Uno de ellos fue el asesino serial Pablo Goncalvez, aunque no escribí lo que él quiso porque entendí que nada bueno hubiera logrado.

Patricia tuvo la oportunidad de oro de su carrera y la aceptó, de la misma manera en que yo mismo lo hubiera hecho. Creo sí que la pifió cuando dijo que “no todos los delincuentes son malas personas”. Fuera de eso, cumplió con su trabajo. Lo retorcido está por encima de ella.

Sin embargo, las reflexiones de Marcelo Pereira en La Diaria son muy razonables y atendibles: “Llegamos así a temas que no son periodísticos ni se miden en términos de rating. Aún menos legítimo, razonable y prudente que considerar veraz a Sebastián Marset es convertirlo en una propuesta de entretenimiento. Quienes nos dedicamos al periodismo no somos policías, fiscales ni jueces, pero sí somos, antes que periodistas, ciudadanas y ciudadanos, y esto implica responsabilidades”.

Coincido plenamente. Ahora, cabe suponer que, en aras de la ética profesional y coherencia, desde Santo y Seña nunca más van a criticar a Gustavo Leal, sociólogo, investigador y escritor, por haber aceptado reunirse, no con delincuentes, sino con familiares de Alejandro Astesiano.

La exfiscal Gabriela Fossati intentó sin éxito comprometerlo penalmente, congraciándose con el partido de gobierno. De continuar en el cargo, ¿hubiera acusado de algo a Patricia Martín?

El abogado defensor del gobierno

En cuanto al papel de Ignacio Álvarez, son tres pesos aparte.

Si analizan objetivamente el desarrollo del programa, Martín fue bastante objetiva; pero él no dejaba de usar la entrevista afirmado en su rol de operador mediático del gobierno.

Así como sobre el caso Astesiano insiste con que solo de trató de “un gordo chanta” que traicionó la confianza del presidente, ahora pretende vendernos una historia con dos premisas básicas: que no había más remedio que otorgar el famoso pasaporte porque así lo imponía el decreto de 2014 y que todo el resto no fue más que una cadena de pequeñas omisiones sin mala fe que desembocaron en este escándalo.

El conductor persiste en la mentira de que el decreto de 2014 obligaba a dar el pasaporte a Marset, omitiendo que el mismo decreto (¡y sobre todo el sentido común!) habilitaba a darlo con un solo destino, para regresar a Uruguay mientras se aclaraba su situación. La opción más irracional era darlo para cualquier destino; y fue la que eligieron.

Mientras tanto, insiste en mostrar los casos de Morabito y Sendic como más importantes que el de Marset; o sea, “esto es una nimiedad; lo grave fue lo sucedido con el Frente Amplio”. En todo momento Álvarez intenta sacarle a su amigo Luis las castañas del fuego mientras se autodefine incesantemente como imparcial y objetivo.

Previamente, el programa había planteado dudas sobre la responsabilidad de Marset, como autor intelectual del asesinato del fiscal paraguayo Marcelo Pecci cuando éste se encontraba de luna de miel con su esposa en una playa colombiana. Nacho Álvarez comentó ahora: “Marcelo Pecci no era el fiscal que lideraba la operación 'a ultranza' en la que Marset figuraba como líder. Algunos intentaron atribuirle este homicidio a Marset. Eso fue algo que informamos en su momento. Sé que eso llevó a Marset a confiar en el periodismo objetivo e independiente, que no se deja llevar por rumores y busca llegar al fondo”.

Nacho es tan objetivo que comentó que le creía más a Marset que al ministro del Interior boliviano Eduardo del Castillo, y que si él acusa de corrupto a alguien “por algo será”, dando por veraces todas las acusaciones que hizo, hace o hará el criminal.

A propósito, el jerarca boliviano preguntó: “¿Quién ha financiado esa entrevista? ¿Quiénes son los interesados? ¿A quiénes va a lavar la cara esa entrevista?”

Ésa, justamente, es la pregunta que se hace, por lo menos, la mitad de los uruguayos.

Las calumnias, mentiras y amenazas forman parte del arsenal de Sebastián Marset; por lo que lo más razonable sería tomar con pinzas todo lo que diga. Es muy fácil, desde su posición, arruinar la reputación de un adversario diciendo que lo compró. Tan fácil como dejar bien a un cómplice diciendo que no lo sobornó aun cuando lo hubiera hecho.

Más claro no lo puedo decir.

¿Dónde se hizo la entrevista?

Luego que la periodista y el abogado de Marset, Santiago Moratorio, llegaran al Aeropuerto Internacional Silvio Pettirossi, el 8 de noviembre, los trasladaron en una camioneta, luego en dos helicópteros sin dejarles ver hacia afuera y, finalmente, en una segunda camioneta.

Paraguay tiene fronteras con Bolivia, Argentina y Brasil y no está muy lejos de Uruguay. El primer vuelo, según la periodista, duró más de una hora; no especificando el tiempo que volaron en el segundo helicóptero.

La temperatura en Paraguay por esos días superaba los 30 grados. Por más aire acondicionado que tuviera la mansión, la vestimenta utilizada no parecía acorde al clima.

Considerando estos elementos (distancias con países limítrofes, vehículos utilizados, tiempos de viaje y posible temperatura) podríamos pensar que la entrevista se realizó en cualquier país, menos en Paraguay.

Se preparó más que Luis

Pese a los días que tardó en regresar al país, el presidente Lacalle Pou no se preparó para la conferencia de prensa que dio para intentar explicar el escándalo del complot para eliminar evidencia y evitar que llegara a manos del Parlamento y la Justicia. Si tuvo un grupo de asesores preparando su discurso, le robaron la plata; porque lo que hizo fue un papelón.

Sebastián Marset, en cambio, parecía venir de varios días de preparación (coaching 24/7), ya que se mostró sereno, amable y agradable. ¿Quién puede imaginar detrás de esa sonrisa apacible al “gerente de la Hidrovía” acusado de mandar asesinar a un fiscal en Colombia y a un falsificador de documentos en Paraguay (dos días después de haber caído detenido en Dubái) por no haber hecho un buen trabajo?

¿Fue casual que la escena fuera preparada con los colores blanco y azul y que describiera a Uruguay como el menos corrupto del mundo? ¿Por qué se esmeró en convencernos de que no había pagado un dólar por el pasaporte y que se lo tenían que dar sí o sí? La misma mentira del gobierno y de Nacho.

En el programa Legítima Defensa le dije a Leandro Grille que esto parecía una maniobra de Marset y él conductor me dijo algo que me dejó pensando: “Yo pienso que no es una maniobra de Marset, sino con Marset. Me dejó pensando.

¿Por qué este narcotraficante busca la aprobación popular y por qué dice lo que al gobierno y a Nacho les produce regocijo? El senador Alejandro Sánchez ha explicado que: “Lo que está haciendo es intentar controlar el manejo mediático porque está empezando a negociar, construyendo una alternativa para sacar a su familia del problema de sus negocios”.

Efectivamente, ya desde el 26 de octubre, cuando su cuñado se entregó ante la Fiscalía de Uruguay, nos enteramos de la intención de Marset de negociar para que el resto de la familia no fuera a prisión preventiva antes del juicio. Por otra parte, si él mismo se entregara, estaría el tema de la extradición. Siguiendo el consejo de Martín Fierro, trata siempre de estar bien con el juez y el comisario…

Como sea, a partir de ahora, miles de jóvenes tendrán un ejemplo a seguir. Santo y Seña ha parido una estrella y nada bueno podemos esperar de este punto de partida.

Que la pinten como quieran; pero este narco peligroso está libre gracias al gobierno uruguayo. Es la ex vicecanciller Carolina Ache la que acusó a jerarcas de primera línea de haberla presionado para cometer un delito. Lafluf destruyó evidencias y Bustillo le sugirió “perder” el celular para que el Parlamento y la Justicia no se enteraran de los chats.

Uruguay es hoy, ante el mundo, el que le abrió la celda a esta narcoestrella.

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