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Columnas de opinión | mundo |

Cumbre BRICS

"El mundo ya nunca será igual"

Los BRICS se reunieron en Sudáfrica y decidieron el ingreso de seis nuevos países y poner en pie una alternativa financiera.

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Caras y Caretas Diario

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La reunión de los BRICS celebrada en Sudáfrica trajo noticias importantes: la ampliación de la principal alianza que cuestiona la arquitectura mundial dominada por Estados Unidos, el intento de construir una alternativa financiera y, para América Latina, la incorporación de Argentina.

Los ojos del mundo se centraron en la ciudad sudafricana de Johannesburgo entre el 22 y 24 de agosto. Allí se reunieron los llamados BRICS, es decir Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Estuvieron presentes los mandatarios de cuatro de los cinco países integrantes de la alianza: Luiz Inácio “Lula” da Silva, quien viajó desde Brasilia, Narendra Modi desde Nueva Delhi, el anfitrión Cyril Ramaphosa, y la máxima autoridad del gigante asiático, Xi Jinping. El presidente ruso, Vladimir Putin, asistió a distancia y envió a su canciller Serguéi Lavrov.

La cumbre trajo varias noticias importantes. Por un lado la iniciativa de la principal alianza que cuestiona la arquitectura mundial formada en el siglo XX bajo dominio estadounidense y de sus aliados; por otro lado, la ampliación del grupo a seis nuevo países, algunos de la importancia de Arabia Saudí e Irán; y finalmente, la voluntad explícita de poner en pie una alternativa al dominio monetario-financiero vigente.

En ese contexto fue anunciada la incorporación de Argentina, que había solicitado su ingreso desde el 2014, pero guardaba poca expectativa de que efectivamente sucediera en vista de su situación interna. El anuncio resultó, así, sorpresivo puertas adentro para un gobierno que no asistió a Johannesburgo, y fue, según cuentan las crónicas y fuentes, defendido por el vecino brasileño, principalmente por el mismo presidente Lula, quien bregó en público y en privado por el ingreso de Buenos Aires.

El contrapeso mundial

Los BRICS nacieron a inicio de este siglo. En ese entonces, la arquitectura global se mantenía bajo el diseño formado posterior a la Segunda Guerra Mundial, y en particular durante la década del 70, cuando fue formado el Grupo de los Siete (G7), integrado por Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia y Japón. El G7 había capitaneado la expansión neoliberal, el mundo post caída de la Unión Soviética y dominaba diplomacia, ejércitos, comercio y tecnología.

Cuando los BRICS se fundaron formalmente, es decir en 2009, algo ya había cambiado con la crisis del 2008 que afectó centralmente a esas economías dominantes. Siguió el proceso de crecimiento de los BRICS y de cada uno de sus países por separado: China, por ejemplo, cuadruplicó su Producto Bruto Interno (PBI) en ese lapso de tiempo y emprendió una iniciativa de expansión por todos los continentes a través de políticas como la Iniciativa de la Franja y de la Ruta.

No fue lo único: Rusia se involucró militarmente en Medio Oriente aliado al gobierno sirio, Brasil tuvo un golpe parlamentario con un giro de 180 grados de sus políticas internas y externas, vino la pandemia, y la guerra en Ucrania aceleró las tendencias de cambio de una geopolítica que ya poco se parece a la que se debatía a inicio de este siglo. El mundo es otro y en su centro están ahora los BRICS.

La cumbre fue entonces, en primer lugar, la ratificación de aquello que en 2009 se fundaba como potencia. Y fue, en segundo término, la instancia para ampliarla a seis países: Arabia Saudí, Argentina, Egipto, Emiratos Árabes, Etiopía e Irán. “El BRICS pasó a ser una entidad más poderosa, más fuerte y más importante, el mundo nunca será igual en las discusiones económicas globales después de la expansión del grupo. Hoy el BRICS es más fuerte que el G7”.

Cantidad y calidad

Los BRICS, con la incorporación de los nuevos países, pasaron a representar cerca del 36 % del PBI mundial -contra el 31 % del G7-, 46 % de la población, 40 % de la producción de gas y 45 % de la petrolera. Más fuerte, efectivamente, que el G7, y conducido por el motor económico de este siglo, es decir China, que disputa en ámbitos tan importantes como la tecnología, hasta hace poco monopolizada por las potencias occidentales.

La cumbre y ampliación de la alianza significó a su vez el ingreso de países que hasta hace poco no tenían relaciones diplomáticas, como Arabia Saudí e Irán, que volvieron a sentarse alrededor de una mesa este año gracias a la mediación diplomática de China. El Medio Oriente que Washington hacía y deshacía años atrás ya no existe más, allí están Beijing, Moscú, y ahora varios de sus actores determinantes ingresaron a los BRICS.

Desde esos BRICS ampliados se volvió a hacer énfasis en un tema medular: la construcción de una alternativa a la arquitectura monetaria-financiera dominante. “La creación de una moneda para transacciones comerciales y de inversión entre los integrantes del BRICS aumenta nuestras opciones de pago y reduce nuestras vulnerabilidades”, afirmó Lula desde Sudáfrica. La idea de una moneda BRICS, nacida en el 2014, volvió a plantearse ahora desde otra fortaleza.

La posición del presidente de Brasil, acompañada por China, se dio con la presencia en la reunión de la exmandataria Dilma Rousseff, ahora al frente del Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS, institución que tiene previsto, según afirmó, prestar entre 8.000 y 10.000 millones de dólares este año. De ese total, un 30 % debería ser en monedas nacionales de los integrantes de la alianza, en préstamos sin condicionamientos de políticas económicas internas: “A menudo se concede un préstamo con la condición de que se lleven a cabo determinadas políticas. Nosotros no hacemos esto. Respetamos las políticas de cada país”, señaló Rousseff.

El capítulo Argentina

El ingreso de Argentina tuvo un efecto sorpresivo. La posibilidad de que los BRICS aceptaran la solicitud de ingreso del país sudamericano se daba casi por descartada en vista de la crisis de sobreendeudamiento del país y su tormenta político-electoral que llevará a un nuevo presidente a la Casa Rosada el próximo 10 de diciembre. Sin embargo, y tal vez justamente por esa situación, algunos países, en particular Brasil, bregaron para el ingreso argentino.

Pudo verse así a Lula defendiendo públicamente la incorporación de su principal socio regional a la alianza capitaneada económicamente por China. “Defiendo que nuestros hermanos de Argentina puedan participar de los BRICS (…) Brasil no puede hacer política de desarrollo industrial sin recordar que Argentina es un país que tiene que crecer junto con Brasil” señaló desde Johannesburgo.

La reacción de los candidatos presidenciales de la derecha argentina, Patricia Bullrich y Javier Milei, no se hizo esperar. La primera afirmó que bajo su gobierno Argentina no estaría en los BRICS, el segundo volvió a ratificar su alineamiento total con EE. UU. e Israel en caso de ser presidente, así como su negativa a realizar acuerdos con “comunistas”. Una salida de los BRICS no sería particularmente difícil en vista de que el país entrará oficialmente en enero del 2024 y no existe acta de compromiso con obligaciones firmada.

Si la situación de Argentina es altamente inestable y en parte difícil de predecir, la de los BRICS no lo es. La alianza formada oficialmente en 2009 se encuentra en un momento de crecimiento y expansión, con más de 20 países que quieren ser parte de la misma dentro de lo que es un ordenamiento mundial que se encuentra en plena transición, con su consecuente disputa entre quienes ascienden y quienes buscan retener un poder en relativo declive. El mundo cambió y, como afirmó Lula, ya “nunca será igual”.

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