“La visita del presidente uruguayo a China es una señal de su independencia económica y autonomía política”. Así titulaba el Global Times principal vocero para los temas internacionales del Partido Comunista chino el mismo día que aterrizaba en Beijing la delegación más importante en cantidad, calidad y representatividad de la historia de la diplomacia uruguaya.
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“El presidente uruguayo trae algo más que carne y fútbol”, calificó en su editorial de primera página el mismo medio el día después de la cumbre Jinping-Orsi, los encuentros con el primer ministro del Consejo de Estado de China, Li Qiang, y el presidente del Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional, Zhao Leji, segundo y tercero en la jerarquía del Estado y del PCCh.
En los 38 años de relaciones diplomáticas, todos los presidentes uruguayos visitaron la República Popular. Debe haber pocos ejemplos (si los hay) de “política de Estado” como la desplegada con China.
Fue el primer gobierno de Sanguinetti que estableció relaciones diplomáticas hace 38 años con el gigante asiático y firmó el “Memorándum de Entendimiento de Intenciones”, que establecía la cooperación económica y técnica. En octubre de 2016 fue el turno de Tabaré Vazquez, que acordó en su visita de Estado la llamada Asociación Estratégica para fomentar “el continuo desarrollo, la consolidación de la confianza mutua política y la ampliación paulatina de los vínculos económicos y comerciales”. Por último, fue Lacalle Pou quien suscribió con su homólogo Xi Jinping la Declaración Conjunta entre la República Oriental del Uruguay y la República Popular China sobre el establecimiento de la Asociación Estratégica Integral, el nivel más alto en las relaciones que la República Popular otorga a sus países socios. En este proceso “in crescendo” de relaciones Uruguay-China, el presidente Orsi se propuso “la profundización” de la asociación estratégica integral, y el objetivo, tanto para nuestro país como para China, fue plenamente cumplido.
“Algo más”
Sin embargo, y aquí lo que distingue ésta de las visitas de Estado anteriores, Orsi trajo consigo “algo más” que el declarado propósito de elevar las relaciones bilaterales a niveles de cooperación y entendimiento hasta ahora nunca alcanzados. “Algo más” que la “profundización” de la Asociación Estratégica Integral Uruguay-China”, “algo más” que las decenas de acuerdos firmados y la voluntad de avanzar en proyectos de cooperación en áreas tales como industria e inversión, energía y transición energética, agroindustria y seguridad alimentaria, infraestructura hídrica, minería sustentable, gestión de emergencias, asuntos tributarios, aduaneros, logística, tecnologías de la información y comunicación, inteligencia artificial, economía digital, infraestructura ferroviaria y laboratorios conjuntos de investigación.
Orsi llevó en su maleta una posición de política exterior inequívoca y contundente, y lo hizo en el momento más crítico del orden internacional construido después de la Segunda Guerra Mundial. Un momento que Xi Jinping definió como “cambios sin precedentes en un siglo”, y Gramsci, hace casi 100 años, de “interregno”: una crisis profunda donde "lo viejo muere y lo nuevo está naciendo”, provocando "fenómenos morbosos". Una transición inestable entre órdenes mundiales, caracterizada por el colapso de la hegemonía anterior y una alternativa en proceso de construcción, generando gran inestabilidad política.
“El orden mundial basado en reglas se ha desmoronado”, alertó el canciller alemán, Friedrich Merz, inaugurando la semana pasada la 62.ª Conferencia de Seguridad de Múnich, templo del transatlanticismo durante más de medio siglo. “Sobre esta conferencia se cierne un lema sombrío: Under Destruction. Este lema probablemente significa que el orden internacional, basado en derechos y normas, está en proceso de ser destruido. Me temo que debemos decirlo con mayor claridad: ese orden, por imperfecto que fuera incluso en sus mejores tiempos, ya no existe tal como lo conocíamos”, constató el jefe de gobierno de la principal economía europea. Para Merz, el orden internacional basado en normas, en el que Occidente hablaba con una sola voz bajo el liderazgo de Estados Unidos, ha llegado a su fin, y ahora ha regresado la "política de las grandes potencias", con sus "normas duras y a menudo impredecibles".
América Latina mirada desde Washington y desde Beijing
La misión del exintendente canario fue la primera de un presidente latinoamericano después de que la Casa Blanca dio a conocer, el 7 de diciembre, la Estrategia de Seguridad Nacional, y de que el Consejo de Estado de la República Popular, tres días después, publicara el "Documento sobre la Política de China hacia América Latina y el Caribe”.
El primero representa la quinta esencia de la versión Trump.2 del mundo que se propone construir en sustitución del que está empecinado en destruir: un rechazo al papel de las instituciones multilaterales y de las Naciones Unidas, un ataque despiadado al paradigma del liberalismo y el comercio internacional, un rechazo feroz a globalización económica y una revisión de las alianzas estratégicas construidas por los Estados Unidos en las últimas décadas. Para Washington, la institucionalidad que ella misma diseñó y construyó después de la Segunda Guerra Mundial hoy está reñida con sus intereses nacionales, y, lo que es peor, el orden internacional y la globalización han sido la plataforma para la (re)emergencia del gigante asiático como el gran protagonista del teatro planetario.
“Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental y proteger nuestro territorio nacional y nuestro acceso a geografías clave en toda la región. Negaremos a competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio. Haremos valer este ‘corolario Trump’ de la doctrina Monroe”, subraya el documento estratégico que el mismo magnate megalómano bautizó como “Doctrina Donroe”.
“El hemisferio occidental es el vecindario de Estados Unidos, y lo protegeremos”, declaró, Pete Hegseth (antes presentador de televisión, hoy jefe del Pentágono; antes secretario de Defensa, hoy secretario de Guerra) el día que se hiciera público el documento.
En las antípodas, tanto estratégicas como conceptuales, el documento chino el tercero de su tipo luego de los publicados en 2008 y 2016 es la nueva hoja de ruta para “una región que forma parte importante del Sur Global y constituye una fuerza relevante para defender la paz y la estabilidad del mundo y promover su desarrollo y prosperidad”, y que atraviesa una etapa caracterizada por el “beneficio mutuo”.
El libro blanco para América Latina que menciona la palabra cooperación 158 veces reafirma el compromiso de China para impulsar junto con América Latina y el Caribe (ALC) los cinco programas de la solidaridad, el desarrollo, las civilizaciones, la paz y los pueblos, planificar juntos para el desarrollo y la revitalización, y escribir conjuntamente un nuevo capítulo en la construcción de la comunidad de futuro compartido China-ALC.
El texto repasa la trayectoria del desarrollo de las relaciones entre China y ALC, explica las políticas y propuestas de China sobre los intercambios y la cooperación en más de 40 áreas de cara a la siguiente fase, y responde activamente a las necesidades y los intereses de cooperación de ALC en ámbitos como comercio, inversión, finanzas, innovación científico-tecnológica y lucha contra el cambio climático.
Las dos opciones
La doctrina Trump de America First o la Doctrina Xi de una Comunidad de Destino Compartido. Unilateralismo o Multilateralismo. Proteccionismo o libre comercio. La ley del más fuerte o el Derecho Internacional. Junta de Paz (en inglés: Board of Peace) “para asegurar una paz duradera en áreas afectadas o amenazadas por conflictos” o el sistema de Naciones Unidas. Hegemonía o Iniciativa de Gobernanza Global. Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos 2025 o Documento sobre la Política de China hacia América Latina y el Caribe”.
Esa es y seguirá siendo la opción, y de ella dependerá el futuro que nos espera.
Y el Gobierno uruguayo optó: “China celebra la presidencia pro tempore de la CELAC que Uruguay asumirá en el mes de marzo de 2026. La parte uruguaya valora altamente el tercer ‘Documento sobre la Política de China hacia América Latina y el Caribe’, y expresa su disposición a trabajar junto con la parte china para implementar los ‘cinco programas’ de solidaridad, desarrollo, civilización, paz y pueblo, y construir conjuntamente una comunidad de futuro compartido China–América Latina y el Caribe” (Declaración Conjunta sobre la Profundización de la Asociación Estratégica Integral).
“Uruguay aprecia la Iniciativa de la Gobernanza Global propuesta por China y coincide con sus principios fundamentales de defensa de la igualdad soberana, adhesión al estado de derecho internacional y la defensa del multilateralismo, promoción de la atención centrada en el pueblo y énfasis en la acción” (ídem).
“Ambas partes comparten intereses comunes en múltiples asuntos del escenario internacional y regional. En tal sentido, reiteran una vez más su firme apoyo al sistema internacional nucleado en torno a la ONU y al sistema multilateral de comercio centrado en la Organización Mundial del Comercio” (ídem).
"La ONU y el derecho internacional no fueron creados para llevar a la humanidad al cielo, sino para salvarla del infierno", dijo su exsecretario general, Dag Hammarskjold, en la mitad del siglo pasado. Uruguay hizo una opción política, no para ganarse el cielo, pero sí para alejarnos del infierno. Eso fue el “algo más” que se trajo el presidente Orsi de Beijing. “Mucho más” que comercio e inversiones. Lo del título. (FIN)