Todos los políticos y todos los periodistas del Occidente colectivo, casi sin excepción, cada vez que dicen "todo el mundo" se refieren únicamente al Occidente colectivo. Ni siquiera a la mayor parte del mundo. Le llaman "todo el mundo" a 450 millones de europeos, 330 millones de habitantes de Yanquilandia, 39 millones de canadienses y una mitad de los 650 millones del Caribe y América Latina. Total: 1.144 millones, bastante menos de la sexta parte de los 8.000 millones que poblamos la tierra, tendiendo a ser en pocos años menos de la séptima parte y, en rigor, no somos más de los cinco personajes tan a cuento de la obra Home del dramaturgo inglés David Storey, que en Uruguay dirigió Héctor Manuel Vidal, con memorables actuaciones de Mecha Bustos, Rafael Salzano, Juver Salcedo, Lilián Olhagaray y Victor Newbery, y se conoció con el nombre de "Este pequeño lugar".
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¿Por qué mienten? Los oficialistas del imperialismo y sus cipayos, para justificar las crisis concretas de los países que destruyen desde sus gobiernos, ¿hiperinflación?, "como en todo el mundo", dicen; ¿aumento de la desigualdad y de la pobreza?, "como en todo el mundo", afirman. A los opositores, porque carecen de medios alternativos competitivos y tienen la agenda marcada por el enemigo, entonces les está prohibido decir que China, por ejemplo, no es "como todo el mundo", que allí sacaron en estos años a 800 millones de la pobreza, que allí la inflación sigue siendo de una sola cifra anual y baja, porque no pueden parecer pro orientales ni patriagranderos. Se autocensuran para que no los censuren. Si salen del libreto de "como todo el mundo", dejan de ser opositores en la "alternancia".
Para terminar de conformar la totalidad del mundo fake solo faltan algunos eufemismos groseros: le llaman "ética de la responsabilidad" al cagazo de enfrentarse con el imperialismo, cuando lo más irresponsable que puede haber en este momento es el seguimiento al imperialismo. Le llaman "liberalismo" al capital financierista. Le llaman "socialdemocracia" a una deriva que está por fuera de todos los gobiernos influyentes de la tierra.
La socialdemocracia, en tanto aspiración colectiva de multitudes, sigue tan campante por el mundo (a diestra más que a siniestra), de oeste más que a este. En parte porque no todos los partidos comunistas entregaron el nombre original del partido de Rosa Luxemburgo y Lenin, Partido Obrero Socialdemócrata. El propio Lenin defendió el término original a mansalva cuando llamaba "socialtraidores", "socialchovinistas" o "socialimperialistas" a los sedicentes socialdemócratas. Y “puede ser positivo” el secuestro por los yanquis de un presidente de otro país, en caso de que además los yanquis tomen el poder, le llama un presidente del Cono Sur. ¿Milei? No: Orsi. No podría ser peor.
Por todo eso, desde que el mundo no es mundo, cada vez son más las "noticias" que tenemos que chequear y la mayoría resultan ser fake, falsas. Y digo que el mundo no es mundo porque siempre se dijo lo contrario: "Desde que el mundo es mundo", que en latín significa "Caelum, terra, mare et aer, caelumque sivelus; mundus est mundus", incluso cuando el "mundo", sustantivo para los latinos, era un plato orbitado por el sol y América no existía, pero mundus, adjetivo, en latín, significa "limpio". Immundus significa "mugriento".
"La historia mundial es un tribunal que juzga al mundo", decía Hegel, poniendo en tela de juicio si el mundo es limpio o es inmundo, pero aceptando que el mundo es mundo en sentido tautológico, sin recurrir a su homónimo adjetivo, aunque todavía no se hablaba de "mundialización", término que precedió a "globalización" en tiempos de unipolaridad.
Desde que el mundo no es mundo sino compartimentos estancos extremadamente desiguales, la manija corporativa mediática "occidental" (el poder blando en que todavía prevalece USA) es la única ventaja comparativa que lleva la producción de fake news, el imperio de las mentiras. Rápidamente decaen, pero no hay que darlos por vencidos. Siempre les quedan las ojivas nucleares con su doctrina de ataque preventivo.