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PREVENIR NO ES

Covid-19 en el Disco: los que sufren y los que lucran

Los cuatro casos de Covid-19 acontecidos en el Punta Carretas Shopping, hablan a las claras de la indefensión de aquellos que están expuestos diariamente a los contagios y la indiferencia cómplice de los grandes empresarios y las autoridades políticas y sanitarias.

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El Punta Carretas Shopping se encuentra enclavado en Víctor Soliño y García Cortinas, Su emplazamiento tiene prosapia. Se erige sobre la estructura de lo que fue la cárcel de Punta Carretas, un penal erigido originalmente en 1915, constaba de 400 celdas y fue concebido para presos de “alta peligrosidad”. No carece de prosapia, ya que el 18 de marzo de 1931 se fugaron mediante un túnel once anarquistas expropiadores allí recluidos, fuga que sería multiplicada por los 111 tupamaros que se evadieron el 6 de setiembre de 1971.

Restablecida la democracia, en 1986 en horas de la madrugada, aconteció un presunto motín que se saldó con dos muertos y el traslado de toda la población recluida allí al redivivo Penal de Libertad y a otras dependencias. Fue determinante para que en su lugar (geográficamente privilegiado) se erigiera el Punta Carretas Shopping, la presencia del ministro del Interior, Antonio Marchesano, factótum y socio del nuevo establecimiento y presumiblemente, gestor del truculento motín que allanó el camino para su emplazamiento.

Dotado de una moderna arquitectura, se trata de un establecimiento cuyo salón de ventas tiene aproximadamente 3.000 metros cuadrados. Dos pisos por debajo se encuentra el primer vestuario y el comedor, que es compartido por el espacio del estacionamiento. Un piso por debajo se halla el depósito, el entrepiso y en su rededor existe otro piso dedicado a la elaboración de rotisería y de lácteos

El jueves 23 de abril fue detectado el primer caso de Covid-19 en Punta Carretas Shopping, perteneciente al grupo Disco.

La joven afectada era auxiliar de limpieza (integrante de una empresa tercericada) y fue notificada por el MSP mientras se encontraba en su horario de Trabajo.

El 24 de abril el personal del local (entre 200 y 220 funcionarias), la dirección del Sindicato de Trabajadores del Disco (Sintradis) convocó a las trabajadoras a una asamblea, en la que planteó la situación de emergencia en la que se encontraban, al tiempo que afirmó que la empresa había cumplido con el protocolo sanitario.

Luego de verificarse el primer caso se realizó la primera desinfección del local, sin participación de representantes del sindicato. En la asamblea se pidió hisopado para todos, a lo que fueron sensibles los representantes del Sintradis, pero advirtiendo que seguramente la empresa no accediera a la petición. La solución que se dio entonces fue que se testeara a quiénes manifestaran síntomas sospechosos, lo que llevó a que algunos trabajadores manifestaran que si existían más infectados, seguramente la cadena de casos positivos se iba a reproducir. La respuesta fue que se certificaran con sus prestadores de servicio, lo que fue rechazado porque ello implicaba la pérdida de jornales.

Así las cosas, se siguió trabajando normalmente hasta que el 29 de abril se verificó el segundo caso. Esta vez fue en rotisería y de manera significativa la infectada era íntima amiga de la chica de limpieza afectada el día 23.

Ante el segundo caso, se procedió por segunda vez a la desinfección del local y tampoco esta vez el Sintradis supervisó la operativa. Por otra parte, la misma fue sumaria, al menos en cuanto al tiempo que insumió: unas cuatro horas, durante las cuales las operarias aguardaron en la superficie del estacionamiento para retornar al trabajo.

La novedad en este caso fue que dos médicos (que no especificaron su procedencia) dieron una charla a las muchachas y les hicieron completar el formulario al uso, en el que había que consignar si se advertían síntomas anticipatorios de la infección y se les tomó la temperatura. En esa oportunidad, dos chicas quedaron fuera de concurso, ya que una presentaba afecciones cardíacas y otra tenía una tos persistente.

Como el segundo caso se había dado en rotisería, se realizó el hisopado al plantel de la sección y el resultado fue que el 2 de mayo, dos nuevas trabajadoras de rotisería dieran positivo al test, sumando ya cuatro en once días.

Esta vez la empresa se negó a cerrar, argumentando que días previos se había realizado el procedimiento, pero accedió a que el lunes se realizara una reunión tripartita en el MTSS. Sin embargo, el sindicato informó que la empresa no iba a cerrar y que tampoco realizaría tests.

En ese momento apareció la doctora Adriana Pisani, perteneciente al departamento de Salud Ocupacional de la Cátedra de Epidemiología de la Facultad de la Medicina y acordó con el Sintradis que se harían tests aleatorios, porque la empresa se iba amparar en lo que dice la cátedra y no accedería a hacer un hisopado masivo.

De acuerdo a ello, se realizarían tres tests a los funcionario de caja, tres a los de depósito, tres a los de salón, tres a los de lácteos, dos o tres a los de panadería, tres a los de rotisería y alguno a los de rotisería que sobrevivían al primer empuje de la pandemia.

Este esquema de detección se basa en las indicaciones de la cátedra, a la que siempre se pone por delante y se argumenta que en los tests aleatorios se pueden encontrar positivos asintomáticos y se puede localizar el lugar de procedencia del contagio. Podría estar por ejemplo en las cajas, lo que haría presumir el origen del contagio hubiera estado en algún cliente. En caso de no aparecer ningún caso en esa sección y sí en rotisería, se especuló con que el problema podría estar en los escapes o en las tomas de aire de rotisería. Allí se acumula material graso que podría ser aspirado y eventualmente tocado por loas operarias.

De todos modos, los delegados del Sitradi adviertieron que “no logramos abarcar todo el local, pero testeamos en forma aleatoria, a ver si se encuentra algún asintomático”.

Ese esquema sanitario tan organizado cuenta sin embargo con algunas anomalías. Por ejemplo, las empleadas de rotisería y limpieza están en estrecho contacto, en ocasiones intercambian tareas y transitan por el amplio local. Ante la cuarentena de las funcionarias de rotisería, encargadas de las cajas y personal de reposición ocuparon su lugar. Es decir, que en esas condiciones, el foco de contagio se vuelve más ubicuo.

El vestuario es compartido por las muchachas de rotisería y limpieza y en un banco de metro y medio cambian su vestimenta cuatro o cinco de ellas. Otro dato importante es que en el vestuario no se utilizan tapabocas. La empresa los impuso obligatoriamente el 18 de abril, pero el personal de limpieza y rotisería estaba desprovisto de ellos en el período anterior, en el que la emergencia sanitaria ya estaba decretada y en el que el riesgo de contagio era eminente. Por añadidura, los encargados de vegetales y los reponedores casi nunca los usaba.

Otra variable es el comedor, en el que no se usan tapabocas, donde iban y venían las chicas de rotisería, se sentaban a un metro, sin tapabocas y se les servía la vianda en un tupper de vidrio, previamente desinfectado, pero toda esa previsión se desvanecía cuando las comensales debían aglomerarse para lavar el recipiente en una sola pileta.

Otro foco infeccioso son los ascensores, donde a las horas de entrada y particularmente de salida, suben cinco o seis operarias en un pequeño espacio que carece de medidas sanitarias y control.

Luego, las decoradoras, particularmente activas el 30 de abril y que deambulan entre otros locales, como los del Geant (que tienen las oficinas en Portones), los de Devoto y los del Disco. Obviamente este periplo multiplica la extensión de las posibles infecciones.

 

En esas condiciones, las operarias de Punta Carretas Shopping se sienten inseguras y en algunos casos angustiadas. Están a la espera de otros casos y nadie sabe en quién puede recaer el contagio. Tienen el respaldo del Sintradi, pero objetan que se preocupan más por transmitir las decisiones de la empresa que por recoger y defender las demandas del personal.

De las posibles inspecciones del MSP no tienen la menor idea. “Si estuvieron, nadie nos informó de nada”, dijo una trabajadora. Aunque expresan que coinciden con la empresa en negarse a un hisopado general. Sí consignan que en una oportunidad la IM realizó una somera inspección luego de la cual se limitó a aconsejar que se clausuraran los secadores del baño y se sustituyeran por toallitas higiénicas.

Se podría pensar que un gigante empresarial como la cadena Disco podría erogar de su cuenta un hisopado general, pero se niega a ello (y también a cerrar) con el respaldo del MSP.

Es preciso comprender también que se trata de un consorcio que está sufriendo penurias.

 

El 30 de marzo se frustró la venta del Grupo Disco a Golden Sachs (principal accionista de Tienda Inglesa), en una cancelación en la que tuvo mucho que ver la progresión de la pandemia y el incremento del valor del dólar. La operación hubiera implicado un ingreso de 700 millones de dólares, más 300 millones en acciones indirectas.

Es comprensible que en esas condiciones el costo que implicaría la adquisición de kits para realizar hisopado a todo el personal hubiera significado una sangría importante para un grupo económico que cuenta con 25 locales, la mayoría en Montevideo, pero también en la Costa de Oro y Maldonado, sin contr con la incursión en empresas de mediano porte, fueres competidoras de los establecimientos minoristas, como los “Devoto Express”. Tiene para ese intento altruista de seguir dinamizando el mercado interno, el apoyo decidido del MSP y las autoridades de gobierno.

Pero no todas son espinas en esta situación lacerante. El grupo Disco es “una gran familia”. La política empresarial es, desde siempre, tomar personal de zonas periféricas, de manera que se fortalezca la “gran familia” del trabajo intramuros, en desmedro de los vínculos de la comunidad. La mayoría de las operarias viven en lugares distantes, como Santa Catalina, Marconi, Pando y diversos asentamientos. A menudo deben tomar dos o tres ómnibus para llegar al lugar de trabajo.

Por otra parte, ese esfuerzo de ahorro es viable mientras se multiplica el desempleo y la penuria entre los asalariados y los compatriotas sin ingreso fino. Hay multitudes de potenciales empleados disponibles y con el desamparo que cunde, pueden trabajar por salarios menores que los del promedio de 20 mil pesos que hoy ganan los integrantes de la gran familia.

Por último, no llama la atención que el MSP no se tome en serio el problema. Sí preocupa que la central obrera no lo haya jerarquizado como problema central. En cuanto a la autoridad central, hace pocos días admiramos el vigor con que afirmaron que la residencial que era principal responsable del estallido de un foco de Covid-19 sería sometido a un estricto control en el que existiría una intervención “permanente”. Seguramente los tentáculos del Grupo Disco son demasiado extensos y poderosos para proceder a la misma medida.

Postfacio: Pocos minutos después de editar esta nota, nos llega la noticia de que la cadena Disco acaba de proceder al hisopado de todos sus trabajadores. Así, que vaya nuestro reconocimiento a esta medida sanitaria imprescindible. Simultáneamente, nos llega la noticia (aún sin confirmar) que habrían aparecido nuevos focos de Covid-19 en la cadena Devoto.

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