Los datos más recientes revelan una economía en transición, con un crecimiento interanual del PIB del 1,2% en el tercer trimestre de 2025. Sin embargo, se registró una caída del 0,2% respecto al trimestre anterior al descontar efectos estacionales, lo que indica un enfriamiento de la actividad económica. Este escenario anticipa proyecciones para 2026 caracterizadas por un crecimiento moderado, que se espera se ubique entre el 1,9% y el 2,2%. La mayoría de las proyecciones, incluidas las del gobierno, sugieren que el crecimiento para 2026 será igual o ligeramente inferior al de 2025.
Crecimiento del 2%
Los analistas consultados por el Banco Central del Uruguay (BCU) esperan un crecimiento del 2%, que se sitúa por debajo de la meta oficial del 2,2%. Incluso S&P Global Ratings adopta una postura más cautelosa, proyectando una expansión del 1,9% y señalando que el impulso de la inversión seguirá siendo débil.
Los últimos datos del Producto Bruto Interno (PBI) correspondiente al tercer trimestre, publicados el lunes 15 de diciembre, confirman que la actividad económica no ha tenido un desempeño favorable en el segundo semestre. Se reportó una ligera caída en comparación con el trimestre anterior, y el crecimiento en relación al tercer trimestre de 2024 fue apenas superior al 1%. En lo que respecta a lo transcurrido en 2025, de enero a septiembre, el crecimiento se sitúa en torno al 2% – cifras que reflejan una realidad que dista de ser optimista.
Además, el año 2025 ha estado marcado por un descenso inesperado del dólar, un fenómeno que a finales de 2024 no estaba previsto. Esta caída podría tener implicaciones significativas para las exportaciones y la competitividad de la economía uruguaya.
Uruguay se enfrenta a un panorama complejo donde el crecimiento económico es necesario pero no suficiente. Es crucial que se articule una agenda integral que contemple la mejora en la distribución de ingresos y que promueva la inversión y la innovación. Sin estas acciones, la oportunidad de reactivar y dinamizar la economía seguirá siendo un objetivo elusivo. La respuesta a estos desafíos determinará el futuro económico del país en un entorno cada vez más incierto.