Solo cuatro episodios le alcanzan a Una madre perfecta ( Une mère parfaite) para destrozar el mito de la maternidad ejercida con virtuosismo moral y entrega incondicional. Las crisis familiares, los conflictos afectivos, los traumas, los vicios de la familia burguesa idealizada, quedan expuestos en la trama de suspenso de esta miniserie, una coproducción de Alemania, Francia y Bélgica, que está en la lista de recientes estrenos de la plataforma Neflix. Uno de esos títulos que dan para ver, con los condimentos indispensables -pizza, picada, cerveza, refresco-, en una noche de maratón.
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Con base en la novela The perfect mother, de la escritora y periodista Nina Darnton (EE.UU), esta miniserie sigue las peripecias de la compleja relación entre Hélène y su hija Anya, que, tras un episodio sangriento, se va, literalmente, al quinto infierno, arrastrando a la crisis al padre, al hermano menor de Anya, y a otros afectos cercanos.
Con escenas breves, saltos temporales y de locaciones, el primer episodio plantea el disparador de un conflicto latente. Un chico, heredero de una gran fortuna y de un imperio comercial, es asesinado en su lujoso apartamento en París. Alternando con algunos cuadros cerrados del cuerpo rodeado de sangre, se muestra a la temblorosa y angustiada Anya caminando por una calle parisina, a la madre, Hélène, junto a su esposo -un atlético cirujano- y al hijo menor en una celebración íntima en Berlín, Alemania.
Los contrastes dramáticos luego confluyen en una llamada de Anya, en la que le cuenta una versión del sangriento episodio mientras llega al destacamento policial. La fiesta en Berlín se fue al tacho. Todo apunta a un lugar común: la chica golpeada y violada por el chico rico que se siente impune bajo la protección de su poderosa familia; los primeros indicios que la señalan como culpable de asesinato; la policía "diligente" que la retiene; la madre que viaja a París para demostrar la inocencia de su hija; y, poco después, con algunos cambios en el relato de Anya, aparece la figura del dealer como el otro sospechoso, que, para ser fieles a los clisés, es inmigrante, de piel oscura e indocumentado.
Sin embargo, nada es como pinta el clisé. Y no vale adelantar más nada, salvo un detalle no menor: la habilidosa forma de enhebrar la trama para exponer, sin pretensiones de "gran obra artística" pero con oficio para lidiar con los estereotipos de las narrativas de suspenso, las fracturas de la vistosa superficie de la burguesía a la europea, bajo la que pulsa un nudo de conflictos afectivos, sociales, morales, que suelen llevarse puesto todo, o prácticamente todo. Vale la pena esperar al último capítulo -son cuatro, nada más- para confirmar que las abultadas cuentas bancarias, las investigaciones policiales y los fallos judiciales no siempre resuelven los casos.
Esta miniserie tiene como director a Frédéric Garson, el guión fue escrito por Thomas Boullé y Carol Noble, y el elenco está integrado por Julie Gayet, Tomer Sisley, Eden Ducourant, Andreas Pietschmann, Cyril Guei, Sylvain Dieuaide, Maxim Driesen, Emilia Nöth, Halima Ilter, Hatik, Inès Spiridonov, Frédérique Tirmont, Clotilde Mollet.
