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Editorial

Desequilibrada

Por Enrique Ortega Salinas.

El diccionario de la Real Academia Española define a la persona desequilibrada como alguien con “falta de sensatez y cordura, llegando a veces a parecer loca”.

Bianchi no está loca; es, sencillamente, desalmada. Representa fielmente a la ultraderecha y dice lo que otros piensan, pero callan. Como bien expresó Leandro Grille, es “el alma expuesta de la coalición”.

Del Poder Judicial afirma que está infiltrado y que esa es la causa por la que no van en cana más frenteamplistas. La acusación es gravísima, ya que señala un complot entre el partido político más grande del país con jueces y fiscales. Y no lo dice cualquier persona, sino la tercera en la línea de sucesión presidencial, cometiendo el delito de difamación e injurias tipificado en el artículo 333 del Código Penal con el respaldo del artículo 7 de la Constitución de la República.

A los estudiantes que crecieron con el Plan Ceibal, elogiado mundialmente, los tilda de “idiotas informáticos”.

A los senadores Alejandro Sánchez y Charles Carrera los trata de “miserables” y “aprendices de tupamaros”.

Del exintendente y candidato presidencial Daniel Martínez dice: “Me da pena, es un pobre tipo”.

A las autoridades de la Universidad de la República durante la anterior administración las acusó de dirigir una “usina de adoctrinamiento”.

En diciembre, el Frente Amplio planteó en el Senado que se analizaran medidas contra la senadora Graciela Bianchi por desorden de conducta, luego que usara su cargo y poder para realizar un pedido de informes intimidatorio contra una docente que interpeló al presidente durante una movilización.

Delirante, en 2018 dijo a un medio argentino (en el programa de Mauro Viale) que ella era una persona muy prestigiosa en Uruguay (¿?) y que le aportó 500.000 votos (¡¿?!) al Partido Nacional. También aseguró que la CIA le había dado pruebas de que Hezbolá estaba detrás del supuesto homicidio del fiscal Nisman y que presentaría pruebas, cosa que nunca hizo. De paso acusó a Venezuela de cómplice y al Frente Amplio de estar financiado por Irán, dando a entender que su vida corría peligro bajo un gobierno de izquierda, extremo que fue desmentido categóricamente por sus entrevistadores.

Por esto y más, Graciela Bianchi es un peligro, porque imbuida de odios y delirios, tiene el poder de legislar.

 

Bianchi contra Valenti 

Finalizando la primera semana de enero, Esteban Valenti se expresó en Twitter sobre las acusaciones de la senadora Graciela Bianchi contra el Poder Judicial, afirmando que “los fanatismos en política son negativos y sobre todo peligrosos. Graciela Bianchi, agrediendo al Poder Judicial, a los fiscales, a la Universidad de la República; es un verdadero peligro para la política nacional”.

La respuesta de la senadora lacallista no se hizo esperar: “No te contesto porque soy demasiado gente para no recordar que perdiste un hijo; lo peor que le puede pasar a un ser humano. Pero siempre recordá quién soy yo: valgo más por lo que callo que por lo que hablo.”

A ver. Comienza diciendo que no va a responder y en la misma oración responde y genera una montaña de mensajes de repudio; pero antes se autodefine como “demasiado buena gente”. Es increíble el alto concepto que Bianchi tiene de sí misma. De hecho, en la segunda oración de su deposición tuitera, vuelve a su deporte predilecto: vanagloriarse.

Pero lo más trascendente es la mención al hijo de Valenti, fallecido en Argentina el 13 de julio de 2021, pocas semanas después de que muriera su tío. Pablo hubiera cumplido años el pasado 11 de enero; pero se lo llevó la pandemia. Quien en medio de un debate político refriega la muerte de un hijo a su contraparte demuestra una insanía mental por debajo del nivel de las cloacas. Quizá, más que mental, espiritual.

“No pongas algo tan personal como lo que me sucedió con mi hijo y mi hermano en una polémica política. Y no te calles nada”, replicó Valenti.

Ahora, muchas veces (no siempre) he disentido con él; pero jamás se me ocurriría hacer mención de su tragedia familiar en medio de un debate. El mismo criterio lo demostró un tuitero, @elgranvalor, que dirigiéndose a Bianchi comentó: “Después de todo lo que hizo Valenti en contra del FA, lograste que casi todos se pusieran de su lado. No se ha visto nada igual desde que Churchill, Roosevelt y Stalin se juntaron contra Hitler.”

 

Ajedrez demencial

Cuando la conocí, como directora del Bauzá, muchas personas me advirtieron lo que era; pero en ese momento no la vi tan desquiciada. Me equivoqué feo. Su patología se agravó cuando llegó a diputada y llegó al extremo cuando llegó al Senado, ratificando una sentencia atribuida erróneamente a Albert Einstein por algunos y a Robert G. Ingersoll y a Abraham Lincoln por otros, pero que ya había sido expresada por Confucio (Kung fu tzu, 551 a.C.), quien a la vez estaba parafraseando a Pítaco de Mitilene, estadista que vivió entre los años 640 a.C. y 568 a.C., conocido como uno de los Siete Sabios de Grecia. Como sea, “si quieres conocer a una persona, dale poder”. ¿Imaginan lo que sería de nuestro país si a Lacalle y Argimón les sucediera algo y Bianchi tomara el poder?

Sin embargo, lo más preocupante es que si una persona desequilibrada como Graciela Bianchi llega a ser senadora, es porque no solo ella tiene problemas, sino buena parte de la sociedad, que le dio poder a un ser de pocas luces, odio patológico y ego exacerbado. Benito Mussolini llegó a diputado en 1921 gracias al voto popular y fue también el voto popular que encumbró a Adolf Hitler en 1930 hasta que tomó el poder absoluto en 1934, en ambos casos, con un discurso anticomunista. Así que, más allá de varias discrepancias que he tenido en el pasado, hoy no solo me solidarizo con Esteban Valenti, sino que suscribo sus palabras: Graciela Bianchi es un peligro para la democracia.

También es un peligro para Cabildo Abierto, que está cayendo en la trampa de Lacalle. En principio, el partido militar tiene en ella una aliada, por ejemplo, para promover un proyecto de ley para que los represores recluidos en Domingo Arena se vayan para la casa; algo curioso, porque aceptan que expolicías mayores de 65 años retomen la función y patrullen las calles; pero no que a esa edad puedan pagar en la cárcel por sus crímenes abominables. Sin embargo, lo que no advierten los cabildantes es que sus votos ultraderechistas se están yendo como por un tubo hacia el herrerismo, gracias a personajes como el senador Sebastián Da Silva y la misma Bianchi. Idéntica sangría y con la misma estrategia le ha provocado Lacalle al Partido Colorado, salvándose el Partido Independiente, por ser un partido unipersonal, y el Partido de la Gente, que se ha quedado sin gente y, encima, está partido en dos. Cuando Sanguinetti y Manini perciban la jugada, será tarde y sus partidos habrán quedado formando parte del polvillo cósmico del universo electoral. Las próximas elecciones serán entre el herrerismo y el Frente Amplio.

Por eso es que Lacalle Pou deja que la senadora haga lo que quiera. La necesita para fortalecer el ala más derechista del Partido Nacional e ir disminuyendo el poder, paulatinamente y sin que se dé cuenta, a ese socio incómodo cuyo interés supremo es liberar a los violadores de derechos humanos. Hábil ajedrecista, Lacalle Pou se mantiene al margen y deja que sus peones hagan el trabajo sucio.

Es más, mientras ella acapara la atención de los medios, incluido el nuestro, pasan a un segundo plano escándalos como el gasto de 4 millones y medio de pesos que realiza Martín Lema para comprar celulares a funcionarios del Mides. Con los sueldos que ganan, ¿encima tenemos que comprarles celulares? ¿Qué corrección administrativa tiene para ostentar quien dice que se trata de 13 celulares, pero que en realidad no tiene idea de cuántos y pone 13 por poner cualquier cosa? ¡13 celulares son 13 celulares, y punto! Y si Martín Lema pone por escrito que gastan casi 100.000 dólares con esos pocos aparatos, la culpa no es de quienes se escandalizaron en las redes, sino de él, que no está capacitado para ejercer funciones públicas.

Habla Bianchi y la noticia de la renuncia de la directora del Hospital de Ojos, Sandra Medina, que renunció por falta de apoyo de ASSE, pasa por los medios como una estrella fugaz. Habla Bianchi y la noticia del cobarde policía de Tacuarembó que le dio una violenta patada en la cabeza a un detenido, que ya estaba inmovilizado en el piso, queda como una noticia más, cuando debería ser un escándalo y motivo de vergüenza nacional. Habla Bianchi y la visita del líder de Cabildo Abierto al penal de Domingo Arena, en pública solidaridad con los criminales allí recluidos, desaparece vertiginosamente de la lista de temas de interés para los grandes medios cómplices del gobierno. Habla Bianchi y el ajuste de los salarios por debajo de la inflación deja de ser un tema prioritario.

La noticia del mes tendría que haber sido, aparte de la caída de salarios y jubilaciones, la del preso del módulo 10 del Comcar que fue secuestrado, torturado y violado por sus compañeros de celda. El tema tendría que ser la responsabilidad del ministro del Interior en el caso, ya que pocos meses atrás (el mismo día en que Luis Lacalle Pou llegaba a México para hablar de derechos humanos) todo el Uruguay se enteró de que un hombre de 29 años llevaba dos meses secuestrado por otros reclusos, sometido a torturas, vejámenes y privación de alimentos. ¿Qué hizo Heber para evitar que se reiterara algo tan abominable? ¡Nada! Si fuera Bonomi, lo estarían asando a fuego lento. Más no, estos hechos no ocuparán los principales espacios de los medios hegemónicos. Cualquier exabrupto de la mujer barbuda del circo se llevará la atención.

El presidente sabe que la senadora tiene un nivel moral e intelectual deplorables; pero la deja hacer, porque ella hace y dice las cosas que él necesita para robar a sus socios de la coalición los votos de la extrema derecha.

Por un buen tiempo, la Elisa Carrió uruguaya continuará insultando, vociferando, difamando y amenazando. Es su función dentro del partido de gobierno.

Pobre Uruguay.

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