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Editorial gran hermano |

Odebrecht

El gran hermano

Betingo, un discreto auxiliar de cuentas de un casi ignoto banco, el Banco de Andorra, es el protagonista principal de uno de los más gigantescos esquemas de lavado de coimas en la historia

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En Uruguay el nombre de Julio María Sanguinetti identifica a un presidente de la República (dos veces), exdiputado, exministro, exsenador, líder del Partido Colorado, presidente honorario de Peñarol, historiador, abogado, conferencista, publicista y escritor.

Su nombre es reverenciado por sus correligionarios y seguidores y altamente respetado en muchos foros internacionales como un intelectual prestigioso y un político inteligente y astuto.

Semejante trayectoria no merecería ser opacada por travesuras de sus allegados que lo han acompañado toda la vida, pero a las que siempre ha logrado esquivar.

Sanguinetti ha estado muchas veces relacionado íntimamente con vivos, bandidos de diversa estatura y aun delincuentes sin que hayan apagado su brillo personal.

Es un golero al que curiosamente las pelotas le pegan siempre en el palo. También ha sido señalado por haber sido un ministro muy destacado en el tramo muy represivo previo a la dictadura, haber conocido de las atrocidades de los militares golpistas mientras él era ministro sin haberlas denunciado, de haber espiado a los opositores durante su gobierno.

Es evidente que Julio María no le hace asco a nada.

Algunos de sus más allegados han debido pasar por la Justicia, varios han sido imputados, otros han sido condenados, otros la han gambeteado y hay quienes han sido favorecidos por el olvido o incluso por muertes, que ha cerrado investigaciones en curso de final más que previsible.

A vuela pluma recordamos a Salomón Noachas, Benito Stern, Lausarot, Edinson Rijo, el caso Cangrejo Rojo, el cambio Nelson, Francisco Sanabria, su hijo Julio Luis Sanguinetti, hoy vicepresidente de UTE, su secretario privado Ernesto Laguardia, el recientemente ministro de Turismo y hoy diputado Germán Cardoso, quienes son solamente algunos de los lugartenientes de Sanguinetti que han estado en los diarios, no por sus actos patrióticos ni por sus realizaciones gubernamentales, sino por investigaciones de delitos en las que fueron encontrados culpables o no se encontraron las pruebas que confirmaran los más que evidente indicios, o fueron protegidos por los fueros o aún la Justicia está en la etapa de la investigación criminal.

Y esas son solo algunas de las decenas de denuncias penales que siempre le picaron cerca y que tuvieron su momento mediático, pero quedaron en esa tenue y discreta sombra del olvido.

Pero la más escandalosa es la de su hermanastro Betingo. Tanto por su volumen como por su impacto internacional que se extiende por dos continentes y por más de media docena de países.

Betingo, un discreto auxiliar de cuentas de un casi ignoto banco, el Banco de Andorra, es el protagonista principal de uno de los más gigantescos esquemas de lavado de coimas en la historia, las coimas de Odebrecht, la multinacional de la obra pública que sobornó a presidentes, ministros y altos funcionarios en toda América. Por estas coimas se abrieron causas en Panamá, Argentina, Brasil, Perú, Colombia, Andorra y España, en las cuales Betingo ha sido indagado, imputado y en ocasiones condenado por haber sido encontrado culpable y haber cobrado comisiones millonarias.

Pero Odebrecht no fue el único esquema de lavado en el que participó en forma relevante el popular Betingo. También la gigantesca empresa brasileña Camargo Correa habría movido 100 millones de dólares para coimas en Brasil y en el exterior a través del Banco de Andorra y casualmente el encargado de las cuentas de Brasil de dicho banco era el mismísimo Betingo Sanguinetti.

La historia de Betingo no termina aquí. En los últimos cinco años ha sido extraditado, ha sido hallado culpable, ha sido buscado por Interpol, ha estado preso, ha pagado fianzas, ha tenido que usar tobilleras para evitar su fuga, se restringieron sus movimientos y se le ha extraditado. Hoy mismo se le requiere desde Panamá por las mismas u otras causas. Este muchacho parece tener siete vidas y un gran hermano.

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