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Editorial vuelta | electoral | internas

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La vuelta 0

Este domingo inicia el proceso electoral que culminará con la elección del nuevo gobierno nacional que asumirá el primero de marzo de 2025.

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Esta primera instancia de elecciones internas nunca ha sido extremadamente convocante, quizá porque la democracia uruguaya es una democracia más bien de partidos que de adhesiones personales, además de ser la única instancia voluntaria de nuestro sistema electoral.

En cierto modo, es muy bueno que la sociedad uruguaya se fije menos en nombres que en partidos políticos, porque más allá de énfasis, estilos y características de los candidatos y candidatas que compiten, el trazo grueso de los proyectos se dirime en la elección de los grandes lemas y no en la elección de sus dirigentes, representantes o competidores.

Dicho esto, también es muy bueno que las diferentes sensibilidades que conviven en la sociedad puedas elegir quién le gustaría que encabezara la fórmula de los partidos a los que pertenecen o por los que sienten especial simpatía o adhesión. Es selección definitiva entre un grupo más amplio de postulantes asegura, de algún modo, que por cada lema compita la expresión más competitiva y, por cierto, más representativa de la voluntad de los militantes, en particular del núcleo amplio de los más cercanos, que son los que seguro irán a votar llueva, truene o haya temperaturas bajo cero como se está pronosticando.

El próximo lunes ya se conocerán las fórmulas de las expresiones principales y comenzará el partido más importante: octubre, cuando se elige el parlamento y, eventualmente, se elige o se perfila muy decididamente el próximo titular del poder ejecutivo. Hasta ahora, se asume que en el Frente Amplio y en el Partido Colorado hay un final abierto, aunque las encuestas marquen preferencias más o menos sostenidas a lo largo de toda la campaña. La incertidumbre radica en la dificultad para estimar el comportamiento de la parte de población que va a votar efectivamente el próximo domingo. Que no es toda, ni siquiera es la mayoría y que no tiene el mismo comportamiento promedio del universo de electores. El votante de la interna suele ser un votante mucho más comprometido e interesado en la política, mucho más definido y, en general, un adherente mucho más puro y orgánico que el ciudadano medio. Por lo tanto, su comportamiento suele parecerse más al de los militantes que al de los simpatizantes, ser más definido, menos moderado y, sobre todo, menos sensible a las campañas publicitarias y menos proclives a decidir a último momento. Tiende a ser un voto expresivo y orgánico.

Ese comportamiento del electorado militante es lo que puede provocar que candidatos con más estructura, pero con mucho menos publicidad y menos recursos, como, pongámosle, el sanguinettista Tabaré Viera, le puede hacer fuerza perfectamente a candidatos del Marketing como Andrés Ojeda, aunque Ojeda haya gastado un dineral y tenga la bendición de las encuestadoras en una interna como del Partido Colorado, cuya magra intención global de voto hace de por sí muy difícil cualquier pronóstico serio.

Todo sugiere que en el Frente Amplio, la fórmula va a estar integrada por sus dos principales candidatos, aunque sea la elección la que defina el orden y que el Partido Nacional tiene un candidato seguro a la presidencia de la República, en la figura del secretario general de la presidencia de Lacalle Pou, Álvaro Delgado. También es un hecho que Guido Manini va a encabezar la propuesta de Cabildo Abierto. Quedan entonces pocas cosas que dirimir en términos de nombre, pero está claro quiénes son los únicos que tienen chance de llegar a una segunda vuelta en el caso conjetural de que haya segunda vuelta. El Frente Amplio va a ganar la elección de octubre, porque sigue siendo por lejos la primera fuerza política del país, pero una cosa es ganar y otra distinta es tener mayoría parlamentaria y, más aún, ganar en primera vuelta.

En esta elección interna se elegirán entonces los responsables de conducir la competencia principal entre izquierda y derecha, entre el Frente Amplio y la punta de lanza del proyecto oficialista y conservador que hoy lo representa el Partido Nacional. Importa poco la cantidad de votantes que tenga cada partido político. Importa seguramente hacia la interna, pero la competencia en esta elección no es entre partidos sino a su interna, por lo que el orden de votantes no nos va a decir nada de lo que sucederá en la justa obligatoria de octubre. Con todo, siempre es mejor que vote mucha gente a que vote poca, porque eso brinda la tranquilidad a todos de que la legitimidad de los candidaturas es indiscutible y porque siempre es bueno que la gente vote y vote masivamente. La participación masiva la da sentido y solidez a la democracia y una democracia con muchos votos desalienta cualquier clase de aventurerismo y restringe el margen para la aparición de bestias como Javier Milei u otros personajes que crecen en el descrédito, la frustración y se alimentan sólo de la indignación y el odio.

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