Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.

ASOCIARME
Editorial malo | búsqueda | 50 años

50 AÑOS DE BÚSQUEDA

Lo bueno, lo malo y lo feo

Búsqueda nació en 1972, No fue un nacimiento casual, ni fue el espíritu santo ni el resultado del desliz de una pasión desenfrenada. Búsqueda fue creada para apoyar el gobierno autoritario de Pacheco Areco y a su delfín que acababa de asumir, Juan María Bordaberry

Suscribite

Caras y Caretas Diario

En tu email todos los días

En estos días se festejan los 50 años de Búsqueda. Es una conmemoración destacable porque el cumpleaños de un medio de prensa de papel en el curso de la crisis de la industria gráfica es un acontecimiento feliz que nos involucra a todos los editores de la prensa escrita y sobre todo al público que merece informarse desde muchas vertientes ideológicas y sobre todo, informarse más y mejor. Lo es más porque su calidad periodística es muy apreciada por el lector y por el sistema político y porque ha sido una escuela de periodistas en la que se han formado destacados profesionales de nuestro medio y muy buenos y algunos muy malos compañeros.

El lector no ignora que hemos discrepado muchas veces con el mencionado semanario y con sus distintos editores, aunque Búsqueda ha cambiado de propietarios y autoridades varias veces.

Sin embargo, su cumpleaños es también para nosotros un cumpleaños feliz.

Reflexionando un poco y para evitar protocolos vacíos, los últimos 37 años, son en verdad, lo único festejable, aunque lo hagamos con prescindencia de su posición editorial, siempre a favor de los factores y clases dominantes en nuestro país y en la escala internacional.

Los primeros cuatro años de Búsqueda los viví en la clandestinidad, literalmente a salto de mata.

Lo que recuerdo de Búsqueda en esos años de dolor, represión, recorte de libertades, torturas a los compañeros y lucha, es particularmente deplorable, con agachadas, complicidad, traición y todo lo demás.

Los otros diez los viví en el exilio y lo que tengo de Búsqueda son referencias odiosas y lecturas de recortes que llegaron a mí de mil maneras y archivos leídos con vocación de historiador, como expresión de lo peor de lo que se ha llamado “el pasado reciente”.

Esos 13 años de Búsqueda, los tres que viví desde la clandestinidad y los 10 que viví en exilio, deberían olvidarse si el olvido no fuera también una claudicación.

Búsqueda nació en 1972, No fue un nacimiento casual, ni fue el espíritu santo ni el resultado del desliz de una pasión desenfrenada. Fue creado para apoyar el gobierno autoritario de Pacheco Areco y a su delfín que acababa de asumir, Juan María Bordaberry.

Después apoyó a la mismísima dictadura militar, convirtiéndose, junto al diario El País, en los soportes periodísticos e intelectuales del gobierno de facto.

Ambos medios se constituyeron en el pulmón del apoyo a la política económica del régimen cívico-militar, apuntalando en forma permanente a sus teóricos y a sus ministros de Economía y profetas del neoliberalismo fundado en Mont Pellerin, los señores Végh Villegas, Ramón Díaz, Valentín Arismendi y José Gil Díaz.

Para recordar su notorio apoyo a la dictadura, bastaría con difundir el editorial que publicó el semanario Búsqueda a los tres años del golpe de Estado, en junio de 1976, cuando calificó al golpista Bordaberry como un mandatario con “exaltadas virtudes, que sirvió a la República con valor y con auténtica estatura de estadista”.

Era en esos días en que Búsqueda festejaba los tres años del golpe de Estado, que la maestra Elena Quinteros era secuestrada en la Embajada de Venezuela y luego desaparecida y asesinada después de haber sido sometida a terribles e inenarrables tormentos.

Tal vez el editorial fue escrito el mismo día de su secuestro y muerte, cuando yo estaba asilado en el interior de la embajada escuchando los gritos de desesperación de esa heroína emblemática y cuando horas o días más tarde Elena moría en la tortura con el corazón abierto y la boca cerrada.

En noviembre de ese mismo año, cuando las cárceles estaban repletas de compatriotas y los cuarteles llenos de hombres y mujeres torturados, cuando ya se sabía de desaparecidos y muertos en la tortura y no quedaba libertad sin ser avasallada, literalmente ahogada en sangre de hermanos, el editorialista de Búsqueda escribía que “es preciso esperar más para el retorno a la democracia para evitar consecuencias desfavorables para el interés nacional, presumiblemente de igual índole que las que produjeron nuestra reciente crisis institucional ”.

Y pese a las torturas, los asesinatos, el robo de recién nacidos, los hurtos, el latrocinio, la corrupción, las desapariciones, Búsqueda siguió apoyando al implacable terrorismo de Estado (así con mayúscula para que no nos olvidemos en estos tiempos en que los chiquilines tendrán que estudiar historia en los apuntes de Julio María Sanguinetti).

Cuando promediaban los años de la dictadura, ya habiendo entrado en los esperanzadores años de la década del 80 del siglo pasado, a pocas semanas de la gesta popular del plebiscito contra la tiranía, el semanario Búsqueda, en diciembre de 1979, insiste en su impúdico apoyo, afirmando que “el Uruguay de hoy no es una tiranía y el gobierno posee una legitimidad real basada en el consentimiento popular y este consentimiento se debe a las virtudes que exhibieron en un momento crucial para el país”.

Leído hoy, valorando en el contexto de una dictadura cruel y apátrida, esto es un aporte invalorable para una crónica de la cobardía, leído en los días en que fue escrito es nada más y nada menos que la prueba de la complicidad.

Nadie, ni siquiera en el altar del marketing, debería omitir una mirada retrospectiva si en su historia cuenta con tan deplorable pasado ni beneficiarse de esa relativa impunidad que brindan el olvido y el paso del tiempo.

Hasta aquí, ya habían pasado ocho años de su nacimiento; no hay motivo para apagar las velitas.

Uno miraría ese pasado con más consideración si al menos se expresara arrepentimiento para poder recibir los honores de la democracia a la que ayudó a derrotar.

También creo que la expiación no estaría completa si su exdirector y su principal comandante durante muchos años, Danilo Arbilla, no acompañara ese acto de constricción del semanario del que fue importante accionista y director.

Disimulado entre las páginas editoriales de El País, Arbilla sigue procurando dar línea a la derecha como hace 50 años.

Continúa, hipócrita, recibiendo premios a su defensa de los derechos humanos.

Lo hace sin realizar su mea culpa, como si la memoria fuera un factor ausente.

Danilo Arbilla no merece tanto olvido porque el pasado de Arbilla contamina.

Acompañó a la dictadura durante varios años en el importante cargo de confianza de director de Prensa de la espuria Dinarp.

Pudo haberse arrepentido después del plebiscito del 80, en el que los golpistas fueron derrotados y no lo hizo.

Asumió el mayor cargo periodístico en el semanario Hoy, el de editor general, siendo este periódico un órgano al servicio del general golpista Gregorio Álvarez.

Esa publicación, en sus números 32 y 33 de 1981, en sendos editoriales titulados “Defendiendo el proceso” y “Señor presidente”, explicaba que “el pueblo estaba necesitando desesperadamente tener un líder o conductor que le restituya la confianza, le inspire seguridad y le marque con claridad el camino del desarrollo”.

Para ese cargo de “mesías” la revista editada por el que después fuera director de Búsqueda sugería dos opciones para dictador o presidente sustituto indistintamente, o al general Álvarez o a Jorge Pacheco Areco, quien había apoyado la propuesta militar del SÍ contra el NO en el plebiscito de la dignidad nacional.

Sobre el dictador se pronunció sin vacilaciones: “Es nuestra opinión que en el presidente Álvarez se conjugan excelentes condiciones ciudadanas y de soldado, a las que se suman las de un nato estratega y hábil negociador. Pero por sobre estas condiciones priman una profunda convicción de civismo y un acendrado amor a la patria”.

Y sobre Pacheco, anticipándose a una apertura electoral, por si acaso, buscando el continuismo autoritario, dijo la revista Hoy: “Hoy un Pacheco desproscripto es la figura más importante del Partido Colorado, de cara a su futura institucionalización”.

Pese a todo lo publicado, el futuro director de Búsqueda seguía sin dar ninguna muestra de arrepentimiento y estábamos en la recta final de la derrota de la docena infame.

Hasta aquí tampoco hay nada que festejar.

Restaurada la democracia tampoco manifestó arrepentimiento ninguno.

Entrevistado por el diario El Observador, Danilo Arbilla reveló: “Tuve la oportunidad de dejar mi cargo de director de Difusión y me quedé”, sin que en esa entrevista pronunciara palabra alguna de dolor o justificación. Y más adelante tuvo la osadía de afirmar que “en ese período de gobierno (no se animó a decir dictadura) todo no fue tan malo”.

Es por eso que felicitar a Búsqueda por sus 50 años, donde su director Arbilla jugó un papel central en el periodismo de la dictadura, que fue el régimen que más periodistas encarceló, torturó y asesinó, es algo que nos hace vacilar y pendular entre sentimientos contradictorios. No sería así, si no faltara la catarsis del arrepentimiento.

Es verdad que Búsqueda no es esa Búsqueda que desenmascaramos y que en los últimos 37 años ha realizado su contribución a esta sociedad en la que vivimos y a la convivencia y la democracia política.

También es cierto que ha cambiado de propietarios más de una vez y que se han sucedido editores y directores que han sido partícipes de la sociedad plural, tolerante e informada que procuramos construir.

Esa es la Búsqueda que nos alegra que cumpla años, más allá de que periodística y políticamente la consideramos un adversario.

Nos duele, no obstante, el inexplicable olvido y el perdón sin que los victimarios lo pidan, de una parte de la sociedad civil, que sin ser de izquierda alberga concepciones democráticas.

Es posible que muchos ignoren ese pasado que no es tan remoto o que no experimenten el mismo dolor y la misma sensibilidad que tenemos los que leíamos los editoriales de Búsqueda mientras llevaban presos, torturaban y mataban a los compañeros.

Es natural y racional que todos quisiéramos vivir en un país habitable y civilizado sin odios entre compatriotas.

Pero no comprendo a quienes han optado por el olvido y premian con el aplauso y las felicitaciones a quienes no lo merecen y sin exigirles por lo menos las disculpas que deben a las víctimas por su cobardía o su complicidad.

Recientemente, Búsqueda tiene nuevos propietarios y accionistas. Es posible que, ignorando o menospreciando ese pasado repudiable, los nuevos dueños se sientan obligados a creer que son parte de una gesta heroica como lo es la difícil empresa de hacer perdurable un medio de comunicación.

Ellos tienen la oportunidad de revisar ese pasado lamentable y ser fieles a las convicciones democráticas que aparentemente compartimos la inmensa mayoría de los uruguayos. Aun siendo adversarios y con distintas visiones y opciones de futuro nos alegraremos de esta conmemoración.

Si es así, todos lo vamos a aplaudir y a festejar sin reticencias.

Dejá tu comentario

Forma parte de los que luchamos por la libertad de información.

Hacete socio de Caras y Caretas y ayudanos a seguir mostrando lo que nadie te muestra.

HACETE SOCIO